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Alejandro Guillier, ex candidato presidencial:

"Nos faltó dar garantías de gobernabilidad. Teníamos un buen programa, pero con una coalición dividida no logramos que la gente nos creyera"

domingo, 29 de abril de 2018

Waldo Díaz
Política
El Mercurio

El senador aborda en detalle las razones por las cuales cree que fue derrotado en la elección presidencial, hace cinco meses, y se refiere con una mirada crítica a los dilemas que enfrentan la centroizquierda y los partidos de la ex Nueva Mayoría. De Soledad Alvear dice que "habla como si no tuviera nada que ver con lo que ha pasado".



Han pasado cinco meses desde la severa derrota que le propinó Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales. El senador Alejandro Guillier camina por el Paseo Bulnes y se detiene al menos en nueve ocasiones mientras se traslada dos cuadras hacia el sur, con La Moneda a sus espaldas. Parte de los transeúntes lo reconocen, se le acercan, lo saludan. Los más entusiastas le piden que vuelva a competir. Guillier sonríe. En el trayecto cuenta que descansó todo febrero, principalmente en su casa de la comunidad Ecológica, en Peñalolén. Más tarde se referirá a los dilemas de la centroizquierda, la instalación de Piñera y, sobre todo, a las razones de su sonoro revés electoral. El senador explica a continuación cómo, a su juicio, los partidos tuvieron una responsabilidad central en el resultado.

-John Kennedy decía que el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. ¿Cuán solo se ha sentido después de la elección del 17 de noviembre?

-Hay siempre una diferencia en cómo reaccionan las cúpulas y la gente común. La gente es cariñosa, pero las cúpulas están golpeadas: la elección marcó el fin de la coalición más trascendente en la historia republicana de Chile. Esta coalición ayudó a cambiar el país, pero llegó el momento de repensarse. Lo que está pasando es normal después de una derrota: los partidos se van hacia adentro, revisan sus planteamientos, ven qué cursos de acción van a seguir. Era esperable este escenario. De todas formas, en el Congreso hay bastante amistad cívica. Llegó gente nueva y estamos tejiendo relaciones. Hemos hecho especial vínculo en la DC, con Ximena Rincón, Yasna Provoste, con Francisco Huenchumilla, y con Ximena Órdenes (PPD), con muchos disputados, incluso con los del Frente Amplio hemos empezado a hacer algunas cosas.

-¿Su relación con la ex Nueva Mayoría quedó quebrada irremediablemente después de la elección?

-La relación de los partidos conmigo es la misma que tiene un partido con un senador de otro partido. El presidente del Senado, Carlos Montes, está haciendo un esfuerzo por mantener unido a lo que fue la Nueva Mayoría, por lo menos a nivel de coordinación. Está jugando un rol importante.

-¿Por qué no participa en las reuniones de senadores de la ex Nueva Mayoría?

-Más bien al revés. Antes no participaba porque almorzaba con los radicales los martes, pero voy ocasionalmente a la reunión con los senadores porque se necesita algún tipo de coordinación. He ido un par de veces, pero no soy un habitual. Mantengo mi independencia.

-¿Cuán complejo fue para usted relacionarse con los partidos durante la campaña?

-Lo que pasa es que chocaban dos lógicas. Estaba la política y yo que actuaba con criterios más de lógica ciudadana. Muchos no entendieron a qué me refería: era devolverle la política a la gente. Trataba de decir que había que construir esas redes entre la gente. Esta semana estaba conversando con un grupo de sindicalistas; muchos de ellos militaban en los partidos y se quejaban de que en la campaña los partidos no los habían convocado, no les habían asignado tareas, y cuando trataron de meterse un poco los desvió. Me la voy a jugar para que los ciudadanos participen activamente en política. Cuando recorro el país me reúno con organizaciones sociales. Son ellos los que están sintiendo el vacío de poder.

-¿Qué responsabilidad tienen los partidos en la derrota?

-La derrota es porque había un desgaste natural de la coalición. Nosotros hemos estado más de 30 años. Nunca estuvo en el pensamiento de quienes trabajaron por el No gobernar prácticamente cuatro gobiernos seguidos. La gente empezó a percibir la distancia. Insistí en que lleváramos una lista parlamentaria, pero los partidos querían medirse, mostrar cuál era el peso de cada uno y no valoraron que la unidad les daba más representación. Está el caso de Soledad Alvear. Ella tiene un gran liderazgo, es una persona que respeto mucho, pero al irse de su partido habla como si no tuviera nada que ver con lo que ha pasado. La tesis de ella ganó en la DC: el camino propio. Entonces, quién se hace cargo de las decisiones que toma. Valoro lo que ella ha hecho, creo que hay coraje, pero espero que se asuma que la política es competencia, que los debates son frente a los ciudadanos, que la disputa por parcelas de poder no es la salida.

-¿Ha faltado una autocrítica de Soledad Alvear y de Gutenberg Martínez en la crisis de la DC?

-Claro, si la tesis de ellos fue la que ganó en la DC y fueron por el camino propio. El resultado fue decepcionante, pero asúmanlo. Hasta aquí los ciudadanos no están viendo un debate ideológico: no saben qué ideas los diferencia. Lo que se ve es una lucha de facciones de poder y un reacomodo de grupos de poder.

"El candidato tenía que estar llenando vacíos"

-¿Y qué responsabilidad tiene usted en la derrota?

-Lo primero es perder. Nos faltó capacidad de dar garantías de gobernabilidad a la gente, dar certezas. Teníamos un buen programa, pero con una coalición dividida no lográbamos que la gente nos creyera que íbamos a mantener unida a la coalición. Ahora, hay que reconocerlo, fue una campaña que no se preparó durante cuatro años, como había sido la tónica en las últimas elecciones. Nosotros prácticamente nos hicimos cargo de una situación que estaba haciendo crisis, una coalición que no se atrevió a medirse en primarias. Entonces, es difícil que un independiente venga a ordenar a los partidos, pero era mi responsabilidad haber hecho un mejor esfuerzo.

-¿No cree que usted interpretó mal lo que ocurría en la sociedad chilena: cuán a la izquierdizada estaba, cuán profundas eran las reformas que demandaba?

-Lo dijo Manuel José Ossandón con mucha claridad: a Bachelet se le van a reconocer los méritos en la historia en el largo plazo. Las reformas son las correctas. Es la forma de hacer política es la que está haciendo crisis, muy cupular. Existía la expectativa de que llegaba Bachelet a La Moneda y ese 11 de marzo comenzaban los cambios. Y los cambios son difíciles, estructurales. Nos faltó más participación ciudadana en las reformas. En la reforma a la educación, el profesor se tiene que sentir el gran protagonista del cambio, no los funcionarios del ministerio. Hubo temas que se nos escaparon: la reforma previsional es una urgencia, requiere cirugía mayor. Se debía transmitir con más claridad nuestro punto de vista y en parte no era tan claro porque la coalición no tenía consenso en esos temas. Si yo decía nueva Constitución, había sectores en nuestro bloque que no estaban por una nueva Constitución, querían solo reformarla. Lo mismo con las AFP. Entonces, el candidato tenía que estar llenando los vacíos.

-¿Le faltó experiencia política para cuadrar al conglomerado detrás de su candidatura?

-No sé si faltaba experiencia, porque precisamente la experiencia que prevaleció fue la que estaba desgastada. Más bien al revés: había, y aún es imprescindible, que cambiar las formas de hacer política.

-Sergio Bitar, estrecho colaborador de su campaña, escribió "que en la segunda vuelta se buscó ampliar su base para atraer votos de Beatriz Sánchez, se realizaron propuestas improvisadas, el CAE, y declaraciones inapropiadas como 'introducir la mano en el bolsillo de los poderosos', que produjeron confusión y que lograron que el temor movilizara a los indecisos". ¿Cuánto coincide con ese diagnóstico?

-El análisis de don Sergio es válido. Cometimos errores producto de esto mismo, pero eso no es solo el candidato. Como coalición no había ninguna posibilidad de amarrar nada. Entonces se reflejan los errores, donde también están los míos, en la falta de definición en muchas materias. Por eso que la clave es cuando tú no tienes vocación de unidad para trabajar los temas, cuando no construyes junto a tus bases democracia, participación, es difícil construir un proyecto colectivo. Es parte de las carencias que tuvimos en la campaña. Por algo perdimos.

-Usted habló en la campaña de introducir la mano en el bolsillo de los poderosos.

-Sí, por supuesto, errores uno comente, no forzados. Fue una frase muy desdichada, pero el punto que estaba poniendo es que todos tenemos que pagar impuestos. No se puede mirar el pago de impuestos como algo que daña la economía. Impuestos excesivos, cantidades altas, te creo. Pero pongamos impuestos razonables, que den utilidad.

-¿La izquierda se quedó sin discurso?

-El programa nuestro si alguien lo revisa...

-Después de la elección.

-Los partidos están analizando su sentido e identidad. Nosotros tenemos que conducir una globalización que deja ganadores y perdedores. Qué pasa con los perdedores, qué decir frente al empleo, al mercado del trabajo. Necesitamos conducir a la gente que confía en nosotros en la solución de sus problemas que son prácticos. La misma seguridad ciudadana o la calidad en la educación. Esos son los temas del progresismo, pero la ciudadanía desconfió de que la misma élite siguiera gobernando, ahí estuvimos débiles. Hicimos el trabajo abajo, a la calle le hacen sentido las cosas que percibieron. Salgan a la calle los que dirigen los partidos y conversen con la gente. Ahí está la solución: esto no es ni más izquierda ni más derecha, es ciudadanía.

"No esperaba el resultado"

-¿Le sorprendió que Piñera llegara al 54,57%, superándolo por casi diez puntos?

-No lo esperaba. Creía que estaba muy parejo, muy difícil, pero fue más de lo que se calculaba, sin duda. Pensábamos que teníamos opciones. Ahora, hubo una campaña subterránea en las redes que fue mortal. Igual que en Estados Unidos, con el fenómeno Trump, esto de "Chilezuela", que era falso. Lo mismo el narcotráfico: levantaron que tenía vínculos con el narcotráfico. ¡No me he fumando un pito de marihuana en mi vida, qué vínculos voy a tener con el narcotráfico! Fue una campaña que se tiró por un canal público, TVN, y que al día siguiente nunca más se habló del tema.

-¿Es efectivo que el PR ya lo notificó de que su cupo senatorial lo va a ocupar una diputada en la próxima elección?

-Almuerzo con los radicales todos los martes y no he visto ningún cambio. Hay muy buen ambiente. Muchos dirigentes de base me han invitado, pero he decidido no ir. No porque esté distanciado, sino porque no me parece conveniente que esté recorriendo las bases radicales mientras ellos están en un proceso electoral. Eso no es enfriamiento, es prudencia. Los partidos están bajoneados, un poquito de decepción todos tenemos, pero pasada la penita hay que ponerse a trabajar. Somos oposición y tenemos que jugar un rol contributivo.

-¿Por qué no asumió un rol en la crisis de la ex Nueva Mayoría tras la elección, si usted fue el candidato que los representó?

-Hay que dejar que los partidos primero arreglen sus asuntos internos. Yo soy independiente, no soy militante de un partido. Y además ellos mismos han dicho que ya como Nueva Mayoría no se reúnen. Entonces, no me corresponde jugar ese rol. Mi rol es como independiente progresista y es mostrar un camino. Yo me estoy reuniendo con sindicatos, voy a juntas de vecinos, sigo conversando con clubes deportivos. Entonces, cómo uno ayuda, cómo lidera: con el ejemplo. Los liderazgos no son solo discursivos. Porque si me pongo a discutir, voy a estar haciéndolo con las cúpulas. La ciudadanía está pasando a toda velocidad por el lado. Sale un millón de chilenos a la calle a decir No+AFP y los partidos no saben qué decirles. ¿Qué voy a hacer dentro de los partidos?

¿Candidatura presidencial?

-¿Va a repostular al Senado?

-Faltan tres años para decidir y cuatro para que sea la elección. Precipitarse ahora respecto de qué es lo que uno va a hacer es apurarse mucho. Ahora, ser parlamentario no es lo único que hay en el mundo. Soy partidario de limitar las reelecciones.

-¿Descarta volver a ser candidato presidencial?

-Cuando está a tres años y se pone a discutir eso... Es ciencia ficción, sería transformar mi actividad política como un objetivo personal: yo quiero llegar a tal lugar. No, uno tiene que estar donde la ciudadanía lo necesita. La ciudadanía te da señales, pero no es un objetivo.

-¿Y si la ciudadanía lo necesita como candidato?

-Se verá si eso ocurre y en el momento que ocurra se tomarán las decisiones. No voy a hacer de mi desempeño senatorial un trabajo para ser nuevamente reelecto o postular a una presidencial. No es ese mi objetivo.

-El tema es si usted estaría disponible.

-En tres años más podemos conversar y te puedo dar respuestas ciertas, pero de verdad encuentro que ahora estar anticipándose a un escenario que es la ciudadanía la que va a resolver... uno tiene que hacer su trabajo no más y estar disponible a donde se necesite, que es distinto.

''Nosotros prácticamente nos hicimos cargo de una situación que estaba haciendo crisis, una coalición que no se atrevió a medirse en primarias".

''Hubo una campaña subterránea en las redes que fue mortal. Igual que en Estados Unidos, con el fenómeno Trump, esto de 'Chilezuela', que era falso".

''Me la voy a jugar para que los ciudadanos participen activamente en política. Cuando recorro el país me reúno con organizaciones sociales. Son ellos los que están sintiendo el vacío de poder".

''La elección marcó el fin de la coalición más trascendente en la historia republicana de Chile. Esta coalición ayudó a cambiar el país, pero llegó el momento de repensarse".


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