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Preparativos para el "cara a cara" con los obispos:

Se inicia la cuenta regresiva del "Cónclave" que el Papa Francisco tendrá con la Iglesia chilena

domingo, 29 de abril de 2018

María Soledad Vial
Reportajes
El Mercurio

No han preparado un texto común de la Conferencia Episcopal; sí algunos obispos llevan escrita una reflexión personal sobre la "emergencia espiritual" que Francisco impuso a la Iglesia chilena. Obispos auxiliares encabezan apuestas para el recambio en diócesis que queden vacantes.



Este viernes, en Roma, comenzó la cuenta regresiva para el "cónclave", el esperado "cara a cara" que el Papa sostendrá con los obispos chilenos en el Vaticano dentro de 15 días más. Por separado, las tres principales víctimas del caso Karadima que han liderado las críticas a la jerarquía católica chilena y al mismo Papa -quien dijo que eran "calumnias" en enero-, por la designación del obispo Juan Barros en Osorno, comenzaron a reunirse con el Pontífice en Santa Marta, la residencia ubicada en los jardines vaticanos, donde vivirán con él hasta mañana lunes.

Los ojos del mundo están puestos tanto en este encuentro único como en la reunión posterior que Francisco tendrá con los 31 obispos chilenos confirmados al cierre de esta edición. Todo en este caso ha sido inédito, nos comentan desde Roma. Desde la invitación papal al comunicado oficial del Vaticano confirmando la cita con Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo -víctimas con nombre y apellido, algo nunca visto anteriormente-, marcan un procedimiento completamente distinto y que, aseguran, sentará precedentes en el pontificado de Francisco que enarboló como una de sus banderas más fuertes la lucha contra los abusos de religiosos.

El Papa se juega mucho en la forma que resuelva el caso de la "Irlanda del sur", como lo ve la prensa acreditada en el Vaticano. Varios de ellos presenciaron la cerrada defensa que el Papa hizo de Barros en Iquique, durante su visita a Chile, y recogieron posteriormente la intervención del influyente Sean O'Malley, el arzobispo de Boston que en enero salió en defensa de las víctimas de Karadima, marcando el vuelco en la posición de Francisco.

31 obispos confirmados

Ese interés lo palparon los chilenos que hace pocos días visitaron Roma, para participar en un seminario dirigido a comunicadores católicos que cada dos años imparte la Universidad de la Santa Cruz. Inusualmente grande, el grupo fue centro de atención y recibió múltiples preguntas de vaticanistas y periodistas de todo el mundo sobre el momento que vive la Iglesia chilena.

El encuentro de Francisco con las víctimas finalizará mañana, casi al mismo tiempo en que los primeros miembros de la Conferencia Episcopal chilena comiencen a aterrizar en Roma. Aunque cada uno gestionó su viaje, el grueso de los obispos llegarán en dos grupos; el jueves 10 de mayo, los primeros, y los otros, el viernes 11. También alojarán en dos grupos durante la semana que estarán en Roma; la mayoría lo hará en la Casa del Clero, en la Vía della Traspontina -a pasos de la plaza de San Pedro- y otro grupo más reducido lo hará en Santa Marta, la hospedería de 129 habitaciones donde vive el Papa, dentro de los jardines vaticanos.

Aunque hasta ahora han confirmado su presencia 31 prelados -Andrés Arteaga se excusó por la enfermedad neurológica que padece desde hace años, y el administrador apostólico de Valdivia no está invitado-, y hay quienes no descartan que otro par se reste. Hay dudas frente al cuadro de estrés que vive el propio Juan Barros, o incluso se habla de que alguno podría hacer llegar su renuncia al Vaticano poco antes del encuentro, lo que justificaría su ausencia. Muy reservadamente se habla de la extrema fragilidad del obispo de Linares, Tomislav Koljatic, también formado por Karadima.

Una vez allá, no hay certeza de cómo ocurrirán las cosas, no existen casos comparables. No lo fue el encuentro que Juan Pablo II sostuvo en 2002 con obispos norteamericanos, al destaparse cientos de casos de abusos en Boston, la diócesis más católica de Estados Unidos. Tampoco, los dos días que pasó Benedicto XVI reunido con 24 obispos irlandeses en 2010, por la crisis desatada en la Arquidiócesis de Dublín por el informe que criticaba en duros términos la forma como la Iglesia irlandesa encaró a sacerdotes sospechosos de abusar de niños entre 1975 y 2004.

Además de un breve saludo que dirigirá al Pontífice el presidente del episcopado chileno, monseñor Santiago Silva, los obispos no llevan documentos preparados como grupo, aunque sí hay algunos obispos que han escrito algunas reflexiones que esperan leer frente al Papa. Más bien se han preparado para tener una conversación franca, abierta y muy libre como fue el estilo que Francisco les mostró en los dos encuentros que tuvo con ellos en la pasada visita ad limina de enero de 2017.

Cardenal Errázuriz

Una pregunta que ronda aún sin respuesta es lo que sucederá el 17 de mayo cuando concluya el encuentro con el Papa y en los días previos a que los obispos chilenos comiencen a abandonar Roma. En la Conferencia Episcopal no han decidido cómo se informará del encuentro con el Papa; si se emitirá un comunicado, si habrá una conferencia de prensa o de qué forma los obispos chilenos transmitirán sus conclusiones.

Hasta ahora, los chilenos tampoco conocen el diseño comunicacional que seguirá el Vaticano; sí está claro que existe, y prueba de ello son las comunicaciones oficiales que el Vaticano ha ido haciendo esta semana sobre el encuentro del Papa con las víctimas de Karadima. Algo totalmente inusual en los códigos de la Santa Sede, donde nunca se dan detalles de estas reuniones que el Pontífice tiene muchos viernes en Santa Marta y en cada uno de sus viajes por el mundo.

De hecho, en esta oportunidad no se descarta que el Vaticano entregue fotos de Cruz, Hamilton y Murillo con Francisco, si ellos lo autorizan. Sería otro hecho inédito, así como la frase del vocero Greg Burke, quien dijo que Francisco "quiere pedirles perdón, compartir su dolor y su vergüenza por lo que han sufrido y, sobre todo, escucharlos en todas aquellas sugerencias que puedan realizarle para evitar la repetición de semejantes hechos reprobables".

Lo último no es al azar, dicen conocedores eclesiásticos, pues en los pasillos del Vaticano se asegura que el Papa tendrá que hacer actos concretos y ser muy convincente para que los "sobrevivientes" -como se llama a las víctimas- sientan que hay reparación. Las mismas fuentes señalan que aunque no se conoce su contenido, ha trascendido que el informe Scicluna estableció, al parecer, que el caso Karadima es uno más de muchos en Chile y que los obispos, al menos, no han actuado bien.

El arzobispo de Malta y su ayudante Jordi Bertomeu habrían desempolvado también un informe y que les costó bastante encontrar, dicen fuentes informadas, que contiene un juicio crítico respecto de los sacerdotes de la Pía Unión Sacerdotal de El Bosque. Lo escribió el primer enviado papal en el caso Karadima, Carlos Collazzi. En diciembre de 2011, el sacerdote salesiano y presidente de la Conferencia Episcopal de Uruguay aterrizó en Chile con la misión de verificar la eclesialidad de los procesos formativos y la transparencia de la administración económica del grupo. En esa oportunidad se reunió con cada uno de sus miembros, y en enero de 2012 entregó su informe a la Congregación de la Doctrina de la Fe en el Vaticano. Dicen que este hablaría de las debilidades formativas que encontró.

En ese sentido, fuentes consultadas creen que el cardenal Francisco Javier Errázuriz -también en Roma por estos días- tendrá un lugar importante en esas "sugerencias" que el Papa escuchará de Cruz, Murillo y Hamilton. El momento coincide con el término de una de las misiones más fundamentales que Francisco le encargó a su G-9, el grupo de cardenales que Errázuriz integra y que hace meses también enfrentó una crisis cuando el cardenal australiano George Penn debió partir a Australia para defenderse de acusaciones de pederastia. Justo esta semana se anunció el fin de la reforma de la curia vaticana en la que el grupo trabajaba, lo que dejaría en libertad a Francisco para reformular sus integrantes y reorientar su mandato.

Obispos auxiliares encabezan apuestas para el recambio

Entre 8 y 9 son los obispos que a mediano plazo cambiarían la fisonomía de la actual Conferencia Episcopal chilena. Incluso, podrían ser más si el Papa remueve a alguno más allá de los cálculos preliminares que se hacen por estos días. La cifra da por descontado que los cuatro prelados formados por Karadima -Juan Barros; Tomislav Koljatic, en Linares; Horacio Valenzuela, en Talca, y Andrés Arteaga, auxiliar de Santiago- serían relevados de sus funciones, y que hay otros cinco ya renunciados por motivos de edad o enfermedad. Es el caso de monseñor Alejandro Goic (78), en Rancagua; Gonzalo Duarte (76), en Valparaíso; Cristián Caro (75), en Puerto Montt, y el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, quien presentó su dimisión al Papa en diciembre de 2016 luego de cumplir los 75 años de rigor. Desde 2017, también sigue vacante la diócesis de Valdivia luego que el Papa nombrara a su obispo, Ignacio Ducasse, en Antofagasta.

En cuanto a los nombres de los sucesores, reina la especulación. "Hay muchos buenos sacerdotes jóvenes, pastores, que lo harían muy bien", dice un obispo. Incluso, se habla de que Francisco podría recurrir a sus hermanos jesuitas, algo inédito en Chile, pero que se ha hecho en Perú, y que otros descartan. Dicen que en "la Compañía" no habría demasiado interés y recuerdan su voto de no recibir dignidades eclesiásticas.

Lo que también se da como bastante hecho es que alguno de los cuatro obispos auxiliares de Santiago podría asumir en las diócesis que queden vacantes. Fernando Ramos, el también gran Canciller de la UC, Cristián Roncagliolo, Galo Fernández, Jorge Concha o Pedro Ossandón "están pintados para cualquiera", dice un sacerdote que los conoce. El último fue parte del ala más progresista de la Iglesia chilena en sus años de párroco de La Legua, pero como obispo optó por dedicarse cien por ciento a lo pastoral y dejar la contingencia.

Otros nombres que suenan para diócesis de mayor envergadura son el obispo de La Serena, Osvaldo Rebolledo, y Bernardo Bastres, de Punta Arenas.

Su llegada se ve como una "bocanada de aire fresco" -dicen fuentes eclesiales- para la Conferencia Episcopal, que terminaría con la tensión interna que ha producido el caso Barros desde que varios obispos, incluido Ezzati, se opusieran a su designación. Eso ha paralizado y los ha dividido, dice una fuente, dificultando las decisiones en muchos temas. También aumentaría la colegiabilidad, agregan los más expertos, recordando el tema central del Concilio Vaticano II y muy importante en el pontificado de Francisco.

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