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Inaugura en Las Condes Figura clave de la ilustración en Chile

Marta Carrasco: profunda mirada del mundo infantil

domingo, 29 de abril de 2018

CECILIA VALDÉS URRUTIA
Artes y Letras
El Mercurio

Formada en el Bellas Artes, sus dibujos dieron vida a personajes de Marcela Paz, Alicia Morel, Isabel Allende. Autora de series como "Tata Colores" y "Perico trepa por Chile", y de libros que sumergen en una infancia diferente, su arte y libros fueron pioneros. El Centro Cultural de Las Condes inaugura la primera muestra con parte del sorprendente archivo de esta gran y casi desconocida autora.



Muchas generaciones han crecido con los dibujos de "Papelucho", del "Mampatito", de "La abuela Panchita, del "Tata Colores", "Perico trepa por Chile", "Los pecosos", además de libros como "El club de los diferentes o "La otra orilla". Pero tal vez muy pocos saben o sospechan que tras esos personajes de nuestro imaginario estaba una ilustradora pionera para su época, formada en la Academia de Bellas Artes de la Universidad de Chile, de muy bajo perfil y que creaba desde una relativa inmovilidad de sus piernas, Marta Carrasco Bertrand (1939-2007). Esta y otras dificultades (un matrimonio difícil con Adolfo Couve y un cáncer que padeció por décadas) las transfigura en lucha y alegría permanentes, en una creatividad sin límites que abre nuevas rutas a la ilustración y a los libros de literatura infantil y juvenil.

Las cinco mil piezas de su archivo -hasta hoy inédito- dan cuenta y revelan aspectos de su profundo aporte. Este legado -resguardado cuidadosamente por su familia- fue por primera vez investigado por los periodistas y expertos en ilustración María José Guallar, Isabel Molina y Claudio Aguilera, quienes seleccionaron 50 piezas -entre croqueras, cuadernos inéditos, libros, dibujos, pinturas y muñecos-, que se exhibirán al público en el Centro Cultural de Las Condes, a partir del próximo sábado 5 de mayo.

El encuentro con ese archivo habla de editoriales míticas como Quimantú, de personajes entrañables, de una exploración innovadora, de un notable arte y escritos que dibujan y hablan "desde lo diferente", especialmente en los años 60, 70, 80, 90, adquiriendo una actualidad insospechada.

Inaugura un nuevo camino

Los inicios de Marta Carrasco fueron diferentes a los de sus contemporáneas, la mayoría autodidacta. Ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en 1959, y estudió con maestros como Pablo Burchard (que la marca) y Marta Colvin. Allí conoció a Adolfo Couve. Se casaron cuando ella tenía 19 años y a los cuatro años de matrimonio nació Camila. Se fueron a vivir a París, y con varias intermitencias se separaron definitivamente en los años 70. Con todo, ella siempre permaneció preocupada por el pintor y escritor que al final vivía en Cartagena.

En la exposición se verán pinturas notables de Marta en las que muestra a Couve con su hija en brazos; dibuja a Camila y a su nieta por los corredores de una antigua casa, entre varias más. Transmiten una sensibilidad profunda. Se dedica también a hacer retratos, para vivir, y sigue siempre el estudio de los grandes maestros. Y aunque dejó la pintura para dedicarse a la ilustración, en los años 90 retoma los pinceles y realiza retratos a amistades.

Pero lo que abrió un nuevo camino son sus dibujos que ilustran cuentos e historias infantiles. Su antecesora Elena Poirier había seguido un estilo de ilustración más europea, con temáticas de cuentos de hadas, princesas y castillos, de esa infancia casi mágica. Marta, en cambio, dibuja la infancia real. Observa el mundo infantil en su vida cotidiana más esencial. "Accede al mundo interior de los niños, que no son los que usualmente se identifica con la infancia; a veces son niños melancólicos, o están descubriendo el mundo o son abiertamente distintos al común. Y lo grafica con belleza pero sin idealizarlos, los ilustra con ternura", resaltan las investigadoras.

Marta los mira en la soledad, en parte desde su condición física, que le ayuda a capturar las esencias. Y tiene su estilo, con gran dominio del cuerpo humano. Ella dice que su dibujo es más sintético, donde predomina la línea y trabaja con paletas de color acotadas.

Gran parte de esa tarea la hizo durante los años 70 y 80, cuando la industria del libro infantil era más débil que en los años 50, y que en la actualidad. Trabajó para la revistas "Cabro Chico" y "Cuncuna". Ahí se utilizaban menos colores. Para el cuento tradicional chino "El rabanito que volvió", por ejemplo, hay páginas en que no usa más de dos o tres colores, muestra Isabel Molina. Pero Marta escribe en sus cuadernos que le frustra esa limitante, pues busca entregar un producto de gran calidad para los niños.

Con Marcela Paz y otros personajes

Su relación con Marcela Paz fue cercana, y empezó en los años 70. Ester Huneeus la contactó, primero, para hacer reediciones de Papelucho y darle nuevos aires al popular personaje. Aunque Marcela Paz le indica el estilo a seguir, ello limita a Marta en su creatividad y lo deja en claro. "Pero ambas sensibilidades se encuentran, y entre 1976 y 1984 realizan varias publicaciones juntas, en la Editorial Universitaria, entre ellas "El soldadito rojo", "Los secretos de Catita" y Los pecosos".

Ilustró otra de las más famosas obras de literatura infantil, en 1978: "Perico trepa por Chile", de Marcela Paz y Alicia Morel, lectura obligatoria en los colegios, que hizo con grafito.

Antes, en 1974, dio vida a "La abuela Panchita", de Isabel Allende. Se conocieron en Mampato, cuando la escritora y periodista era directora. Pero ese personaje tomó vida propia, salió del texto, gracias a Marta Carrasco. Lo ilustró a través de muñecos que hace como la artesana artista que era: trabaja el volumen plasmando en los personajes sentimientos expresivos. "Para los muñecos usaba una técnica en la que trabajaba la cabeza de yeso y el cuerpo con alambre. Y guardaba bolsas y bolsas con ropas para sus diseños, que conserva su hija. En la exposición va a estar la abuela Panchita".

La miniserie de televisión "Tata Colores", en tanto -que salió al aire en 1992-, fue un proyecto que realizó con la especialista Vivienne Barry, pionera en stop motion.

"El club de los diferentes"

Pero así como hizo pinturas de carácter biográfico, también escribió e ilustró libros -adelantados para su época- que tienen que ver sutilmente con su vida. Primero publicó "El Club de los diferentes", en 1984. "En ese cuento aparece un personaje más distinto físicamente: es un hombre gigante y otro extremadamente narigón, los que se van encontrando con otros que también tienen características algo distintas", relata María José Guallar.

La poliomielitis había llevado a Marta a usar, en sus inicios, bastones y además fierros en sus piernas. Pero, según su hija, se ponía muchos vestidos, y ello parecía no ser tan importante y no se sentía limitada". Era una mujer, además, muy linda con un rostro muy dulce.

La prestigiosa Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia la invitó por "El club de los diferentes". Fue una de las primeras escogidas en nuestro país, aunque debió costearse el viaje. Fue a Italia con su cuñada, Carmen Couve.

"El club de los diferentes" también obtuvo el premio catalán Apeles Mestres, entregado por primera vez a una obra escrita e ilustrada por la misma autora.

Otro hermoso libro suyo es "La otra orilla" (2007). El argumento habla de una niña que se asoma a un río y le dicen que no se acerque mucho, pues al frente hay un grupo de personas con las que no conviene reunirse. El grupo al que ella pertenece es el de los morenos, y el grupo cuestionado es el de los rubios y colorines. Esa niña morena cruza el río y conoce a un niño del frente, que vive en un botecito. "Ve que los padres pescan igual que los suyos, que los niños cocinan...", "La otra orilla" está ilustrada con acuarela sobre cartón piedra. Preparaba mucho los libros con maquetas, pruebas de color, croquelados; hacía extensas listas de sinónimos, escribe poemas y reflexiones sobre su oficio, hace múltiples versiones de un mismo cuento, anota muchas ideas y referencias a pintores.

Publicó también "Juan Peña, un hombre original", un cuento que trata sobre un personaje que vive en la ciudad pero funciona a un ritmo más lento, siempre anda con sombrero y muy preocupado de los demás. "Martita vivió muy entregada a lo social, siempre. Nos encontramos con publicaciones muy sencillas que hizo, por ejemplo, con el comité de lavanderas de una población", señala Guallar.

"La otra orilla" es su libro póstumo. No podía publicarlo con ese título que ella quería, pues estaba ocupado por derecho de autor. Y fue al final, en la clínica -cuentan las investigadoras-, cuando su hija le dice que sí podía utilizarlo. Martita estaba ya semiinconsciente...".

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