Fondos Mutuos
Dos exposiciones en galerías diferentes presentan un par de artistas jóvenes, que manejan materiales bastante inhabituales. Así, la viñamarina Francisca Garriga -Galería Artespacio- utiliza monda o escarbadientes, esos cómodos adminículos dentales tan mal vistos en nuestro país. En sus manos cumplen ellos el rol de peculiares pinceladas de color que, además, permiten comunicar efecto de volumen al cuadro. Aunque, en general, lo mostrado cabe definirlo como op art, no todos son trabajos realizados con palitos pintados de madera que ostentan distintas longitudes. ¡Y qué resultados obtiene! Se concretan en cinco composiciones circulares, mayoritariamente de dimensiones amplias, palpitantes de color y provistas de un claroscuro cromático sedoso, de finura exquisita. Ante esto, el ojo del observador experimenta una sensación creciente de inesperada movilidad. Para apreciarla por entero, es indispensable mirar con detenimiento. Asimismo encontramos tres obras en formato triangular, ejecutadas a través del mismo procedimiento. No obstante, apuntan hacia otra dirección, privilegiando el efecto de volumen antes que el de coloración. Encontramos de este modo las bonitas Pirámide I y II, mientras en la tercera se divisan ciertos asomos de decoración textil. Por su parte, los cuatro Ritmo en papel, con sus acanalados regulares que reúnen dos colores en contraste, siguen muy de cerca el ejemplo del venezolano Cruz-Diez y la exigencia de caminar frente a ellos. Eso sí, los hallazgos de color nos seducen sin contratiempo. En Carlos Rivera -Sala de Arte CCU- hallamos al segundo cultor de intermediarios insólitos. Ahora corresponden a desechos destinados al basural público. Pero ¡con qué inventiva y resonancia de historia violentos los emplea! Nos referimos a sus tres cuadros y a un curioso objeto, todos en gran formato. Primero se nos presenta un soporte pintado de negro, en el cual se incrustan profundamente misteriosos y luego amenazantes filos de cuchillos cartoneros. Puede decirse que se trata de una verdadera trampa ya no visual, sino atentatoria de la integridad física del espectador. También ofrece similar calidad y atractivo plástico "Vínculos de proximidad". Trabajo distinto al anterior, se compone de "flanches" o bases metálicas, pegadas al suelo, desde donde se elevan construcciones urbanas para ayuda del peatón; en este caso se trata del residuo de lo arrancado durante hechos vandálicos capitalinos. Con estas planchas cuadradas, el artista ha creado una especie de abstracta geometría, libremente irregular, en grises, amarillos y negro naturales. Al igual, rescatado de la violencia callejera en un cruce santiaguino bien preciso, yace un largo objeto sobre el piso de la sala. Constituye un poste de señalización para el semáforo que permite atravesar al caminante. Aquí sacado de contexto, yace volcado, roto, impregnado de una ironía amarga. Como un tercer aporte de Rivera, cuelga, amplio y rectangular, Estrellas rojas. Se trata de una apolillada cortina de doble tela -negra y roja- salvada de la basura en la Universidad Arcis. Dispuesta sobre iluminación, la luz transfigura los agujeros, mientras su nombre evoca el periódico de cierta bien conocida nación. En cambio, Sin estrellas se titula un trabajo serial muy diferente. También iluminado por detrás, resulta una monocromía figurativa de personas que saltan en caída libre al vacío. Empero, nada tiene de desecho y se vuelve convencional. Un bonito libro pequeño manuscrito complementa el conjunto. En la misma CCU exhibe Catalina González dos videos y una instalación. Los tres trabajos más bien conceptuales se emparentan estrechamente entre sí alrededor de la grandeza de nuestro desierto minero, como territorio de consecuencias bélicas. La fuente de agua, indispensable allá para la subsistencia, consta de una cañería vertical desde donde mana esporádicamente el líquido; un mapa británico de la zona anterior a la Guerra del Pacífico tapiza, expresivo, su fondo. En la filmación mayor asistimos a la acción de arte de cuatro mujeres de negro que se vuelven casi siluetas. Ellas se desplazan dentro de la inmensidad del panorama seco, moviéndose, gesticulando con sus cuerpos sobre cada hito, blanco militar otrora. Un simbolismo rememorativo se da en esta obra y en video con color. Este último, algo menos unitario, se desarrolla en un sector desértico de Alto Hospicio y muestra la acción, nocturna y diurna, del fuego sobre el azufre. Paisaje transitorio Vibrante op art de Francisca Garriga, sobre todo en sus muy bellas obras circulares Lugar: Galería Artespacio Fecha: hasta el 12 de mayo La poética del residuo Carlos Rivera con rescates plenos de inventiva y conceptos filmados de Catalina González Lugar: Sala de Arte CCU Fecha: hasta el 1 de junio