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Cine Desde los pinceles a la cámara

Pintando escenas y filmando el arte: los artistas y el cine

domingo, 29 de abril de 2018

Mariana Poblete
Arte
El Mercurio

"Loving Vincent" convierte una serie de pinturas al óleo en una película. Pero esta relación entre la pintura y los filmes ha estado casi siempre y ha sido el punto de partida de varios cineastas.



No fue una sorpresa que "Loving Vincent" fuese nominada a "Mejor Película Animada" en los pasados premios Oscar. La película, que relata la odisea de Armand Roulin (hijo del cartero de Van Gogh) para entregar la última carta que el pintor escribió antes de morir y descubrir qué sucedió en sus últimos días, fue alabada por la crítica especializada gracias a su novedosa técnica de animación: nada menos que a partir de pinturas al óleo.

"La base de mi idea era contar una historia a través de las pinturas de Van Gogh. Para mí, era fascinante pensar acerca de que los personajes de sus pinturas contaran su historia", mencionó la codirectora de la cinta, Dorota Kobiela, en una entrevista en Estados Unidos.

Para Kobiela, el filme tiene un sentido mucho más profundo, ya que no solo animó el corto que después se convertiría en "Loving Vincent" hace ya diez años, sino que por su formación como pintora en la Academia de Bellas Artes de Warshaw y sus años como ilustradora y diseñadora gráfica.

Aunque suene poco común, Kobiela no es la primera artista visual que ha emigrado hacia el cine. Grandes directores como Federico Fellini o Tim Burton empezaron como dibujantes. Otros, como Akira Kurosawa, pasaron alguna vez por una escuela de artes.

Originalmente el sueño de Kurosawa era ser pintor, materia que estudió en la Universidad de Doshisha, donde forjó su admiración por Van Gogh, al punto de incluirlo como personaje en su película "Sueños". Kurosawa también pintó los storyboards (guiones gráficos) de sus cintas.

Fellini, en cambio, llegó a Roma como caricaturista, colaborando en revistas como "Marc'Aurelio" y dibujando tiras cómicas durante la Segunda Guerra Mundial, algo que no dejó cuando empezó a dirigir.

Pinturas que se mueven

En un comienzo, el cine era considerado como una nueva opción para muchas personas que provenían desde distintos campos artísticos. Así decantaron destacados cineastas como Luis Buñuel y Jean Cocteau, quienes, desde sus experiencias, podían experimentar con las posibilidades de este nuevo medio. Para el crítico de cine Christian Ramírez, esto se debe a las características colaborativas que el medio ofrecía.

"El cine es la desembocadura de un río a la que mucha gente, de muchos talentos, van confluyendo. Fue considerada como una actividad multidisciplinaria, en la que diferentes personas aportan desde distintos lados", señala. Ramírez agrega que esto se puede ver claramente en el trabajo de Cocteau, quien fue poeta, dramaturgo, dibujante y diseñador gráfico de carteles antes de filmar "La sangre de un poeta" en 1932, el primer capítulo de su "Trilogía de Orfeo".

"El 'Orfeo' de Cocteau es una transposición de las ilustraciones que él hacía; de su obsesión neoclásica con Grecia y Roma, y de la idea de que el cine es un instrumento igual de dotado que la pintura o la fotografía para expresar contenido simbólico", dice.

Otro artista que migró desde la plástica es Julian Schnabel (1951), considerado uno de los mayores referentes vivos del neoexpresionismo, quien en algunas de sus obras combina pedazos de cerámica con óleo. Mientras que sus películas, como "Basquiat" o "La escafandra y la mariposa", suelen versar sobre la creación artística. "Schnabel tiene una obra muy potente como pintor y cuando uno observa sus películas, son siempre sobre el proceso artístico", asegura Ramírez.

Tal vez el caso más conocido con respecto a la pintura es David Lynch (1946). Conocido por filmes como "Terciopelo Azul" y la serie "Twin Peaks", Lynch tuvo contacto con el mundo de la pintura desde muy pequeño e ingresó a la Escuela Museo de Bellas Artes de Boston; algo que cambiaría por la Academia de Bellas Artes de Filadelfia. "Allí pintaba una planta con hojas que salían de un fondo negro. Estaba reclinado en una silla, fumando, mirándolo, y dentro del cuadro salió un ruido de viento y el verde empezó a moverse. Y pensé: 'Un cuadro que se mueva y con sonido'. Se me quedó esa idea grabada en la cabeza", recuerda Lynch en el documental "David Lynch: The Art Life", que se estrenó el año pasado. El trabajo artístico de Lynch ha sido objeto de varias exposiciones alrededor del mundo. La más grande la realizó en la ciudad que lo vio crecer como artista, Filadelfia.

Robert Cozzolino, curador del Instituto de Arte de Minneapolis, se ha dedicado a estudiar las obras de Lynch a profundidad, donde las pinturas de Francis Bacon ejercieron una inspiración para el director. "Creo que el tenor emocional, el sentimiento de esas obras, le impactó más que cualquier problema formal. Y estos reforzaron la forma en que él quería trabajar. Lynch tiene una gran inteligencia visual y ha visto todo tipo de imágenes en la cultura, pero trabaja desde la intuición", afirma.

Retrato cinemático

Aunque los ejemplos de artistas visuales que han cambiado la pintura por el cine son bastantes, no son los únicos que han hecho este salto. Fotógrafos reconocidos como Anton Corbijn y William Klein han probado suerte en este medio, digiriendo películas. Pero quizás el ejemplo más claro de esta transición es Stanley Kubrick, quien empezó su carrera como fotógrafo de la revista "Look" a los 17 años.

"Muchas de esas imágenes podrían ser delatoras de lo que va a hacer luego en sus películas. Hay una planificación que tiene que ver con luz. Además de un dominio muy bueno", afirma el cineasta y académico de la Universidad de Chile Nelson Vargas.

Cuestión dimensional

Según el crítico y docente, David Vera Meiggs, el desafío principal que enfrentan los artistas al cambiarse de medio es cómo adaptar sus ideas y su forma de trabajo a un concepto distinto. "En la pintura se hace el énfasis en la dimensión espacial, porque hay una cierta tendencia a la composición visual previa a la acción que tiene que expresar. En cine, hay que saber hablar, escribir y moverse, y transmitir emociones, no a través de las películas, sino que del equipo que realiza el trabajo", dice.

Sin embargo, agrega que Lynch es una excepción a la regla, gracias a su concepción de temporalidad que desarrolló en su carrera. En esta misma línea, Christian Ramírez afirma que esta búsqueda del cineasta se produce por la unidad entre su trabajo previo y el presente. "Si uno ha visto los distintos puntos muertos de las películas de Lynch, en estos instantes parece no pasar nada; pero en 'Twin Peaks: The Return' te das cuenta de que son cuadros en movimiento. Lo que le ocurre a Lynch es que ahora en su vejez ha podido volver un poco al principio", asegura.

"Su trabajo artístico tiene características en común con los temas de sus películas -en especial con la idea de que cosas inimaginables están pasando debajo de la superficie-, y que a veces se filtra en la vida cotidiana. Creo que sus filmes son películas de pintor, él hace mucho con imágenes separadas de un diálogo", agrega Robert Cozzolino.

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