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Durante las 12 horas que se extendió el encuentro, los líderes de las Coreas, Kim Jong-un y Moon Jae-in, protagonizaron una emotiva cumbre cargada de simbolismos y gestos de reconciliación en la localidad fronteriza de Panmunjom que concluyó con la promesa de lo que hasta hace poco parecía casi imposible: avanzar hacia la "desnuclearización total" de la península y negociar oficialmente un tratado de paz definitivo que sustituya al armisticio vigente desde 1953 y que mantiene a los dos vecinos técnicamente en guerra hasta hoy. "El norte y el sur cooperarán activamente para establecer un régimen de paz permanente y estable en la península coreana", afirmó una declaración conjunta firmada por Kim y Moon, en la que las partes se comprometieron a buscar "activamente" encuentros junto a EE.UU. y China para "declarar el fin de la guerra" en un tratado de paz formal. Aunque no condicionó explícitamente ese paso al tema nuclear, tal como auspicia Seúl, también hubo una manifestación de intenciones en esa línea: "Corea del Sur y Corea del Norte confirman el objetivo común de obtener, a través de una desnuclearización total, una península coreana no nuclear", añadió el texto. Sonrientes y cómplices en todo momento, Moon y Kim alabaron los acuerdos de la que fue la tercera cumbre intercoreana de la historia después de las de 2000 y 2007, y la primera en la que un líder norcoreano pisó el territorio del sur. "No habrá más guerra en la península. Con esta declaración abrimos una nueva era", celebró el Presidente surcoreano en una inédita comparecencia conjunta ante los medios junto a su homólogo del norte. Kim, quien durante la cumbre se mostró espontáneo y hasta simpático, desafiando esa imagen belicosa y de despiadado dictador comunista que proyecta la máquina de propaganda norcoreana, sorprendió a muchos surcoreanos con sus declaraciones conciliatorias, que fueron además las primeras que el mundo conoció en vivo y en directo, sin la manipulación del régimen de Pyongyang. "Las dos Coreas hemos tardado mucho en encontrarnos y en estrechar las manos", afirmó en su discurso el dictador norcoreano, quien incluso pareció hacer un guiño a la ansiada aspiración de la reunificación de las Coreas: "Como puedo ver hoy aquí, el sur y Corea del Norte son la misma gente, la misma sangre. No podemos estar separados (...) No hay ninguna razón para que combatamos entre nosotros. Somos una sola nación", resaltó, en un tono diametralmente distinto al de solo unos meses, cuando amenazó con la destrucción a su vecino del sur y a EE.UU. en medio de pruebas balísticas y nucleares. El encuentro dejó varias postales de alto simbolismo (ver artículo en A6), comenzando por el histórico momento en el que Kim cruza la frontera, se da un apretón de manos con Moon -que contrastó con el frío saludo de apenas tres segundos de Kim Jong-il con sus pares surcoreanos Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun- y, saliéndose del guion milimétricamente planeado, le ofrece pasar juntos al norte. "Quizás ahora es un buen momento para que vengas", le dijo, tomándolo de la mano, un gesto de hermandad. Tras replantar juntos un pino, cuyas verdes agujas simbolizaban "la llegada de la primavera al norte y al sur", Kim y Moon dieron un paseo por un bosque cercano a la Casa de la Paz, donde protagonizaron una íntima y larga conversación sentados frente a frente, sin compañía de asesores. Por la noche compartieron un banquete junto a sus esposas, en el cual Moon dijo durante el brindis que con Kim se habían convertido en "grandes compañeros" y bromeó pidiéndole que lo deje visitar el Monte Paektu, la venerada cumbre más alta de la península coreana. Ambos líderes se verán nuevamente las caras el próximo otoño (boreal), cuando Moon visite Pyongyang para una segunda cumbre con Kim, quien también se mostró dispuesto a viajar a Seúl. Para entonces, ya se espera que haya avances en algunos de los acuerdos suscritos en la declaración de ayer, que incluye el compromiso de suspender todas las hostilidades que sean fuente de tensión militar y la realización de conversaciones de alto nivel entre los ministros de Defensa y generales de ambos países. También está contemplado que a partir del 1 de mayo se suspendan acciones como la distribución de propaganda -ya sea a través de altavoces o folletos- en la Zona Desmilitarizada (DMZ), y la reanudación de proyectos humanitarios conjuntos como las reuniones entre familias divididas tras la Guerra de Corea (1950-1953). El nuevo clima de cooperación entre las Coreas fue celebrado por la comunidad internacional, incluyendo el Presidente estadounidense Donald Trump, quien se atribuyó crédito por los avances y resaltó que "después de un año furioso de lanzamiento de misiles y ensayos nucleares" finalmente están "pasando cosas buenas, aunque solo el tiempo lo dirá". Entre los expertos, había una mezcla de asombro y prudencia. "Estoy impactado por las sonrisas y los gestos amistosos, casi como de padre e hijo, entre Moon y Kim. La atmósfera fue formal pero al mismo tiempo familiar", destacó Charles Armstrong, académico de la Universidad de Columbia y autor de varios libros sobre el régimen comunista de la dinastía de los Kim. "Tenemos que esperar y ver cuánto tiempo durará este ánimo, pero por ahora parece que hay un sentimiento genuino de reconciliación entre las Coreas", estimó el historiador, quien se manifestó "cautamente optimista de que se haya llegado a un punto de no retorno en el conflicto coreano, que, seguido de la reunión entre EE.UU. y Corea del Norte, lleve a las partes a una solución pacífica". Douglas Paal, analista del Carnegie Endowment for International Peace, es aun más cauto: "La cumbre revierte la escalada del conflicto del año pasado y reveló la destreza diplomática de los dos líderes coreanos. Pero las declaraciones acerca de las armas y la paz no son realmente nuevas y deben ponerse a prueba nuevamente en negociaciones extendidas", dice. "Estas cumbres ya han levantado esperanzas antes, pero todavía tienen que ser probadas en las negociaciones que siguen con Trump". "No habrá más guerra en la península. Con esta declaración abrimos una nueva era".
Moon Jae-in
PRESIDENTE SURCOREANO
"Como puedo ver hoy, el sur y Corea del Norte son la misma gente, la misma sangre. No podemos ser separados".
Kim Jong-un
LÍDER NORCOREANO