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Luego del desarme de las FARC:

Focos del conflicto colombiano se trasladan a zonas periféricas

sábado, 14 de abril de 2018

José Tomás Tenorio Labra
Internacional
El Mercurio

Los límites con Panamá, Venezuela y Ecuador se han convertido en blancos de la violencia de los grupos armados ilegales.



Las desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tras firmar en 2016 los acuerdos de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos, ha dado paso a que otras guerrillas, disidencias y grupos paramilitares busquen hacerse del control de las tierras que la mayor organización rebelde dejó atrás, zonas inhóspitas y con grandes plantaciones de coca que hoy son el escenario de fuertes enfrentamientos.

Así, en las zonas aledañas a los límites con Venezuela, Ecuador y Panamá, guerrillas históricas como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la banda narcoparamilitar del Clan Úsuga (también llamada Clan del Golfo) y los disidentes de las propias FARC, han pasado a ser los protagonistas del conflicto armado colombiano actual.

El departamento de Nariño, en la frontera con Ecuador, por ejemplo, se ha convertido en uno de los más convulsos del país debido a que tiene la mayor cantidad de plantaciones de coca en Colombia, además de su salida al océano Pacífico, desde donde se exportan toneladas de cocaína cada año hacia Centroamérica, México y EE.UU.

Grupos de las FARC que no entregaron las armas se ha fortalecido en esta zona, y los enfrentamientos con rebeldes del ELN en el lugar se han vuelto recurrentes, por lo que las fuerzas militares desplegaron casi 10.000 soldados (ver infografía).

La región del Catatumbo, en el límite con Venezuela, ha sido otro punto de conflicto por sus grandes plantaciones de coca. Ahí, el ELN lleva a cabo una guerra declarada contra el Ejército Popular de Liberación desde el 14 de marzo, la que, según datos de la ONU, ha afectado a 20.300 personas y desplazó a 2.400.

Calificada como una de las áreas "más críticas" del conflicto por el comandante de las fuerzas militares, general Alberto Mejía, en la zona se encuentran desde el año pasado unos 6.000 soldados.

El tercer foco de tensión se encuentra en la región del Darién, ubicada en la frontera con Panamá, en donde el Clan Úsuga, la mayor banda armada de narcotráfico del país, mantiene aproximadamente a unos 1.100 miembros. Para evitar que se continúen las acciones del grupo narcoparamilitar -que el jueves mató a 8 policías en un ataque en el departamento de Antioquia-, las operaciones militares en su contra son casi diarias, según las autoridades.

El cientista político y autor del libro "Los señores de la guerra", Gustavo Duncan, explicó a "El Mercurio" que si bien estos grupos "fueron empujados cada vez a zonas más periféricas", el problema está en que "el Estado no llenó los vacíos de poder que dejaron las FARC, y al quedar así obviamente iban a entrar a disputárselo los grupos".

Sin embargo, Duncan cree que la situación es favorable, ya que "tenemos a un Estado que ha enfrentado a Pablo Escobar, a las FARC, a los paramilitares; entonces, es un Estado que está mucho más preparado para este tipo de amenazas. Las dificultades son mucho menores hoy y los hechos ocurren en zonas cada vez más periféricas y marginales solamente", dice Duncan.

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