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Chile es considerado un país "muy fiable" para la inversión privada

lunes, 21 de abril de 2008

CAROLINA ABELL
Economía y Negocios

Pese a la compleja situación de EE.UU. Carl Meacham, representante de la Comisión de Relaciones Exteriores de EE.UU. vino a “crear lazos de cooperación” debido a la urgente necesidad de desarrollo energético nacional. Sus observaciones sobre Latinoamérica serán planteadas en la próxima reunión del G8.


Carl Meacham conoce Chile y a los chilenos. Nació en Indiana, (Estados Unidos), pero creció entre San Fernando y Santiago.

Este “representante de los intereses de Estados Unidos”, pese a su educación en la Universidad Estatal de Albany y su posgrado en la afamada Universidad de Columbia, lleva una herencia local, por lado materno, que le ayuda en su trabajo.

Asesor del senador republicano Richard Lugar y especialista en América Latina, debe “formular una agenda de intereses compartidos” con la región.

Con 36 años tiene dos hijos y una esposa norteamericana. Karen Millar, los dos hijos y su padre viven en Bethesda, un suburbio en Washington D.C., y veranean en Maine.

Hombre sobrio y equilibrado, ha hecho múltiples estudios que han influido en las relaciones norteamericanas con países de la región. Por ejemplo, tras visitar México, redactó el informe conocido como “La iniciativa Mérida: Armas, drogas y amigos” que analizó el combate a los narcotraficantes y el ingreso ilegal de 2 mil armas diarias a México, entre otros aspectos.

Hace pocos días, en Colombia y Ecuador, trató el tema de la reciente crisis política. La compleja Venezuela tampoco se quedó atrás. Y, Perú -gracias a sus propios intereses productivos de oro y plata- lo recibirá en mayo próximo.

Desconfianza norteamericana

Meacham sabe que América Latina está mirando con otros ojos a Estados Unidos. Por eso, enfatiza, que este último “ha sido uno de sus viajes más difíciles”, porque el trato recibido ha sido diferente tras el 11-S y la intervención de su país en la guerra de Irak.

Hay más desconfianza. Pese a ello, nada lo desmotiva en su fugaz visita: “Queremos ofrecer ayuda y también observar cómo han logrado dar sus propios pasos con el fin transmitir experiencias a otros países”, explica.

— ¿Cómo se percibe la situación chilena internacionalmente?

“Positiva, muy positiva. Están llegando muchos ingresos externos y hay interés por usarlos de manera de que la mayoría de los chilenos puedan aprovecharlos. Se nota que se pueden hacer más cosas, aunque siempre es una elección del gobierno y de los chilenos”.

— Pero, ¿detectó alguna carencia específica?

“Hay sectores donde hace falta inversión. En particular se observa en lugares como el centro de Santiago donde hay una evolución desigual en cuanto al desarrollo, las diferencias de “Baquedano para abajo” persisten. Chile sigue teniendo diferencias sociales muy marcadas, todavía persiste el clasismo. En los lugares alejados de las ciudades grandes al sur y al norte, se puede hacer mucho más para generar más trabajo, aumentar las oportunidades, mejorar el estilo de vida y de acceso a servicios, por ejemplo”.

— ¿Problemas de urgente resolución?

“No quiero meterme en las decisiones del gobierno chileno, pero puedo decir que hay muchos ciudadanos que quieren ver más los beneficios de los ingresos que vienen desde afuera. Hay un grupo de chilenos que disfruta mucho del comercio y del intercambio, pero hay otros a quienes realmente ese privilegio no les ha llegado. Ellos quieren un orden un poquito más equilibrado de los beneficios del mercado”.

— Pasó días hablando con personajes del mundo económico, social y político, ¿con cuál otra meta?

“En el Comité de Relaciones Exteriores del Senado trabajamos en un proyecto de carácter global en distintas partes del mundo. Analizamos cómo los ingresos de los extractivos en general (minerales e hidrocarburos), se usan para políticas de desarrollo social. También nos interesa la transparencia de su utilización y su manejo”.

— ¿Cuál es el balance chileno?

“Muy positivo. Hay mucha transparencia”.

— ¿Respecto de los fondos del cobre?

“Se sabe muy bien a dónde van y de dónde vienen. Es muy bueno saber cómo se emplean, porque Chile es un ejemplo para países que tienen economías similares. Buscamos recomendaciones para que nuestro gobierno las pueda llevar a la reunión del G8 en junio próximo. Queremos implementar experiencias dentro de un contexto mucho más global. No se trata de decir a otros países lo que deben hacer, sino que todos tengamos reglas o códigos similares para obtener mutuamente la confianza de los inversionistas”.

— Defina transparencia para el informe G8

“Saber bien cómo es el proceso de los fondos. Si son usados de manera clara y consistente con respecto a los intereses del Estado y del contribuyente. Se trata de poder seguir bien un proceso donde se asegure que no hay corrupción e impuestos injustificados.

— ¿Papá EE.UU. viene a ver si los niños se portan bien (Chile, Perú…)?

“No, en realidad el brazo legislativo del gobierno de EE.UU quiere aprender de sus éxitos, y a estudiar casos donde nosotros le podemos decir a nuestro brazo ejecutivo qué políticas seguir para mejorar el medioambiente para todos los inversionistas sin importar de donde vienen –al fin del día queremos crear un sistema donde todos tienes las mismas reglas, donde no se cambian las reglas, donde la transparencia permite que todos entran a competir como pares”.

“Nos pueden enseñar y mostrar su modelo para que otros países avancen gracias a ustedes. De eso se trata. No buscamos imponerles nada. ¡No! Estos temas son de carácter soberano e interno. Las cosas buenas pueden ser usadas por otros para obtener la confianza de la comunidad de inversiones que tiene Chile, pues invierten en un país con reglas claras. Se sabe que no hay coimas y se conoce la situación real de las inversiones.

Nuestros inversionistas piensan que Chile es un país confiable. Ello les permite proyectar el resultado de las inversiones, es decir, conocer sus beneficios.

— ¿Cómo califica nuestra recepción de los capitales norteamericanos?

“Positiva, positiva. Chile no tiene una preferencia por capitales americanos, europeos o asiáticos. Chile quiere hacer negocios de manera ética y transparente. Al igual que los norteamericanos están buscando el mejor negocio”.

— ¿Cree que las próximas elecciones presidenciales chilenas podrían ser un desincentivo para las inversiones extranjeras?

“No. Diría que al igual como la mayoría del mundo ve a EE.UU. como confiable, se observa a Chile. Es un país con un consenso político y económico. Si gana la Alianza o la Concertación, Chile va a seguir siendo igual”.

— ¿Cómo cree que nos afecta el actual estado crítico norteamericano?

“Estamos ante una situación difícil. La crisis hipotecaria, el tema del petróleo, el dólar… son circunstancias que presentan muchos desafíos, pero hemos visto que en Chile hay consenso con respecto a la mantención de una buena economía de mercado. Chile, en el contexto regional, es uno de los países más confiables en cuanto inversión y más estable políticamente. Les afecta más el tema del valor de la energía y de las fuentes energéticas, porque dependen mucho del abastecimiento foráneo. Otros temas relevantes son las inversiones que tienen en dólares. Si el precio del dólar baja, las inversiones chilenas bajan. Esas son áreas donde probablemente hay preocupación. Pienso que ésos son hoy temas sensibles para la economía chilena”.

— Economía es riqueza, ¿para Chile educación es riqueza?

“En EE.UU. valoramos mucho la educación, porque la igualdad para recibirla es fundamental porque permite la movilidad social. El acceso a buenos servicios, buena educación, buena salud… es lo que permite que las personas puedan competir, no importa si son mujeres, negros, ricos, pobres de “buen” o “mal” apellido”.

— ¿Actúan unidas educación y economía?

“Personas más capacitadas atraen más inversión, porque hay más gente que se puede emplear para trabajar en distintas industrias. Chile tiene harta gente educada, pero podría tener más y atraer más inversión y, lograr así, un mayor avance social”.

Desafíos energéticos

— Ante los desafíos energéticos nacionales, ¿cómo podrían ayudarnos?

“El Senador Lugar, mi jefe, escribió hace un año una carta sobre la relación de cooperación entre EE.UU. y Chile. Lo hizo porque entendió que aún dependen desproporcionadamente de las fuentes de energía extranjeras. Chile ha mostrado interés por diversificar su canasta energética. Han hablado de energía alternativa (biodiesel, celulosa, viento, solar, nuclear…) y nosotros, como país amigo, podemos ayudar”.

— ¿A cambio de qué?

“No es un trueque ni una conspiración. Tienen que entender que también lo vemos como una manera de tener al sector privado invirtiendo o ayudando a desarrollar distintos procesos de inversión en energía. Es el mercado. Cuando ustedes quieren hacer avances en energía eólica, hidráulica (en la son muy buenos) o aprovechar las corrientes del mar, están hablando de intereses privados norteamericanos con tecnología que quieren vender o usar. Ellos también pueden cooperar con los chilenos que, a su vez, han sido muy receptivos, porque existe la necesidad de crear una infraestructura energética”.

— ¿Qué tipo de energía es de interés local prioritario?

“Energía eólica, termoeléctrica y solar. Nosotros somos un país que ya ha empezado a hacer mucho trabajo con respecto a estos temas, porque después del 11 de septiembre, mucha gente se animó a dejar de ser adicta al petróleo y a fuentes foráneas de energía”.

“El sector académico norteamericano también quiere buscar y descubrir nuevas fuentes energéticas como la celulosa, porque ayudan a tener más opciones. Nos gustaría tener una pauta específica para trabajar conujntamente, tal como lo hicimos con Brasil”.

— Hay estudios privados para una nueva central nuclear en Chile…

“Chile es soberano y decide lo que le conviene. Estamos dispuestos ayudar -especialmente con capacitación-, cuando delimten sus necesidades. Si siguen ese sendero, necesitarán ingenieros nucleares, desarollar convenios en esas áreas. Con lo nuclear se plantean temas importantes especialmente, con respecto a la seguridad de los residuos y de la contaminación ambiental. Brasil y Argentina están interesados en desarrollarse en esta área, es natural que Chile quiera hacerlo, aunque –para EE.UU:- es fundamental que ocurra de acuerdo a las regulaciones propias e internacionales”.

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