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El autor tiene actualmente 92 años de edad y fue clave en la mítica muestra "Rostro de Chile"

Domingo Ulloa: libro inédito rescata a un maestro de la fotografía chilena

sábado, 24 de marzo de 2018

Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio

A través de 65 imágenes y varias horas de entrevistas , su ex alumno Víctor Mandujano recupera el legado de este artista excepcional, que fue considerado el mejor laboratorista del país, y que además formó a 20 generaciones de periodistas.



Tenía 13 años y era tan buen gimnasta que actuó en la inauguración del Estadio Nacional, en 1938. Paradójicamente, el deporte detonó la vocación artística de Domingo Ulloa Retamal (1925), uno de los maestros de la fotografía nacional. Sucedió que su compañero en el Liceo Valentín Letelier, y futuro arquitecto, Sergio González, tomó fotos de la ceremonia y le preguntó a Ulloa si quería ver cómo revelaba las imágenes.

"Hasta tenía laboratorio en casa. Entonces me metí en ese mundo y descubrí el milagro más bonito que uno podría imaginarse. Procesábamos los rollos, los secábamos con alcohol (para tener los negativos cuanto antes), y nos poníamos a copiar en papeles, lo que requería de un largo tiempo de exposición", recuerda Ulloa, en una de las siete entrevistas de entre 30 y 45 minutos que le hizo en los últimos años Víctor M. Mandujano y que ahora son parte del libro "Domingo Ulloa. Revelando a Chile" (Lom Ediciones, 128 páginas, $19 mil).

El periodista fue uno de los 1.200 alumnos que tuvo Ulloa en la cátedra de Fotografía Periodística en la Universidad de Chile, entre 1962 y 1983. Y lo marcó tanto que decidió rendirle este homenaje. "Él se entusiasmó bastante con el libro y tuvo mucha paciencia, pese a su avanzada edad, para contestarme todo con una memoria impecable. Lo respeto profundamente. Gracias a su enseñanza pude dedicarme, en algunas etapas de mi vida, a ganarme la vida como fotógrafo", dice Mandujano, quien además de haber trabajado 11 años en "El Mercurio" fue editor fotográfico del Diario Financiero.

Solo existe un libro previo dedicado a Ulloa, pero se limita a su trabajo con el Ballet Nacional Chileno. La nueva publicación, que fue financiada por un Fondart, ofrece, en cambio, una panorámica de su trayectoria, con paisajes naturales y arquitectónicos, y decenas de retratos humanos. "Donde hay gente, Ulloa es sensacional; es más reportero gráfico que paisajista, buscaba siempre el mejor de los ángulos y la mejor luz", dice Mandujano.

"Era un mago del laboratorio. Era exacto, preciso. Y eso se explica porque fue discípulo de quien quizás sea el mayor fotógrafo del país, Antonio Quintana, quien además de tener una visión humanista de la fotografía era profesor de Química y de Física, de forma que en el laboratorio tenía la misma rigurosidad que si estuviera trabajando con bacterias", agrega.

En el libro, Ulloa recuerda sus años de estudiante en la Escuela de Artes Gráficas, la forma en que le impactó conocer el trabajo de Antonio Quintana y las supercherías que tuvo que erradicar en 1952, cuando asumió como jefe técnico del Laboratorio de Fotografía de la U. de Chile. También hace gala de una estupenda memoria al nombrar a todos los "alumnos de 7" que tuvo en 21 años de docencia, y al describir las tertulias que organizaba en su casa de Marcoleta, siempre "sin trago, para poder conversar", con decenas de estudiantes y figuras culturales.

Habla también de su amistad con Pablo Neruda, Camilo Mori, Acario Cotapos, y de algunos viajes de trabajo. Como cuando se encontró con Sergio Larraín, en La Paz: "Anduvimos juntos fotografiando mercados indígenas, donde no permitían que entraran blancos. Nos tiraban naranjazos, mandarinazos. Igual hicimos nuestras colecciones y entramos a preciosas iglesias".

También cuenta cómo se hizo la muestra "Rostro de Chile", que entre 1960 y 1969 recorrió todo el país, además de ciudades de América, Europa y Japón. La dirección artística era de Antonio Quintana y Roberto Montandon, y este último hizo el guion. Ulloa, como jefe técnico, estuvo a cargo del revelado y las ampliaciones. Fueron tres años de trabajo: "Logré que todos los negativos tuviesen la misma densidad, lo que permitía que cualquiera de ellos fuese ampliado a grandes formatos", señala Ulloa en el libro.

En total, hizo más de 13 mil ampliaciones de 13 x 8 cm, y luego eligieron 350 imágenes, 50 de ellas de Ulloa. Y él hizo 2 copias de cada una, de 2 y 3 metros de altura. "Estas ampliaciones gigantes eran muy complejas, pero él supo exactamente cómo lograrlas. Por algo Ulloa es considerado el mejor laboratorista que ha existido en Chile", destaca Mandujano.

Ulloa revelaba por inspección, con una luz verde oscura que ilumina muy poco, pero suficiente, cuando la vista se acostumbra, para controlar que el contraste de la película sea óptimo, que es la única manera de que una copia salga buena.

-¿Cómo se distingue a un laboratorista excepcional?

"Aunque suene curioso, eso se nota en el color de una foto en blanco y negro. Es decir, que aparte del blanco y del negro, la foto tenga por lo menos diez o doce tonos de gris. Que se rescaten las gamas".

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