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Maneja un grupo empresarial desconocido, Interpetrol, con ramas en la minería, los sondajes, el negocio inmobiliario, la industria petrolera y los plásticos. Y ahora Carlos Celle Cafferata (75 años, ingeniero civil de la U. de Chile) está a cargo de un hito de la ingeniería nacional: instalar una torre metálica de 30 metros en la cúspide de un volcán semiextinguido en la cordillera de los Andes. Celle hizo historia cuando, hace ocho años, le vendió a Cencosud, controlado por Horst Paulmann, el codiciado paño frente a Alto Las Condes, en avenida Kennedy con Padre Hurtado Norte, terreno cuyo destino para el grupo de retail es otro desarrollo comercial, conocido como proyecto Alto Las Condes 2. Con los recursos de aquella venta, Celle invirtió en nuevos terrenos en avenida Kennedy en Santiago, y hoy planea desarrollar un conjunto habitacional en Buin, donde posee 25 hectáreas. Hijo de un inmigrante italiano que se avecindó en Valparaíso, Carlos Celle estudió en la Scuola Italiana y luego optó por ingeniería civil en la Universidad de Chile. Tras su paso por Beauchef, donde fue compañero del fundador de GTD Manquehue, Manuel Casanueva, entre otros, partió becado a Estados Unidos, para cursar un MBA en Indiana. Tras ello, se quedó trabajando por 10 años para Cameron, compañía que se dedicaba a la producción de equipos para perforaciones para la industria petrolera. Fue en esa compañía donde hizo carrera por distintas latitudes. Estuvo en Argelia como gerente poco después de que este país norafricano se independizara de Francia y los argelinos se negaban a tener jefes franceses. Estaba en Italia cuando se produjo el golpe militar en Chile, y su indefinible origen -chileno-italiano, pero con pasaporte estadounidense- le sirvió para confraternizar con profesionales de las más distintas nacionalidades. En dicha compañía llegó a ser gerente general para América Latina en 1978, cargo con sede en Buenos Aires. "Me tocó vivir de todo: desde la guerra de las Malvinas hasta la ofensiva contra Chile", cuenta. Pero otra vez la mixtura de su origen lo salvaguardó de malas experiencias. "Conocí a ejecutivos chilenos a los que les hicieron la vida imposible en Argentina en ese tiempo", rememora. Luego optó por la independencia y gestó su primer emprendimiento en el mismo rubro de servicios para la industria petrolera. Así llegó a Enap, en 1982, ofreciendo servicios en Magallanes, pero también a otras petroleras sudamericanas, como la argentina YPF y la brasileña Petrobras. Cinco negocios de un grupo desconocido El Grupo Interpetrol que gestó Carlos Celle tiene cinco áreas de negocios. A través de la filial Comacsa transportan desde hace 12 años la producción de ácido sulfúrico desde Chuquicamata a Radomiro Tomic, donde se usa para procesar cobre de esa faena. Celle destaca que eso se ha hecho sin accidentes, en un proceso en que un subproducto, como el ácido sulfúrico, se transforma en un insumo para otro proceso minero de una faena aledaña. El contrato con Codelco dura hasta 2022. El segundo negocio de Interpetrol es el tratamiento de residuos líquidos (riles) desde la refinería de cobre de Ventanas en Codelco. Esto, a través de la firma Ril-Light. Celle explica que mediante un proceso químico, los minerales presentes en los residuos se recuperan y sale agua limpia. El material sólido resultante se entrega para su tratamiento posterior a Hidrosan. La otra rama, el corazón del negocio, se denomina Indepro IP. Se dedica a la perforación y el sondaje minero en el área de la exploración. Con ella han tenido clientes como SQM, Codelco, Quebrada Blanca, Escondida y El Soldado, entre muchas otras empresas. Celle cuenta que en los últimos años ese negocio "se fue a cero" y de ahí que empezaran a potenciar las otras ramas. Otra actividad desconocida de este grupo es la producción de cajas plásticas. Celle dice que les venden a los grandes retailers receptáculos para guardar ropa, juguetes, o lo que sea. "Son las típicas cajas que encuentra en el Easy o en el Homecenter", dice, mostrando las fotos respectivas. Este negocio data de 1986, cuando en un afán de diversificarse del negocio petrolero adquirió Plásticos del Pacífico. "Interpetrol la compró en tiempos de crisis, y la seguimos teniendo ahora". Y a una quinta rama del grupo, que fue heredera un poco de la transacción realizada con Horst Paulmann hace nueve años: el inmobiliario. Con el dinero resultante de esa operación, Carlos Celle invirtió en distintas propiedades en Santiago, principalmente en la avenida Kennedy y Buin, esperando que subieran de precio, cambiaran los planes reguladores y aumentara su plusvalía. Hoy están negociando con un constructor un proyecto de vivienda para la clase media en Buin, donde tiene 25 hectáreas. "Inicialmente era para vivienda social, pero como subió de precio el terreno y queda en el centro de la ciudad, estamos reformulando el proyecto", cuenta el multifacético empresario. Además de todos estos negocios, Carlos Celle Cafferata tiene lo que llama "intereses" -o, más bien, inversiones- en el exterior. En concreto, posee una parte, que prefiere no detallar, de una fábrica de pellets de madera en Carolina del Sur, la zona forestal más fructífera de Estados Unidos. Es lo único que le queda fuera de Chile, aunque en su momento tuvo negocios de perforación en México, donde se retiró por problemas de seguridad del personal, y en Brasil, donde se replegó, debido a que se necesitaba más capital y espaldas financieras.