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Tesoro Colonial

sábado, 24 de febrero de 2018

Texto, María Cecilia de Frutos D. Fotografías, Max Donoso.
Patrimonio
El Mercurio

Esta construcción de adobe y tejas se conserva en excelente estado con sus cerca de 180 años de vida. Por generaciones en manos de la familia Urrejola, Rafael es un ejemplo de conservación del patrimonio rural ubicado en la comuna de tomé.



Seis generaciones de la familia Urrejola han disfrutado de esta propiedad que se ubica al norte de la provincia de Concepción, en la comuna de Tomé, desde que José Francisco Urrejola comprara en 1834 la hacienda Ranguelmo. Ahí construyó las casas de adobe de largos corredores y techos de teja siguiendo la tipología de la arquitectura chilena, "en un bajo que protegía de los vientos, cerca del río Rafael", explica Teresa Pereira -autora del texto que habla de ella en el libro "Casas de Campo Chilenas, desde el Valle del Maule hasta el Valle del Cautín"-. "Estaba formada por distintas alas con corredores que encerraban dos patios, bodegas y graneros. Era una casa volcada hacia el interior, que defendía de las incursiones de los bandoleros".

De los once hijos que tuvo José Francisco con Clara Unzueta, dos de ellos heredaron Ranguelmo, y la parte llamada "Rafael", que comprendía 650 cuadras, quedó coincidentemente en manos de Rafael Urrejola -quien murió muy joven en el mismo fundo-: su hijo Alfonso Urrejola Mulgrew heredó y compró a sus hermanos y a su madre, y se dedicó al cultivo del campo e inició plantaciones forestales.

Se radicó en Rafael durante la crisis económica de 1929, con su señora Eduvigis Arrau y sus hijos, y a la muerte de Alfonso, el fundo y las casas fueron administradas por su sucesión. Pero fue su hijo mayor, Alfonso Urrejola Arrau -intendente de la provincia de Concepción entre 1964 y 1970, además de alcalde de la ciudad de Concepción hasta 1975- quien trabajó el campo y terminó por comprar las tierras a sus hermanos; y hoy es su hija Carmen Urrejola del Río y su marido Luis Alberto Aninat quienes están a cargo de ellas.

El cuidado que han tenido con la casa es evidente al ver el buen estado de sus fachadas, corredores, pesebreras, las lindas hortensias del jardín, y la magnífica encina plantada aproximadamente en 1900. "Tiene un mobiliario antiguo que ha permanecido en ella por generaciones, el cual hemos complementado buscando piezas en anticuarios de Santiago y Buenos Aires. Lo hemos conservado y restaurado, siempre con el mismo estilo impregnado por nuestros antepasados", cuenta Carmen Urrejola.

Durante todo el año la familia viene a la casa, pero sobre todo en verano Rafael es punto de encuentro entre hermanos, amigos, hijos y nietos. "Es muy confortable. Le hemos incorporado ciertas comodidades de la vida actual, aunque siempre respetando su sello colonial. Además, junto con preservar los antiguos árboles que rodean la casa, hemos mejorado el jardín e incorporado otras actividades al aire libre como piscina, cancha de tenis y juegos para niños", agrega Carmen.

Afortunadamente, la antigua construcción ha sabido resistir bien los terremotos, con excepción del de 1939, cuando perdió un segundo piso habitacional en una de sus alas; sin embargo, han tenido el cuidado de restaurarla siguiendo las antiguas técnicas de construcción en adobe, cuando ha sido necesario hacer reparaciones, por lo que Rafael seguirá por mucho tiempo más siendo un ejemplo de conservación y resguardo del patrimonio.


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