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"Había una vez una niña que solía cantar con su hermana mientras limpiaba lápidas en el cementerio. Su nombre era Violeta". Así comienza el cuento de Violeta Parra, una de las mujeres rebeldes incluidas en el segundo volumen de "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes" (Planeta), de las italianas Francesca Cavallo y Elena Favalli. El libro llegará en marzo a Chile y promete continuar con el éxito que tiene a la primera parte hace 35 semanas en el listado de los libros más vendidos de la Revista de Libros: apareció el 11 de junio, directamente en el segundo lugar, a la semana siguiente llegó al primero, y desde entonces se ha movido entre los tres títulos más vendidos, con 30 mil ejemplares en menos de un año. Estos cuentos para niñas rebeldes no son ficción. Usando el formato del cuento de hadas (había una vez...), hacen breves perfiles de 100 "grandes mujeres" o "valientes pioneras" que se sobrepusieron a las limitaciones impuestas a su género, que hicieron lo que querían hacer: en el caso del primer volumen aparecen, por ejemplo, desde la matemática inglesa Ada Lovelace (1815-1552), quien creó el que se considera el primer programa computacional de la historia, hasta la directora de orquesta china Xoan Zhang (1973), pasando por la emperatriz rusa Catalina La Grande (1729-1796), la tenista estadounidense Serena Williams (1981), la partisana italiana Claudia Ruggerini (1922-2016), la escritora chilena Isabel Allende (1942) o la pirata irlandesa Grace O'Maley (1530- 1603). Punto aparte merece Coy Mathis, una alumna estadounidense nacida en... 2007. Tal cual. "Un día nació un niñito al que sus padres llamaron Coy. A Coy le encantaban los vestidos, el color rosa y los zapatos brillantes", dicen las primeras líneas de este cuento sobre una niña transgénero. Sin referentes El segundo volumen continúa con la variedad de ocupaciones y diversidad de países, además del trabajo de 50 ilustradoras. Hay cuentos de escritoras, cazadoras, científicas, deportistas, empresarias, comediantes, músicas, activistas y revolucionarias, actrices, entre otras. Y se incluyen nombres que algunos extrañaron en la primera parte, partiendo por la creadora de "Harry Potter", J. K. Rowling: "Su manuscrito sobre Harry fue rechazado una y otra vez, pero finalmente, un editor lo aceptó. Solo se imprimieron unos cuantos miles de ejemplares y le pidieron a Joanne que cambiara su nombre por J. K., pues temían que los chicos no quisieran leer un libro escrito por una mujer". También están Agatha Christie, Audrey Hepburn, Beyoncé, Celia Cruz, Oprah Winfrey, Peggy Guggenheim, Nefertiti y Safo. Cuyas historias, tal como en la primera parte, tienen un marcado tono optimista: algo así como "el que la sigue la consigue". "Es importante que las niñas conozcan los obstáculos que enfrentarán a lo largo de su vida, pero también es esencial que sepan que dichos obstáculos son superables", se lee en el prefacio del primer libro. Detrás de esas afirmaciones está la propia experiencia de las autoras: Elena Favalli es periodista y Francesca Cavallo dramaturga. A fines de 2011 decidieron partir a California, Estados Unidos, a Silicon Valley. Allí crearon Timbuktu Labs, una empresa que genera medios para niños. Según han dicho, las dificultades y discriminaciones que encontraron en su trabajo como empresarias (piropos incluidos, en reuniones de negocios), les hicieron darse cuenta de cuán pocos referentes femeninos rodean el crecimiento de las niñas. Así nació la idea de estos cuentos para niñas rebeldes. Sin embargo, no encontraron apoyo y decidieron lanzar una campaña de financiamiento colectivo. Esperaban reunir 40 mil dólares, para imprimir mil ejemplares. Llegaron al millón de dólares. Lanzaron el libro en 2016, han vendido alrededor de un millón de copias, crearon una comunidad (www.rebelgirls.co) y publicaron el segundo volumen. En paralelo a "Cuentos de buenas noches...", e incluso antes, la industria editorial chilena también se subió a esta tendencia. En particular con los libros "Mujeres chilenas inolvidables", "Chilenas" y "Mujeres bacanas". Todos, exitosos en las ventas. La abogada María Paz Garafulic, socia y editora de Confín Ediciones y directora de la Fundación Había una Vez, menciona tres factores que explican el fenómeno: el reposicionamiento de los libros informativos, la reivindicación del rol de las mujeres en la cultura y la sociedad y, tercero, la forma en la que se están entregando estos contenidos: "El diseño, la gráfica, las ilustraciones, y en general, el modelo de ediciones ha modernizado significativamente este género, quedando atrás los volúmenes informativos más bien áridos y densos, dirigidos a un público erudito, transformándose en libros amenos, cercanos, fácilmente digeribles, comprensibles y visualmente atractivos", explica. Cuestión que los convierte en "una opción al dinamismo propio de las páginas informativas de internet, con la ventaja de que proveen un universo de información acotado y definido, con cuidadas curatorías, confiables". El periodista Esteban Cabezas, autor de 24 libros para niños (chicos y grandes), entre ellos, la serie protagonizada por Julito Cabello, cree que el éxito se debe "a que las mujeres, todas, sufren de discriminación hasta hoy. Y como la historia la han escrito los vencedores, faltaba que la escribieran las 'vencidas'. Hasta ahora, y queda harto por luchar". Isabel Plant, también periodista, y una de las autoras de "Mujeres bacanas", apunta a un ambiente mundial: "Llevamos dos años, más o menos, en que el tema de la mujer se ha tomado la agenda, y eso permea hacia los lectores. Yo creo que había gente muy interesada en traspasarles a sus hijas que pueden hacer lo que ellas quieran, o había lectoras jóvenes, adolescentes, que tenían ganas de saber más historias de mujeres y de adentrarse en esta nueva corriente de feminismo, pero no tenían cómo, porque quizás no se sentían tan políticas, o no iban a leer a la Simone de Beauvoir. Pero si tú les cuentas quién es, de una manera entretenida, quizás se interesan más. Hemos sido un vehículo de acercamiento más pop a los nuevos movimientos feministas". Son menos las heroínas Cabezas y Garafulic coinciden en que aún hay machismo o sesgos de género en la literatura infantil: "Al igual que en la vida real, en el tema de las 'cuotas', son menos las heroínas que los héroes. Aunque, inversamente, creo que hay más autoras que autores. ¿Raro, no?", dice el primero. No es extraño, entonces, que los dos reafirmen la necesidad de estos libros sobre mujeres excepcionales: "Aunque huelan a didácticos, son ultra necesarios -dice Cabezas-. Son ejemplos a replicar, como el de la chef chilena que se acaba de ganar una estrella Michelin (Fernanda Fuentes). Además que hay historias realmente alucinantes que no han sido contadas en formato infantil o juvenil. Como, por ejemplo, uno para niñas que acaba de llegar a librerías: 'Las ideas de Ada', de Fiona Robinson (editorial Juventud), sobre la primera programadora informática del mundo", incluida también en los cuentos para niñas rebeldes y en las bacanas. Cabezas piensa que estos libros los leen, "de preferencia, madres a sus hijas, creo yo. O papás libertarios". Garafulic, por su parte, dice que aunque hay diferencias, y algunos títulos están dirigidos a niños, mientras otros a adultos, una de las particularidades de esta literatura "es el amplio espectro de lectores que abarca", de todas las edades. "La mayoría de estas propuestas tienden a superar el prejuicio de que los libros ilustrados son para niños", agrega. Solo el primer paso Cabezas ve en estas publicaciones una primera etapa, la de "exponer". "Ya vendrán libros más complejos, es de esperarse, como el recién llegado "Mujeres de ciencia", de Rachel Ignotofsky (editorial Nórdica), donde se complementa la anécdota con información científica más dura". Más complejos y menos endulzados. Claro, porque en el caso de "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes", llama la atención su sesgo hacia el final feliz. "Los finales trágicos fueron pasteurizados", dice Cabezas. Por ejemplo, Anna Politkovskaya, la periodista rusa que investigó la corrupción y crímenes del régimen de Putin, en especial en Chechenia, no fue asesinada, sino que "siguió arriesgando su vida hasta que murió". Y en el caso de Hipatia, la matemática y filósofa griega masacrada por grupos cristianos en la antigua Alejandría, ni siquiera se hace referencia a su muerte. Tampoco al suicidio de Violeta Parra... ¿Acaso vamos a contar que todas las mujeres vivieron felices para siempre?