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EL SUR MÁS NATIVO

sábado, 17 de febrero de 2018

Texto, María Cecilia de Frutos D. Producción, Carolina Ovalle N. Fotografías, Viviana Morales R.
Arquitectura
El Mercurio

El Parque Futangue, en la cuenca sureste del lago Ranco, abrió al público hace cinco años como una reserva natural con 100 km de senderos que se adentran en bosques nativos, lagunas, campos de lava, cascadas y un maravilloso paisaje natural. a partir de este verano cuenta también con un hotel de 16 habitaciones, obra de los arquitectos Ignacio Cruz y Tomás Franke, de la oficina Sur Realista.



Uno de los ejemplares mejor conservados de la selva valdiviana está en el Parque Futangue, cubriendo la mayor parte de sus 13.500 hectáreas. Lagunas, ríos, cascadas, praderas, montañas, bosques de lenga y ñirre, son también parte de esta reserva natural ubicada en la cuenca sureste del lago Ranco; además de los circuitos de senderos que durante 20 años se han ido sumando con el único propósito de acercarse a la naturaleza. Este proyecto privado, a 42 km de Futrono, se abrió al público hace cinco veranos, pero solo desde este cuenta con un hotel para recibir a los visitantes que necesiten más de un día para recorrerlo.

El nuevo alojamiento se levanta en medio de un potrero, con los cerros boscosos de fondo, y fue diseñado por los arquitectos Ignacio Cruz y Tomás Franke, de la oficina Sur Realista (www.sur-realista.cl). Se trata de un volumen sencillo, alargado y de un piso, en el que solo se usaron maderas que se pueden encontrar en el parque, como mañío, coigüe, lingue, ulmo y roble. Estas se dejaron con su color natural, y al combinarse en muros, pisos, cielo, pilares y vigas, generan ritmo y variaciones de tonos muy atractivas, y que resaltan aún más por las luces que se introducen al interior, a través de lucarnas en distintas orientaciones.

El uso de estas maderas nativas le dan al espacio un carácter muy acogedor, mientras la arquitectura se encarga de que el proyecto se vea liviano, moderno y con un sello muy local. Por fuera aparece el color, con una cubierta negra y forros de las fachadas grises. "Esto guarda relación con las construcciones de la zona. De este modo la edificación queda con la vibración y profundidad propia de la naturaleza", explican los arquitectos.

En unos mil m2, los espacios se van sucediendo a lo largo de un pasillo de doble altura que los organiza, y las 16 habitaciones -cada una tiene el nombre de un árbol del parque- aparecen hacia ambos lados de este. Living, comedor-bar y terraza están agrupados en uno de los remates del volumen, abiertos a las vistas más lindas: los prados con ganado, la selva densa y el Cerro Mayo, una de las cumbres más altas de la cuenca del Lago Ranco.

La inspiración para ambientar el hotel fue el de una casa de campo, muy cómoda para acoger a los huéspedes después de un día de expedición o pesca. La diseñadora Gabriela Rivadeneira se encargó de darle ese sello y utilizó elementos muy propios del sur de Chile, como pieles, cueros, lanas y maderas viejas. Los únicos cuadros corresponden a ilustraciones botánicas hechas por Josefina Valenzuela, de tres especies que crecen en el parque: arrayán, luma y chilco.

Cerca del hotel la vegetación es silvestre, solo se han plantado flores, arbustos y árboles que se ven en la zona. La idea es que haya una armonía total entre el entorno y la arquitectura, y que este lodge -que contará también con spa- sea un lugar de descanso que nunca pierde de vista la magnífica naturaleza que lo rodea (Ruta T-85, Riñinahue km 22,
www.parquefutangue.com).

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