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Programa de la UC que busca enseñar contenidos atrasados suma alumnos:

La mala base en matemáticas es un problema transversal al entrar a la universidad

domingo, 11 de febrero de 2018

Lorena Guzmán H.
Educación
El Mercurio

La nivelación de quienes no alcanzaron a pasar toda la materia en el colegio es clave para disminuir el fracaso en los primeros ramos matemáticos.



Hace unos seis años, la mitad de los alumnos de la Universidad Católica reprobaba al menos un curso de matemáticas. "Esto era un desastre para la educación de excelencia que queríamos dar. Nosotros estábamos haciendo mal el trabajo", dice Mario Ponce, decano de la Facultad de Matemáticas UC.

Un poco antes, el mismo académico encabezó los inicios del Programa de Inserción a la Matemática Universitaria (PIMU), una iniciativa que busca nivelar a los estudiantes de primer año que entran con conocimientos poco suficientes. "Era un problema que teníamos hace tiempo y del que no nos habíamos hecho cargo", detalla.

Mejoras ampliadas

Aunque empezó como una iniciativa acotada, este año poco más de 2.600 novatos rindieron el test que evalúa sus eventuales deficiencias en matemáticas. Si bien la nivelación es obligatoria para las carreras de Ingeniería Civil y Comercial, el resto de los alumnos la pueden tomar de forma voluntaria.

Ese fue el caso de Antonia Bravo, quien el año pasado entró a estudiar Agronomía. "Me fue bien en el test, pero reprobé el ramo de matemáticas. Creo que me confié, que no estudié lo suficiente y había materia que no me pasaron en el colegio", confiesa. Por eso, el segundo semestre decidió tomar las tutorías, donde una vez a la semana se juntaba con su tutor y con otros alumnos para revisar la materia e, incluso, adelantarse a la clase siguiente. "El primer semestre reprobé con un 3,4, en cambio el segundo lo pasé con un 4,9", dice orgullosa. Las tutorías no solo le dieron una nota, agrega, sino también herramientas para el ramo siguiente (Cálculo I) y más confianza.

"Los alumnos que hacen la nivelación obtienen en promedio entre medio y un punto más en la nota final del ramo que los que no la hacen y que salieron mal evaluados inicialmente", dice Mario Ponce.

Si bien el proyecto partió como una forma de ayudar a los alumnos que entraban a través de los programas "Inclusión de talentos", con el tiempo quedó claro que la brecha en matemáticas no era exclusiva de los alumnos con menos recursos económicos. "Tal vez en ellos hay un mayor porcentaje, pero se da en todas partes igual. Es un problema transversal", dice el académico. Y lo peor, asegura, es que va aumentando.

La evaluación separa a los novatos en tres grupos: los que pueden hacer el curso sin mayores dificultades, los que dieron una buena PSU, pero hacen todo mecanizadamente, y quienes solo manejan los contenidos hasta 8° básico. "El problema es que el primer grupo ha disminuido, mientras que los otros dos están aumentado", dice.

Además del test y de las tutorías, el ajuste para disminuir esta brecha también implicó modificar los cursos de matemáticas. Así, se agregaron contenidos que por programa debieran ser cubiertos en el colegio, lo que no se hace, y se quitaron otros. "Es cierto que tienen un menor grado de complejidad si se compara con lo que estudiaron los padres de los alumnos, por ejemplo, y también que para formar profesionales de excelencia no es necesario matemáticas tan complicadas", opina el académico.

Loreto Aqueveque, estudiante de último año de Estadística, es tutora hace cuatro años. "Los alumnos terminan el semestre muy agradecidos y con mucha confianza", cuenta. Incluso, si llegan a reprobar el curso, lo que han aprendido les ayuda a no desanimarse, agrega.

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