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Periodista especializada en salud pública abordará el tema en el Congreso Futuro:

Uso de antibióticos para engordar pollos es en gran parte responsable de la resistencia a estos fármacos

viernes, 12 de enero de 2018

Paula Leighton N.
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

En su libro Big Chicken, Maryn McKenna desentraña la relación entre el uso de drogas antibacterianas en la industria avícola y su creciente inefectividad para tratar a humanos.



Cuando la periodista Maryn McKenna compra pollo en el supermercado, mira atentamente la etiqueta buscando frases como "criado sin antibióticos" o "jamás antibióticos". Si lo compra en un mercado local, averigua con el productor o el vendedor cómo fueron criados sus pollos, y cuando lo quiere pedir en un restaurante y la carta no alude al uso de antibióticos en sus carnes, simplemente le pregunta al mozo.

"Pero en EE.UU. hay demanda por la carne libre de antibióticos, así que muchos restaurantes anuncian que su carne lo es, porque saben que atraerá clientes", dice McKenna a "El Mercurio" desde Atlanta.

Cuando se trata de antibióticos en el pollo, su interés está más que justificado. Especializada en salud pública y políticas alimentarias, en septiembre McKenna publicó Big Chicken, elegido por distintos medios como Mejor Libro de Ciencia de 2017, Lectura Esencial de Ciencia, Mejor Libro de Salud y Mejor Libro sobre Comida 2017.

En él describe cómo el uso habitual de estos fármacos en la industria del pollo --la carne más consumida en su país y también en Chile-- está contribuyendo al alza desatada de la resistencia a los antibióticos alrededor del mundo.

Rasguños mortales

Invitada al Congreso Futuro -que comienza el lunes-, McKenna dictará una charla magistral sobre "El shock de los antibióticos", el jueves 18 a las 10:25 en el ex Congreso Nacional (Santiago), y el martes 16 expondrá en el Teatro Regional de Rancagua.

Casi desde que los antibióticos existen, en la industria avícola --así como en la de vacunos, cerdos y salmones-- estos fármacos se les han dado a los animales en el alimento y en el agua no para tratar enfermedades, sino para que suban de peso más rápido. Y luego, para prevenir infecciones a las que son más vulnerables debido al hacinamiento en que son criados.

"Cerca de dos tercios de los antibióticos que se emplean con esos fines también se usan contra enfermedades que afectan a humanos. En consecuencia, cuando el uso agrícola genera resistencia en las bacterias, también se arriesga su uso como medicamento en humanos", dice en su libro, aún no traducido al español.

Como resultado, la resistencia a los antibióticos hoy causa 700 mil muertes anuales en el mundo y complica el tratamiento de millones de personas (2 millones de ellas al año solo en EE.UU.). De no detener esta tendencia, advierten infectólogos y resume McKenna, en un futuro cercano podríamos entrar a "una era post antibióticos en la cual intentar una cirugía sea demasiado riesgoso y problemas de salud tan habituales como rasguños, extracciones dentales o fracturas de piernas, impliquen un riesgo mortal".

Afortunadamente, la mayor conciencia sobre este problema ya está generando cambios (ver recuadro).

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