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Un galpón sorprendente

sábado, 13 de enero de 2018

Texto, Soledad Salgado S. Fotografías, Viviana Morales R.
Arquitectura
El Mercurio

El reciclaje es el tema principal en esta casa ubicada en Quemchi. Con planchas de zinc, puertas, pilares y hasta una escalera reutilizada, la oficina Ortúzar Gebauer Arquitectos diseñó un volumen que encanta por su simpleza y que acoge a una amante de la cocina y su familia.



La casa de Francisca Pacheco en Tubildad, Quemchi, es una total sorpresa. Desde el acceso al sitio -una pendiente suave con un telón de fondo marino-, la imagen de lo que podría ser un granero avisa que aquí hay algo por descubrir. Si por esta cara el hermetismo es casi total, hacia atrás se abre hacia la playa con ventanales que permiten una considerable dosis de luz que baña los espacios. "Es como esos galpones perdidos en los campos que no pretenden nada. Una vez que entras por la chiflonera, pintada de negro, aparece el guión", explica el arquitecto Eugenio Ortúzar, autor de la casa junto con su mujer, Tania Gebauer. La apuesta fue realizar una obra sin ornamentos, solo revestida con latas de zinc.

Si bien la dupla se encargó del diseño, su propietaria se involucró al 100%. Arquitecta de profesión, aunque ahora trabaja como gerente en el restorán "Aquí está Coco", sabía muy bien lo que quería y le había tomado el pulso al terreno durante los 10 años que lleva en sus manos.

Su papá (Coco Pacheco) tenía una casa en Tengo, frente a Puerto Montt, donde veraneaban juntos; sin embargo, la llegada de una maestranza, y el ruido que trajo consigo, los hizo buscar un sitio tranquilo para trasladarse en familia. "Somos muy unidos. Compramos un primer paño y fuimos ese verano de camping; después empezamos a ocupar una pequeña cabaña existente. ¿Y me vas a creer que lo primero que hicimos fue el quincho familiar? Los Pacheco somos así; la cocina es lo más importante", dice riendo. Con el tiempo agregarían otro paño, donde está la casa de Coco.

Fue el incendio del restorán en 2008 lo que le permitió conseguir varias piezas para su futura casa, ya que buscando materiales de construcción para el local, se fue topando con elementos valiosos que conservó por años. Lo primero: una gran escalera de una demolición en Osorno. "Tuve paciencia y la guardé, me gusta tener elementos que hablen de otras épocas", dice. Así, la casa partió con este potente elemento que los arquitectos incorporaron en la doble altura del living, para llegar hasta el segundo nivel, donde están los dormitorios.

Eugenio, por su parte, teniendo en cuenta la determinación de Francisca -"Pollo", como la llaman- consiguió planchas de zinc en Chiloé, varias de una forestal que desarmó sus antiguos galpones: "La idea era explorar en el tema reciclaje, que el exterior tuviera un aspecto gastado. Adentro, además, pusimos pilares de roble y laurel también usados".

La cocina era clave: "Fue como hacerle el altar a un cura", dice Eugenio. Lo más atractivo es que tiene un sector sucio, atrás, unido por un vano, donde se van dejando las ollas y platos usados. Así Francisca puede cocinar con sus amigos y familia; un pasatiempo que le encanta y con el que congrega en un dos por tres hasta a 15 personas. Por eso escogió una mesa grande que era del restorán "De Ramón", en El Arrayán, y que ha estado con su familia por 30 años. "La comida siempre nos reúne. Y soy, por lejos, la más cocinera de todos", dice.

Hacia un costado de la doble altura está la salita, y hacia el otro, los dormitorios.

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