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CALBUCO.– La presión de la comunidad, especialmente de las familias de trabajadores, logró quebrar el movimiento huelguista del sindicato de la empresa salmonera Aguas Claras. Y así, tras 40 días de paralización y cierre de la planta, la compañía anunció ayer su reapertura.
Cerca de las 16 horas ya había unos 300 de los 870 operarios, reunidos en el casino de la fábrica, manifestando su decisión de volver a trabajar.
Muchos ingresaron en medio de los ataques verbales de los huelguistas que, en un número cercano a las 200 personas, estaban en las afueras de la planta.
Poco antes, los dirigentes del sindicato, fueron advertido por el gobernador provincial de Llanquihue, Óscar Valenzuela, que serían desalojados por la fuerza pública si no se retiraban pacíficamente.
"No estamos para que nos vengan a golpear", reclamaba el presidente del sindicato Benjamín Teneb.
Querían su empleo
El gerente de Aguas Claras, Agustín Ugalde, dijo que la decisión de reabrir se dio tras el cese de las acciones violentistas y luego de varias solicitudes de trabajadores que no querían perder sus empleos.
Ugalde manifestó que el retorno de trabajadores superó todas las expectativas y esperan que, de a poco, en la medida que las personas vayan perdiendo el miedo, regresen a las faenas.
Las condiciones del retorno son casi las mismas de la última oferta presentada por la empresa ante la Inspección del Trabajo y que el sindicato rechazó; un reajuste de remuneraciones de 5,6 por ciento y de 9 por ciento para los bonos de producción. Pero se cambió el bono de término de conflicto por un préstamo de $200 mil descontable en 10 cuotas mensuales.
Para hacer borrón y cuenta nueva, "partir de nuevo, sin rencores, en un buen clima", Ugalde dijo que pusieron 200 cupos de indemnizaciones para el retiro voluntario de quienes no quieran seguir trabajando en la empresa. La planta de Aguas Claras emplea a cerca del 20% de la fuerza laboral de Calbuco. Y el impacto de la larga huelga, coincidiendo con el inicio del año escolar, puso a cerca de 900 familias en aprietos. "Hay que reconocerlo", dice Maria Valerio, empleada de una proveedora de alimentos para Aguas Claras, "Calbuco es muy chico y todos nos necesitamos. Nosotros a la planta y ellos a nosotros".
"Muchas familias no pudieron más por los gastos", dijo una trabajadora que aterrada no se atrevía a cruzar "por los gritos" para volver al trabajo.