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Rescate cultural Bienes y memoria

Orden del día: Recuperar la casa de Nicanor Parra en La Reina

domingo, 24 de diciembre de 2017

María Teresa Cárdenas M.
Artes y Letras
El Mercurio

Y también sus cuadernos y manuscritos desaparecidos. Porque si hace casi dos décadas el antipoeta llamaba a "aprender a vivir sin ilusiones", hoy ha puesto todas sus esperanzas en el rescate de su patrimonio y ha pedido que se haga un inventario de sus casas. Con el apoyo de la Universidad Católica, un grupo de profesionales, liderados por Emilio de la Cerda, y varios integrantes de la familia trabajan a las órdenes del centenario antipoeta.



"Lo interesante es que desde hace bastante tiempo Nicanor Parra venía planteando la necesidad de hacerse cargo de su archivo", dice Emilio de la Cerda, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica y ex secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, a quien Nicanor le pidió que hiciera el inventario de sus casas. De la Cerda, que además es su vecino en Las Cruces y suele conversar con él los fines de semana, agrega: "Incluso, en un poema dice que necesita una María Kodama para hacerse cargo de su biblioteca. ('Lo que yo necesito urgentemente', Poemas para combatir la calvicie , 1998). Y el mismo Tololo comenta que esto de la 'operación inventario' lo planteaba hace muchos años".

En agosto, Cristóbal Ugarte, el Tololo, y su madre, Colombina Parra, tomaron la decisión de llevar a Nicanor a La Reina, donde se habían instalado su hijo menor y una serie de personajes indeseables. "Ahí hubo un quiebre -dice De la Cerda-, porque él pudo ver en directo que la casa estaba muy dañada. Yo diría que eso detonó la necesidad de hacer algo, porque fue muy dramático y muy angustioso para él".

Y no es para menos. A sus más de 100 años, Parra se encontró con que "la universidad abierta de La Reina" -como le decían la Violeta y Roberto-, el hogar que había ido construyendo con la ayuda de su hermano Roberto desde principios de los 60, y que fue extendiéndose a partir de una pieza y un baño, se encontraba lleno de basura y en un estado deplorable. Fue entonces que decidió retomar la idea del inventario. "El Tololo, que estudia arquitectura, habló conmigo y lo primero que pensó es que había que darles alguna categoría de patrimonio a estos bienes culturales", explica Emilio de la Cerda. "Yo había sido secretario del Consejo de Monumentos Culturales, por lo tanto, les podía ayudar en toda la parte conceptual y legal", dice.

Pero esta sinergia no era suficiente. "Es tan grande el proyecto y tan importante, que para mí era evidente que tenía que haber una institución capaz de darle un respaldo y una continuidad. Hablamos con el rector y el lo apoyó decididamente", afirma. El propio rector sumó a Evelyn Didier, directora de bibliotecas y del archivo histórico de la Universidad Católica, para que armaran un grupo de trabajo.

El equipo ya está funcionando y se ha organizado en un comité estratégico y un equipo técnico. Además de Evelyn Didier, el primero lo integran Lina Nagel, profesora de la U. de Chile, "una de las autoras de los protocolos del registro de documentación de bienes culturales y, por lo tanto, un nombre clave en este tema", afirma De la Cerda, quien también forma parte de este junto con la ingeniera en informática Eliana González; la historiadora, cientista política y "muy amiga de Nicanor" Carmen Fariña, y tres representantes de la familia: Colombina, el Tololo y Josefa Parra, hija de Juan de Dios.

Cristóbal y Josefa (o Tololo y Lina Paya, como los "bautizó" su abuelo) forman parte, además, del equipo técnico que estará en terreno y trabajarán con Emilia Miller, historiadora, y Daniela Serra, profesora del centro de patrimonio de la Católica. A ellos se suman una persona a cargo del registro audiovisual y un fotógrafo.

Emilio de la Cerda destaca algunos desafíos que enfrentan: "Por una parte, estamos tratando una colección patrimonial compleja, que tiene muchos tipos de bienes y el autor está vivo. Y luego tenemos la responsabilidad y la conciencia de que lo que se puede hacer hoy en términos de restitución de piezas perdidas y de inventariado va a definir o a proyectar muchas futuras investigaciones y evaluaciones de expertos en literatura en la obra de Parra. Estamos hablando de una de las figuras más emblemáticas de la poesía del siglo XX en Chile y también de habla hispana, un poeta que ha tenido un impacto cultural que desborda la literatura. En ese sentido, nosotros estamos en una primera etapa de algo que puede tener muchas derivaciones futuras".

En esta etapa -e incluso antes- se han constatado algunas pérdidas de objetos, artefactos y, lo que es más grave, de manuscritos y cuadernos desde Las Cruces. Pero, tomadas las acciones con el abogado Luis Valentín Ferrada, algunas personas los han devuelto. La familia y Emilio de la Cerda han ido informando de todos estos pasos a Nicanor, desde el entusiasmo del rector por apoyarlos con presupuesto hasta los documentos que se han recuperado. "Lo que ha dicho -cuenta De la Cerda- es '¡fenomenal!, ¡al fin!, después de esto, uno va a poder dormir tranquilo'".

"Hay mucha gente que ha devuelto de manera muy cariñosa y él lo sabe -cuenta Colombina Parra-. Creo que vamos por un excelente camino". Y agrega: "Hay gente que tenía manuscritos por fanatismo, admiración, etcétera, y los entregaron de muy buena manera; pero hay otros que no lo han hecho". El tema, no hay duda, la ha tocado profundamente: "Quién más que mi padre puede decidir el futuro de sus propios escritos. El patrimonio no es comprable. El patrimonio se queda en La Reina para que todo el mundo pueda tener acceso al modo de trabajar de uno de los más grandes de las letras. Como mi padre le ha llamado muchas veces "la universidad de la Reyna", una pasada de un día por esa universidad cambiará el curso de nuestras propias historias y las historias que vendrán. El placer de tener los manuscritos por encima del deber de entregarlos, es absurdo", afirma con mezcla de pena y rabia.

"La solicitud de mi abuelo nos impulsa como familia a preservar su legado y mostrarlo a todos los chilenos, porque les pertenece a todos -señala en ese mismo sentido el Tololo-. La casa de La Reina es una obra antipoética en sí misma, con todos sus laberintos y recovecos. Al entrar en ella da la misma sensación de leer uno de sus poemas: sientes que te está tomando el pelo, pero al mismo tiempo es una tomadura de pelo que te muestra algo que creías que no existía y lo ves más real que nunca".

Como la enorme antena parabólica que todavía luce en el techo de la casa sobre un tubo de acero que alguna vez tuvo la función de captar el agua de las canaletas, pero que a él le sirvió para conectarse en la punta del cerro.

"Vamos a inventariar una colección que tiene diferentes tipos de bienes culturales -detalla De la Cerda-: textiles, pintura, papeles, y entre los papeles algunos son cuadernos, otros son cartas y otros son fotos; que tiene artefactos, o sea un objeto con un cartelito; grabados, muebles; hay objetos que eran de él, de la familia; hay cerámicas. Hay mucha diversidad de materiales y de estrategias".

Otro tema son las casas, pero están muy relacionadas con los objetos, explica Emilio de la Cerda: "Porque si uno piensa que a futuro, incluso antes de ser casa museo o antimuseo, las cosas de él permanezcan en las casas, porque las cosas y las casas son una unidad indisoluble, no puedes tener casas que tengan riesgo de mala instalación eléctrica". Y otro tema que asumen es que el autor está vivo: "Por lo tanto, no se va a inventariar acá para guardar en unas bodegas en otros lados. Los objetos más valiosos, eso sí, habrá que llevarlos a una bóveda, pero otras cosas van a quedar donde están. Hay un trabajo de inventariado in situ , incluso en el caso de Las Cruces, con él ahí, y con una conversación con él en relación a algunas de las piezas, para poder establecer, por ejemplo, su origen o su importancia".

En todo eso deberán trabajar en los próximos tres meses: "Hay una serie de desafíos en términos de inventariado y de estabilización de piezas que nos parecen fascinantes y que aún no están bien resueltos. Y justamente por eso tenemos un equipo tan capacitado", afirma.

La Reina llega a la universidad

Entre las "derivaciones futuras" que prevé Emilio de la Cerda hay una que ya es realidad: la realización, en la Escuela de Arquitectura de la UC, del taller de título "Quite the opposite" sobre las casas de Nicanor Parra.

"Le preguntamos a él cómo sería un antimuseo, tratando de perfilar un poco el tema del taller. Y su respuesta fue Quite the opposite . Lo que está diciendo es 'mira, es justo lo contrario de lo que podría ser un museo tradicional', y eso, ya como pensamiento de arquitectura, puede ser muy interesante. Están las casas de él, que algunas ya existían: la de Las Cruces, también la que se quemó, la de Huechuraba (Conchalí), la de Isla Negra, pero la de La Reina es muy especial, porque él la fue armando en base a diferentes momentos y a diferentes módulos". Y detalla: "Bautiza partes con nombres: la Capilla, la Pagoda; tiene una lógica de autoconstrucción; hay unas estrategias de descontextualización...".

El taller empezará en marzo y durará poco más de doce meses. "Creemos que la casa de La Reina es una pieza súper compleja, y nos gustaría levantarla (dibujarla) con lujo de detalles, que ese levantamiento pase a ser parte del inventario. Vamos a levantar todas las casas, en realidad. Y luego, los alumnos van a especular acerca de escenarios posibles para hacerse cargo de los sitios, de las casas y eventualmente de operaciones museográficas ligadas a parte de las colecciones en estos sitios". Todo eso, por el momento, está pensado solo para la sala de clases: "Por supuesto que la parte especulativa y de proyectos se da en un ámbito académico y no tiene ninguna voluntad de hacerse realidad, pero sí lo que hace es establecer una entrada desde otra disciplina a una dimensión del autor que es muy desconocida y muy relevante".

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