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1836 - 1897 Isidora Goyenechea ilustre empresaria

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Carolina Edwards
Cultura
El Mercurio




Isidora Goyenechea Gallo, hija de Ramón Ignacio Goyenechea de la Sierra y de María de la Luz Gallo Zavala, nació el 1 de enero de 1836 en Copiapó, región de Atacama, a 807 kilómetros al norte de Santiago. Tras la muerte de su padre, y posterior matrimonio de su madre con Matías Cousiño Jorquera, cuando Isidora tenía 5 años, la familia se mudó a Lota -región del Biobío, a 540 kilómetros al sur de Santiago-, para comenzar una nueva vida junto a su hermanastro Luis y su padrastro, quien había recientemente comprado el yacimiento carbonífero de la zona. Luego del fallecimiento de Matías Cousiño, en 1863, la fortuna familiar pasó a manos de su hijo Luis, quien ocho años antes se había casado con Isidora. Cuando su joven y adorado esposo sorpresivamente murió de una tuberculosis fulminante, Isidora, de tan solo 27 años, quedó a cargo de lo que, según el periódico estadounidense The New York Times, era la mayor fortuna existente de la época. A cargo de la Compañía Explotadora de Lota y Coronel, Isidora aprovechó el beneficioso momento que vivía la industria del carbón para no solo mejorar la vida de sus trabajadores, sino también contribuir al desarrollo del país. Aseguró el combustible para las embarcaciones chilenas durante la Guerra del Pacífico; introdujo innovadoras tecnologías en la agricultura y la minería, y fundó el Hogar del Pequeño Cottolengo y La Gota de Leche. Luego, en 1897, construyó la primera planta hidroeléctrica de Sudamérica, el mismo año en que inesperadamente falleció en París. Inteligente, decidida y con un ojo envidiable para los negocios, Isidora Goyenechea, pionera de la responsabilidad social empresarial, ciertamente enriquece nuestra historia y es recordada con cariño por su visión generosa y humanitaria.

"El Creso de América del Sur es una mujer, doña Isidora Cousiño, de Santiago, Chile, y hay pocos hombres o mujeres en el mundo más ricas que ella. No hay fin a su dinero y no hay límite a su extravagancia..."
William Eleroy Curtis,
The capitals of Spanish America (1888)

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