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El lado íntimo de Matilde Burgos

martes, 05 de diciembre de 2017

Por Pilar Segovia i. Fotos: Sergio alfonSo lóPez
Contenido
El Mercurio

el Vaticano, que no solo marcaron su trabajo, sino también la forma gozadora con la que hoy mira la vida. En esta entrevista, la periodista y conductora del programa CNN? Íntimo revela su lado más personal, y dice: ?Ahora en la TV se está valorando la arruga, la experiencia?. Cómo fue crecer bajo el cielo protector de su abuela materna, tras la ausencia de su padre; su pasión por el periodismo y sus cinco años viviendo en Roma como corresponsal en



Cuando en 2012 cerró el  container que trasladaba todas sus pertenencias desde Roma a Santiago, Matilde Burgos -conductora del programa semanal de entrevistas CNN-Íntimo, casada, una hija- recuerda que lloró amargamente.

-De Italia, donde viví cinco años, me gusta que la gente trabaja para tener una vida y no es al revés. Muchas veces yo peleaba contra el sistema italiano, porque decía: son las seis de la tarde, a estos gallos se les cayó el lápiz y yo necesito seguir trabajando como corresponsal porque en mi país todavía no son ni las doce del día. Pero claro, yo estaba allí insertada en un país que no era el mío y tenía que ir acostumbrándome a esos ritmos y a esa capacidad de gozar, de disfrutar. Que uno muchas veces no la tiene acá, que en Chile no existe.

Matilde hoy extraña por sobre todo esa forma de vivir. Con esa voz suave que la caracteriza y esos ojos inquietos que sobresalen de su piel blanca, y que expresan lo que sus palabras no dicen, trata de graficar con pequeños detalles la vida que dejó atrás:

-Tampoco es que uno necesitara grandes recursos para disfrutar e ir a tomarse un trago después de trabajar. A partir de las seis de la tarde, te tomabas una copa de cualquier cosa, un poco de comida, en el mismo bar donde en la mañana habías ido a desayunar. Era algo bien cotidiano. Y también me gustaba esa interacción que se produce entre las distintas clases sociales. Probablemente, allá no hay ese sesgo discriminatorio que hay acá. En Roma yo podía entrar a cualquier parte, en el centro de la ciudad y tomarme un café en la mañana en el mismo lugar donde va el señor del camión de la basura y la señora de la Louis Vuitton de verdad. Y todos felices tomando café en el mismo bar. Acá un obrero no se permite entrar al lugar donde, por ejemplo, estamos sentadas ahora. Entonces eso es violento cuando lo vives acá de vuelta.

 En esos años, Matilde Burgos estaba acreditada como periodista en el Vaticano, y reporteó las crisis económicas en España, en Grecia, también elecciones. Le tocó viajar con el Papa en el avión papal, cuando se empezaron a destapar los primeros casos de pedofilia en la Iglesia.

-Benedicto XVI no era un hombre carismático, pero tenía una enorme valentía de reconocer la verdad y de hablar. Creo que nunca tuvo miedo. Tuvo esa valentía de querer limpiar las cosas. Al venir a Chile, perdí, entre comillas, esas grandes noticias, vividas o reporteadas en primera persona. También, en Europa es un plus ser periodista y en Chile no, acá uno tiene que andar casi pidiendo perdón por ser periodista muchas veces. En Europa, ser periodista es una profesión que tiene reconocimiento y prestigio. No es una carrera de pregrado, sino de posgrado, y en Italia tienes que pasar el filtro de tus pares, cumplir requisitos para ser periodista.

Lejos del padre

 -Yo soy hija única. Mis papás se separaron cuando yo tenía tres años. Eso explica también que yo haya sido hija única. Y mi mamá volvió a vivir a la casa de sus padres. Entonces, mis abuelos maternos se convirtieron en mis papás. Yo tenía una abuela materna que se llamaba Matilde, que este año también habría cumplido 100 años, como la Violeta Parra, y que era una mujer tremendamente fuerte e inteligente. Yo viví como en un matriarcado, por eso que las mujeres no hayan sido iguales a los hombres para mí nunca fue tema. Nunca lo entendí hasta que probablemente llegué a trabajar, porque siempre en mi familia la que se sentaba en la cabecera era mi abuela, que además de ser inteligente, era a little bit dominante. Claro, en mí sacó muchas cosas positivas, pero terminó marginando a mi mamá un poco de la crianza de su propia hija. Mi mamá trabajaba, entonces entre que descansó y quedó fuera.

Matilde dice que no hay momento de su infancia y su adolescencia en que su abuela no estuviera presente.

-No era una gran cocinera, pero había dos cosas que le quedaban maravillosas y que eran sinónimo de la llegada del verano: las humitas y el pastel de choclo. La acompañaba cocinando, pero como ayudante no más. Le encantaba recibir gente y poner la mesa preciosa, heredé ese gusto. Era bien coqueta, en sus fotos de joven parecía actriz de cine; le gustaba vestirse bien, las carteras y los pañuelos, y cada vez que siento el perfume Madame Rochas, casi que la veo. Me enseñó a tejer y durante los inviernos me acuerdo que tejíamos juntas, a crochet o a palillo, así vestía a todas mis muñecas. Era súper dulcera, le encantaba salir a tomar helados y me acuerdo que cuando íbamos de vacaciones a Viña, me llevaba a comprar pasteles al Café Riquet en Valparaíso, que lamentablemente ya no existe.

-¿Y qué pasó con su papá?

-Mi papá después se casó cuando yo tenía 12 años y no lo vi nunca más. Lo vi entre los 3 y los 12...

-¿Tiene medios hermanos?

-Sí, pero no los conozco.

-Pero una reportera, ¿no sabe qué fue de su papá?

-Es que uno de repente no quiere mirar... Mi papá trabajaba en el banco Concepción en esa época. Después nunca más supe de él, así es que no tengo idea qué fue de su vida.

-Y hoy, ¿tampoco?

-Ni idea.

-¿Y él nunca ha tratado de verla?

-Después de los 12 años, nunca más. Yo siempre esperaba. Esperaba el día del cumpleaños, cuando cumplí 15 años, después cuando salí del colegio... Ya después dejé de esperar. Chao.

-Y eso, ¿de qué manera marcó su personalidad?

-No es que me faltara la figura paterna. Mi abuelo se convirtió en mi papá, en mi amigo. Éramos yuntas, ese fue mi papá de verdad.

 A los 6 años, Matilde pidió de regalo una máquina de escribir. Ahí empezó a escribir diarios de vida y un montón de cosas

-Era bien nerd. Me gustaba el tema de la máquina y siempre supe que quería ser periodista. A mí me iba bien en el colegio, en el Compañía de María de Seminario, y me había metido en el biólogo, porque encontraba que era más completo. Y di la prueba y quedé en Medicina en la Chile. Me fue bien. ¡Chuta, qué hago!... Y mi abuela con cara de pescao mirándome, pero finalmente dije uno tiene que hacer lo que le dice la guata. Dejé la inscripción de Medicina, y me inscribí en Periodismo y he sido tremendamente feliz con mi elección

Matilde piensa que en su vocación por el periodismo influyó el hermano menor de su madre, quien también es periodista.

-Mi tío, Rodrigo Silva, se fue en los años 70 a trabajar a Venezuela y formó una empresa de comunicaciones. Él era compañero de curso de Ximena Casarejos (hoy directora ejecutiva de la Teletón). Y a mí me encantaba cuando ella llegaba a la casa de mis abuelos, porque era súper activa, inteligente, guapa, entretenida. Entonces, yo decía, yo quiero ser como ella. Creo que fue más por la Ximena que por mi tío. Yo la amaba y ella sabe que fue mi inspiración

-En 1994 llegó a Canal 13, donde permaneció 17 años, ¿cómo fue ese aprendizaje y qué lecciones saca hoy?

-Cuando uno llega a hacer la práctica, como que te sitúan en tu posición en la vida y uno aprende a ser cola de ratón, y eso nos hizo bien. Sobre todo pensando en la generación de hoy, los millennials, que sienten que todo tiene que estar listo y ya, y dado porque son ellos. Yo vengo de una generación donde había que empezar sirviendo el café, dispuesto a todo con la mejor de las caras. Uno sabía que estaba en un lugar donde mucha gente quería estar. Tenía horario de llegada, pero uno nunca sabía la hora en que se iba a ir. Y a mí me gustaba esa adrenalina. Siempre lo he pasado muy bien en mis lugares de trabajo y eso ha sido un tremendo privilegio.

"Ser lo suficientemente líder"

Además del programa semanal de entrevistas que realiza en CNN, Matilde Burgos hoy es conductora del informativo "Noticias y Perspectivas" en CNN-Chile y participó del programa político "Aquí está Chile", realizado y transmitido en conjunto por CHV y CNN, y donde estuvieron todos los candidatos a presidente, en la primera vuelta.

-¿Cuál es la clave para pasarlo bien en el trabajo y formar equipos?

 -La clave para que un equipo funcione es aplicar inteligencia y humanidad, porque todos tenemos problemas, pero todos necesitamos sentirnos vistos. Siempre supe que a mi equipo tenía que integrarlos primero como personas, porque si no jamás iba a poder tener la colaboración de ellos en lo profesional. Además, confiar. Confiar en la persona que está al lado y que sabe hacer la pega que está haciendo. No ser catete, sino que lo suficientemente líder para contar lo que quieres hacer, para que tu equipo te siga. Y si tengo algún conflicto, yo soy bien directa. Siempre lo voy a decir en la cara, buscaré arreglarlo.

-¿Cómo cree que los demás, su equipo, ven su liderazgo?

 -Mi equipo creo que me ve como una persona positiva y acogedora. Pero saben quién manda. Puedo ser súper amorosa, pero a la hora de hacer las cosas, las hago. Y sé lo que puedo pedir también, porque como partí sirviendo el café, he hecho todas las pegas. Sé si lo que pido es una locura o lo pueden hacer.

-¿Cuál es el mejor consejo que le han dado en su carrera?

-El mejor consejo es que no hay nadie que no importe. Todas las fuentes son válidas, que todas las personas son importantes. Y siento que (mis colegas) no siempre lo ven así y a lo mejor ahí está mi ventaja.

-Siempre se habla de la televisión como una hoguera de las vanidades, ¿qué es lo más duro de sobrevivir en ella?

-Lo más difícil es tener que congeniar, ser mamá, estar al día, la presión de estar impecable, de verse bien, porque al final es televisión. Eso es un tema, no es que sea el gran tema, pero es una presión más. Pero he tenido la suerte de trabajar en equipos que no han sido especialmente odiosos en el tema de las competencias. En el Canal 13 nunca sentí que hubiera una envidia, una carrera así codazo a codazo con alguien por llegar a un lugar, no. Y en CNN creo que cada uno tiene su espacio, y se respeta el espacio del otro. Somos respetuosos del trabajo del otro y sabemos que somos distintos todos. Y por eso yo creo que también nadie quiere ocupar el lugar del otro, porque sabe que no, que son estilos y temas distintos. Nunca ha sido tema, pero sé que en otras partes pasa.

-¿Le gustaría pasarse a la otra vereda y alcanzar un puesto ejecutivo en la televisión?

 -Uno nunca descarta las cosas, pero me gusta más mi vereda. Sobre todo pensando en que idealmente cada vez más se va a valorar a los periodistas seniors, algo que creo que ya está pasando. Antes las mujeres en la televisión tenían menos vida útil y ahora se está valorando la arruga, porque la arruga tiene historia, y la arruga tiene experiencia, y la arruga también puede enseñar a los que vienen. Se ha ido corriendo la edad, porque cada uno se ha ido dando cuenta que la cosa no era tan desechable. Además, veo a mis pares que son más grandes y hoy siguen en televisión sin ningún problema. Y, al contrario, yo me siento mejor ahora que cuando tenía 22 años.

-¿Qué consejo le daría a las generaciones que vienen?

-A las que vienen después de mí, les digo que sean fieles a hacer periodismo, que uno puede preguntarlo todo con respeto, y que cuando uno empatiza con la gente uno puede sacar muchísima más información, y puede entender mejor esa información, porque la comprende desde la persona que te la está dando. Y que hay que mojar la camiseta, hay que tener la ojera, porque estar en la calle hace mucho. *

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