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Seminario abordó los desafíos sobre el tema:

La convivencia escolar vive tensiones entre el ideal y la práctica

lunes, 13 de noviembre de 2017

M. Cordano
Educación
El Mercurio

Muchas veces, la experiencia sobre cómo tratar con los estudiantes choca con lo que la normativa pide a los profesores cuando sus alumnos enfrentan casos de violencia. Los protocolos a veces se sienten como muy punitivos y, por lo mismo, poco actuales.



En la escuela Jorge Alessandri Rodríguez, de la población San Roque, en la Quinta Región, la consigna del último tiempo ha sido trabajar en equipo. "Nuestro sello es ser una escuela afectiva para ser efectiva", dice su director, Enrique Silva, en un video que se subió a la página web del Programa de Apoyo a la Convivencia Escolar (Paces), de la Universidad Católica de Valparaíso. En el clip, la escuela municipal aparece como un establecimiento ejemplar a la hora de favorecer la sana convivencia: profesores y alumnos tienen instancias dedicadas a la comunicación más allá de temas académicos, la institución está abierta a los apoderados y las actividades pedagógicas fuera del aula son comunes.

"A veces hasta ponemos música en los recreos", cuenta la alumna Catalina Olivares, para dar cuenta del ambiente positivo que se vive en el colegio donde estudia.

Aunque este es un ideal que sería conveniente replicar a nivel nacional, "en el panorama actual, la convivencia es aún una utopía". Así lo plantea María Isabel Toledo, investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales y una de los especialistas que participaron en un coloquio sobre convivencia escolar, organizado por esa casa de estudios, a raíz de un proyecto Fondecyt. Este contó con apoyo de Flacso Chile y la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile.

En el encuentro se habló de la tensión entre el ideal y la práctica.

"Si preguntamos en las escuelas por los instrumentos que señala la ley -siendo el principal el Manual de Convivencia Escolar-, nos encontramos con que estos han mantenido la lógica normativa y punitiva que tenían los reglamentos antiguos", dijo Toledo.

La académica explicó que las primeras escuelas (de fines del siglo XX) tenían la tendencia de homogeneizar, disciplinar y moralizar a los alumnos que tenían a cargo. Algo distinto a lo que se espera de un establecimiento actual, donde la meta es "formar ciudadanos para un mundo cambiante, desarrollando competencias".

Esta última tarea supone participación y una mirada de los jóvenes como sujetos de derecho, lo que choca con la idea de imponerles reglas sin muchas veces preguntarles al respecto. El contenido de los reglamentos, "aún no en todos los casos se construye participativamente. Hay escuelas que sí han avanzando en eso, pero como generalidad, todavía nos falta avanzar", explicó María Isabel Toledo.

"Por otro lado, encontramos que hay un discurso que demanda la institucionalidad de avanzar en hablar de convivencia. Sin embargo, curiosamente, cuando se observa y conversa, vemos que no se ha construido en las escuelas un significado, una representación social o una idea de lo que debe ser la convivencia. Todavía no se ha llegado a consolidar esa forma de pensar", agregó.

Desnaturalizar

El profesor de Historia del Liceo Carmela Carvajal, Javier Insunza, nota esta tensión entre el ideal y la práctica en cuanto a convivencia, porque a veces "hay una gran contención entre los procedimientos aprendidos que tenemos los docentes y los procedimientos normados. Muchas veces tenemos resuelta una situación de convivencia, pero sin embargo, esta no sigue la normativa presente. Y esa circunstancia a veces hace que la misma relación formativa que se logró establecer con un estudiante, tenga que vivir una situación de tensión innecesaria para cumplir con la normativa. En el fondo, eso desnaturaliza los procesos".

Este tipo de acciones supone llenar formularios o dar aviso a las autoridades, por ejemplo. "A veces se ve a los encargados de convivencia como fiscales internos".

Para este profesor, "el trabajo docente siempre ha sido descrito como un oficio inmaterial a nivel de conocimientos y a nivel cognitivo. Y esas dos dimensiones no siempre están involucradas en la política y, por tanto, al no estarlo, emergen naturalmente. Y cuando aparece la norma, a veces censura ese desarrollo o lo reprime", explica Insunza.

"Aunque se puede discutir cómo todo está funcionado", para el superintendente de Educación, Alexis Ramírez, en la práctica, en cuanto a convivencia, en el país se ha ido avanzando.

"Hoy se pide cumplir con mínimos legales para mantener cierto orden, garantizar ciertos estándares mínimos". En cuanto a la fiscalización que realiza la Superintendencia de Educación, comenta que a diferencia de lo que ocurría hace unos años, "pasamos a un sistema que ya no es básicamente control financiero; estamos mirando a la normativa educacional en su conjunto. Estamos haciéndonos cargo, diciendo que la normativa educacional tiene un sentido, busca proteger algo".

La Ley de Violencia Escolar, por ejemplo, hoy "exige que (en cuanto a convivencia) las escuelas deben tener especialistas, un plan, una estrategia", indica.

EN CIFRAS
4.504
denuncias de maltrato a estudiantes recibió la Superintendencia de Educación en 2016, siendo la causa más popular de denuncias ese año. Las materias de denuncia que le siguen (con un total de 1.095 y 884, respectivamente) son las relacionadas con medidas disciplinarias que se adoptaron y con la no renovación o cancelación de la matrícula.

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