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El legado del Superciclo

jueves, 09 de noviembre de 2017

Economía y Negocios


Gustavo Lagos
Profesor UC

El famoso superciclo (2003-2013) dejó a Chile numerosos beneficios y a la vez males que es importante analizar.

Entre los beneficios económicos más importantes del periodo se cuentan el pago de toda la deuda externa chilena, el cumplimiento de las metas estructurales de crecimiento, la creación de los dos fondos soberanos, el de pensiones y el de estabilización económico social, y el crecimiento del presupuesto fiscal en 11,7% anual real, desde 20 mil millones de dólares (moneda 2013) en 2003 a 60 mil millones en 2013.

El aporte total de la minería del cobre (incluyendo Codelco, Enami, las mineras privadas GMP-10 y las no GMP-10) al presupuesto Fiscal, de acuerdo a la Tesorería General de la República, fue de 102 billones de dólares moneda 2013 durante este periodo, constituyendo un 20% del total del gasto del Fisco. Codelco contribuyó con 12,2% mientras que la minería privada sumó 7,8%.

El crecimiento promedio del PIB per cápita medido en dólares constantes de 2011 con poder compra paritario fue 2,8% anual, avanzando desde 15.700 a 21.700 US$ 2011 ppp/cápita, según el Banco Mundial. El crecimiento durante la crisis asiática había sido la mitad, es decir 1,4% anual.

Entre los indicadores socio económicos más relevantes, la pobreza se redujo desde 29,1% en 2006 a 14,4% en 2013 de acuerdo al Ministerio de Desarrollo Social, y el índice de Gini se redujo modestamente desde 54,6 en 2003 a 50,4 en 2013, marcando un leve descenso de la desigualdad.

La creación de los dos fondos soberanos en 2007 creo una sensación de seguridad en el país, la que posiblemente no se había producido nunca antes. Por primera vez había ahorros del Estado que llegaron a constituir más de 10% del PIB en el año de su creación.

Esta riqueza la pudo apreciar el público en 2009 cuando el primer Gobierno de la Presidenta Bachelet utilizó 9 mil millones de dólares de estos fondos para paliar la crisis financiera global que se había producido menos de un año antes.

Chile pudo navegar las turbulencias de esta crisis en mejor forma que la gran mayoría de los países OECD. El superciclo había creado no sólo una sensación de riqueza, sino que muchos, posiblemente la mayoría, pensaron que esto era permanente, y que era un derecho adquirido del país. De ahí vinieron las protestas estudiantiles de 2011 exigiendo “Educación gratis ahora, ya”, y posteriormente muchas otras demandas sociales, económicas, y políticas.

En términos de inversión minera, el superciclo fue abundante. Se construyeron 5 nuevas grandes minas incluidas Spence, Esperanza, Ministro Hales, Sierra Gorda y Caserones. Gabriela Mistral fue decidida antes del superciclo. Además se amplió la capacidad de Escondida, Radomiro Tomic, Centinela, Pelambres, Los Bronces, Andina, y se comenzó a construir Chuquicamata Subterránea, y el Nuevo Nivel Mina de Teniente. Si bien la producción de cobre aumentó modestamente, se consolidó el cluster minero, uno de los mayores del mundo. Los vuelos al norte aumentaron a más del doble debido a la construcción de nuevas instalaciones mineras.

El Estado y los privados construyeron abundantes infraestructuras de caminos, plantas de energía eléctrica, puertos, hospitales, aeropuertos, oficinas, viviendas, e instalaciones de comercio y turismo. Se expandió como nunca la capacidad de las universidades y creció su calidad. Aumentó el consumo privado a niveles nunca vistos, en particular la expansión del parque automotriz.

Los salarios de los trabajadores mineros aumentaron mucho más que el promedio de las remuneraciones de los chilenos, los que también crecieron en forma importante. Subió el nivel de vida de los chilenos y creció la clase media.

Fueron años de gloria para el país. Al mismo tiempo los males del superciclo fueron numerosos. La apreciación del peso chileno respecto al dólar impidió una mayor expansión de industrias exportadoras de otros recursos naturales, hubo fuerte competencia por empleo entre la minería y la agricultura. Bajó fuertemente la productividad de la minería y el país se hizo mucho más caro para nueva inversión minera. Los trabajadores mineros lograron contratos colectivos con muchos incentivos los que han demostrado ser perversos para el progreso minero después del superciclo y es probable que la minería se demore al menos una década en desarmar dichos incentivos e instalar incentivos para aumentar la productividad.

El país y en particular sus líderes políticos leyeron equivocadamente los beneficios del superciclo creyendo que estos continuarían para siempre. Al finalizar el supercilco las ofertas sociales sobrepasaron enormemente la capacidad del país para financiarlas y creció fuertemente la deuda nacional, los déficits presupuestarios del Fisco, mientras los chilenos pensaban que la fiesta continuaba en 2014 y hasta fines de 2015.

Creció enormemente el empleo propio a causa de la contracción económica y el consiguiente desempleo formal que surgió. Si bien el empleo propio masivo que se produjo y que permitió mantener el nivel de desempleo casi constante, condujo a la reducción del ingreso de casi dos millones de chilenos, con lo que se debilitó la clase media que había crecido durante el superciclo. Las demandas se hicieron más poderosas.

Como consecuencia de la política de texto que aplicaron las mineras de aumentar su producción al máximo con objeto de expandir las utilidades, ocurrió lo que ocurre en casi todos los ciclos altos, reduciéndose fuertemente la productividad minera y aumentando los costos. Ello no sólo fue causado por el aumento de los empleos y salarios sino debido a numerosas prácticas que fueron adoptándose y que instalaron formas de trabajo reñidas con el aumento de la productividad. El rol del trabajador se hizo menos flexible en vez de más flexible, restando no sólo capacidad para mejorar la productividad, sino que calidad de vida en el trabajo de los mismos trabajadores. Los costos aumentaron no sólo producto de las políticas empresariales, sino que, fundamentalmente por factores externos a la empresa, por ejemplo la inflación mundial de costos de los insumos necesarios para producir cobre, incluyendo el petróleo, el hierro. A la vez la valorización del peso elevó fuertemente los costos realizados en esta moneda.

Se debilitó fuertemente la competitividad del promedio de la minería chilena, desde su sitial privilegiado a fines de los 90 a una posición en que posiblemente habrá que esperar muchos años para recomenzar una potente inversión minera.

Las prácticas de las autoridades ambientales aumentaron la duración de los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) al triple con respecto al inicio del sistema de los EIA en 1997, debido a mayores exigencias de la nueva institucionalidad ambiental, y también debido al Estado, que no pudo imprimir uniformidad de criterios para la aprobación y rechazo de los EIA. Por ello creció la discrecionalidad, se debilitaron las reglas parejas para todos los proyectos, se agigantó la judicialización, y al mismo tiempo no mejoró la calidad ambiental de los proyectos.

Los beneficios y males mencionados forman una pequeña parte del legado del superciclo, el que merece mucho mayor atención en el futuro. Pero con todo, pareciera que los beneficios excedieron con creces a los males de esta década. Los chilenos tienen mayor estándar de vida, aunque la desigualdad aún impera y el instrumento clave para superarla, la educación primaria y secundaria, están lejos de haber demostrado progreso en calidad este periodo.

Existe la noción que fueron las empresas mineras las que permitieron todos los males que produjo el superciclo. Elevación de los costos y en particular de los salarios, desplome de la productividad.

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