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Descifrando a Kast

lunes, 30 de octubre de 2017


Reportaje
El Mercurio

María Pía Adriasola, esposa del candidato José Antonio Kast, repasa su vida junto a él y recuerda los difíciles primeros años de matrimonio. Contraria al aborto, relata el embarazo fallido que sufrió su primera hija y dice que si tuviera un hijo homosexual, no lo dejaría adoptar. También asegura que no votará por Piñera en segunda vuelta. por Estela Cabezas foto sergio alfonso lópez



AMaría Pía Adriasola, la esposa del candidato presidencial José Antonio Kast, se le ha visto en los últimos meses haciendo todo. Apareciendo en televisión. Cantando, guitarra en mano y junto a sus nueve hijos, en la franja electoral. Bailando cueca en campaña. Polemizando por twitter con Cecilia Morel sobre el matrimonio igualitario.
 Recorriendo el país para reunirse con decenas de agrupaciones de mujeres y clubes de la tercera edad.      Se diría que de las esposas y esposos de los aspirantes a La Moneda, ella es, por lejos, la más involucrada en la campaña.
-No es que quiera figurar. Es por una necesidad mía, nomás. Yo, para poder tomarme este trago (las elecciones), tengo que subirme al carro y la única manera de hacerlo es desde el contacto personal -explica sentada en una terraza de la casona en la que vive junto a sus hijos y su marido, en Paine, ubicada en el mismo terreno en el que se emplaza la fábrica de cecinas Bavaria, actualmente propiedad de uno de los hermanos de Kast.
Su protagonismo aumentó a medida que su marido se ha transformado, según analistas, en un factor que no le permitiría a Sebastián Piñera ganar la elección presidencial en primera vuelta, aunque en la última encuesta CEP marca 3,7 por ciento de las preferencias.
-José Antonio le ha dado voz a un grupo de gente que votó por Piñera en su primer gobierno y se desilusionó. Eso fue lo me pasó a mí -dice.

María Pía Adriasola conoció a Kast el primer año que entró a estudiar derecho en la Universidad Católica. Dice que lo vio y que le gustó altiro, pero demoraron dos años en consolidar una relación.-Él era muy tímido, entonces no se atrevía a decirme nada. 
A mí me gustaba, pero como no me tomaba en cuenta, pololeé con otras personas. Finalmente, cuando estuvimos juntos, lo pasé mal porque este hombre era hermético, no hablaba nada. Penetrar su pensamiento, analizar qué es lo que pasaba por su cabeza, era imposible. Toda esa primera etapa de pololeo fue tortuosa. Por eso terminamos.Tiempo después, él volvió a buscarla, aunque de nuevo se demoró en declararse. Cuenta que un cura amigo le había dicho a él que tenía que esperar seis meses antes de proponerle regresar: no podía jugar con sus sentimientos. 
-Pero él siempre se hizo notar. Como yo soy una persona muy religiosa, muy sensible con la cosa espiritual, él me regaló algo muy especial: una foto de un curita al que yo admiraba. Y me liquidó.En esa segunda parte, reconoce que tampoco lo pasó mejor, porque él seguía siendo la misma persona tímida y hermética de antes. 
A eso se sumaba su trabajo político.
 Entonces, dice, fueron donde un cura para hablarle del problema.
-Yo me sentía súper postergada e insignificante en su vida. El cura nos propuso instaurar los martes de pololeo: así como él tenía reuniones con presidentes de partidos los otros días, o con sus compañeros, el martes hacía lo mismo conmigo. Y todo funcionó mejor. 
Se casaron en abril de 1991 y se fueron a vivir a Paine. Él dejó la política.
-Se levantaba a las seis de la mañana a cargar camiones (de la fábrica de cecinas). Yo lo esperaba con comida en la noche, claro que tenían que ser tallarines blancos porque él no comía otra cosa. Si le echaba champiñones, le embarraba la comida. Él era infinitamente simple: solo necesitaba tallarines blancos y un huevo frito.-¿Aún?-Ya no, gracias a Dios se ha superado muchísimo -ríe.  Los primeros años de matrimonio, cuenta, tampoco fueron fáciles. Ya sin el "martes de pololeo" y con la llegada de los hijos, la pareja comenzó, como describe ella, a "hacer agua de nuevo". -Él llegaba a la casa y seguía siendo la misma persona que era; entonces de repente estaba mudo. Y no es que estuviera enojado o mal genio, solo que estaba mudo.
 Me empecé a morir por dentro; "no puedo con esto", decía.
Una cuñada le dijo que estaba con depresión y le recomendó un doctor. Dice que apenas entró a la consulta del psiquiatra, se puso a llorar.
-Al finalizar la sesión, el doctor me aseguró que yo no tenía nada malo y que quien debía tratarse era mi marido. Eso hizo. 
La siguiente crisis se dio cuando quisieron encontrar un método de control de la natalidad. -Teníamos dos guaguas y yo quería parar un rato. Fui a un doctor que me dio pastillas anticonceptivas. Cuando llegué a la casa, le dije a mi marido: "Ya, esto es lo que tenemos que hacer". Y él me dijo: "¿Estás loca? No se puede". "¿Cómo que no se puede?, si todas mis amigas lo hacen", le respondí. Entonces partimos a preguntarle al curita del 'martes de pololeo'. Él nos mandó con un doctor que hablaba del método natural.
-¿No insistió con las pastillas? 
-Es que a mí se me abrió un mundo totalmente desconocido, porque nadie me había explicado nada de eso. Nadie me había dicho que estaban prohibidos los métodos anticonceptivos, ni tampoco supe de los métodos naturales y su sentido. Y cuando me lo contaron, entendí todo. 
-¿Qué entendió? -Entendí que los hombres son fértiles siempre y que las mujeres a veces. -Pero los hombres pueden usar condón. 
-Sí, pero son fértiles siempre. Un hombre siempre que se aproxime a una mujer inapropiadamente tiene la posibilidad de engendrar un hijo. Porque si el condón que se pone tiene un microagujero, puede engendrar un hijo.
"Entonces lo que descubrí es que las mujeres somos las que somos fértiles a veces y cuando tienes una relación de pareja, es el ciclo de la mujer el que marca un ritmo. Y ese ritmo hace que si tú quieres postergar el nacimiento de un hijo, tienes que abstenerte. Lo encontré genial, para mí fue una novedad. Fue una luz". 
-Aun así, usted tuvo nueve hijos. -Sí, pero yo los tuve porque quise. Por mí, habría tenido dos más.
Al igual que su marido, María Pía Adriasola está en contra del aborto, en todas sus causales.-Claro, porque el tema del aborto es una falacia tremenda, sobre todo como está en esta ley. Aborto es matar a un hijo en el vientre materno. Además, que es muy cruel, porque tú lo sacas a pedazos.-¿No le parece que es un derecho de la mujer decidir sobre su cuerpo?
-No, porque acá hablas de un ser humano. Con el aborto cortas de raíz a otro ser que está en tu vientre.-¿Qué le responde a las mujeres que optan por el aborto tras haber sido violadas, por ejemplo? -Que hay otra opción, y que el problema es que como sociedad no hemos sido capaces de generar una alternativa de apoyo y de sostén a la mujer.
 Porque yo creo que una mujer que decide libre y conscientemente matar a un hijo en su vientre materno, está en un estado de desesperación muy grave. Además, esa persona que aborta no sabe que es una opción que le va a doler toda la vida. La otra vez me encontré en La Pintana con una señora mayor que me dijo: "Yo me hice un aborto, y me duele hasta el día de hoy". 
-Y si después de todo ese acompañamiento y toda esa reflexión, la mujer quiere abortar igual, ¿usted estaría de acuerdo? 
-No, no lo aprobaría. Pero no la mandaría a la cárcel por hacerlo. 
Cuenta que Josefina, su hija mayor, vivió una situación delicada con su primer embarazo, mientras estaba en Londres: a las 13 semanas, en la primera ecografía que le realizaron, supo que su hijo había fallecido. 
-Le dijeron cuáles eran las opciones que tenía para solucionar esta situación y ella no quiso. Prefirió terminar el embarazo. Eso le dio tranquilidad, porque le entregó a su guagüita todo lo que pudo. Lloramos mucho. Ella vivió un duelo, cerró un ciclo, y se quedó con el corazón en paz. El aborto se dio de manera espontánea dos semanas después. 


Adriasola se tituló de abogada en 1992, cuando ya se había casado y había nacido su hija mayor. Pero ejerció su profesión solo por un tiempo corto. -¿Nunca quiso trabajar en lo que estudió?
-Siempre trabajo en eso. No te imaginas lo útil que ha sido para mí haber tenido la formación de abogado, porque he ganado  muchos de mis casos en la educación de mis hijos. Porque cuando tú educas en esta época, necesitas mucha argumentación. 
Cuando decidieron casarse, José Antonio Kast le dijo que apenas comenzaran a vivir juntos él dejaría la política. Pero cinco años más tarde decidió volver. 
-Cuando le ofrecieron postularse a alcalde de Buin, en 1996, me dijo: "Mújer (él me dice así, con acento en la u), ¿tú aceptarías que hiciera esto?". Yo le habría dicho que no, pero no podía, porque una tiene que entender la vocación del otro.
Kast perdió esa elección, pero se quedó como concejal. 
-Si su marido era tan tímido, ¿cómo logró superar eso para iniciar una carrera política? -Él tuvo que empezar a hacer discursos públicos y no fue fácil. En los primeros años le tiritaban las cañuelas, pero yo le decía, abstráete de las circunstancias. Para él era una verdadera angustia. Yo le recomendaba que solo tenía que hablar como nos hablaba a nosotros, porque cuando él habla con simpleza llega a la gente.
-¿Aprendió?-Yo creo que aprendió.
De concejal, Kast se postuló a diputado. María Pía Adriasola admite que la idea le pareció aun peor, porque eso significaría que él pasaría menos tiempo en la casa. Y, como la vez anterior, aceptó. 
-Pero desde que él es parlamentario, nunca ha dejado de alojar en la casa. Aunque sean las doce de la noche, aparece. Y yo lo espero, porque no me puedo acostar sin verlo.
 En la mañana, él se levanta a ver a los niños, los levanta uno por uno y si no se quieren levantar, le mueve los colchones, los molesta. Él es muy divertido, te mueres el sentido del humor que tiene. Si nuestra relación ha sobrevivido es porque cada vez que he estado a punto de matarlo, me tira una talla y me hace reír. 
José Antonio Kast ha sido diputado en dos períodos por dos distritos distintos. Integró la mesa directiva de la UDI. Y en mayo del año pasado, renunció al partido para postularse a la presidencia como independiente. 
-Él siempre se mantuvo como una persona de muy bajo perfil. De hecho, cuando renunció a la UDI, había como un chiste que decía: "Oye, ¿quién es este José Antonio Kast, que se produce casi un duelo porque se va de la UDI?". O sea, nadie entendía nada.
 Lo que pasó es que cuando él se dio cuenta de que la UDI no quería levantar un candidato presidencial, que no habría nadie que defendiera las ideas del partido, dijo no. Él no quería que las ideas del partido se perdieran, y ya le había pasado la desilusión con Piñera, porque él hizo un gobierno igual a todos los de la Concertación. Todo esto es fruto de un desencanto con el gobierno de Piñera.-Entre las ideas de José Antonio Kast, está su oposición al matrimonio y a la adopción homosexual.-Absolutamente.
-Pero, entendiendo el valor que usted le da a la familia, si un hijo suyo le confesara que es homosexual y quisiera adoptar, ¿lo apoyaría?
-O sea, lo abrazaría, si es mi hijo, pero trataría de aconsejarle que no adoptara. Que se una a otra persona es problema de él, pero la adopción es un tema muy grave. Porque al final está el bien de los niños de por medio. Yo no sé cómo la gente no ve que de alguna manera hay un bien que trasciende a la autocomplacencia. Porque las familias que funcionan y que son el lugar donde mejor puede estar un niño, están conformadas por un hombre y una mujer. 
-Hay niños criados, por ejemplo, solo por una abuela. ¿No es familia?-No, no me malentiendas. Te lo voy a decir de otra manera: el contexto natural es una familia con un hombre y una mujer que deciden hacer una vida juntos y con el tiempo vienen los hijos. Normalmente las mujeres tienen que trabajar y dejan a los hijos al cuidado de la abuelita, esa abuelita hace el cuidado familiar, pero a quien le compete el cuidado de sus hijos es a los padres. 
-Pero hay niños con papá y mamá, y que tienen muchos problemas. 
-Tú estás haciendo una segunda lectura de lo que yo estoy diciendo [...] En el fondo, lo que tenemos que ver ahora es que ojalá los niños crezcan lo más sanos posibles, ese es el tema. Y, para mí, eso solo se logra si la familia, concebida como un hombre y una mujer, prospera. La familia está en esa fuerza que se produce en la unión complementaria entre un hombre y una mujer. Eso no se da entre un hombre y un hombre, y entre una mujer y una mujer.
-No entiendo.
-Porque esa unión complementaria que da lugar a los hijos, cuando tú tienes dos hombres y dos mujeres no existe. Hay que recurrir a un tercero.
-¿Para usted, entonces, tampoco es familia cuando hay un hombre y una mujer que no pueden tener hijos y adoptan?
-Sí lo es, porque está la unión complementaria y esa unión del padre y de la madre, que es lo que le va a dar una mejor experiencia de vida al niño. 
-El Papa Francisco dijo: "Quién soy yo para juzgar a los gays". También dijo que la Iglesia debía disculparse con las personas gays por la forma en la que han sido tratadas. ¿Usted, como católica, les pediría disculpas?
-Soy absolutamente respetuosa de las personas gays, porque cada persona puede elegir cómo vivir su vida. El problema es que hoy estamos enfrentados a cosas que trascienden con mucho eso. Las leyes que están hoy en el Congreso son tremendas. ¿Has leído el artículo que define qué es lo que es identidad de género? [...] Encuentro que es una locura plantear que los niños pueden elegir su sexo y que no es con el que nacen.
-En revista "Sábado" publicamos el caso de una niña trans que hizo su transición de género en un tercero básico de un colegio católico, con bastante éxito hasta ahora. ¿Se ha informado de casos así? 
-No, es que no he leído nada porque no tengo tiempo. Pero creo que estos casos particulares hay que resolverlos como casos particulares. Cuando se usa ese caso particular, que puede ser muy dramático y que, a lo mejor, jurídicamente tiene una solución, para extrapolar eso a toda la sociedad y así desdibujar la identidad sexual de todos los niños, no me parece.
-¿Usted dice que un niño va a sentir su identidad sexual desdibujada porque un artículo del proyecto de ley dice que el género no tiene que ver con los genitales  con que nació?
-Es grave que a los niños les digan que no naces hombre ni mujer. Y que esas ideas se estén esparciendo. Es muy grave que estén haciendo juegos en los colegios en que terminan dándose besos niñitas con niñitas y niñitos con niñitos, porque es parte de un juego guiado por adultos.
-¿Dónde pasó eso?
-A mí me lo contaron en una población. Te estoy hablando de la realidad de colegios municipales donde esto se está implementando. Tú me hablas, por ejemplo, de los baños trans. Estamos por un lado denunciando los abusos sexuales y, ¿qué facilidad tiene un niño de entrar en un baño trans para poder abusar de una niñita y someterla de alguna manera a abuso?
-No hay ninguna razón para creer que un niño trans va a entrar a un baño a abusar a una niñita. -Mira, por lo menos cuando hay baños de mujeres y baños de hombres, las niñitas van con las niñitas y si un hombre está adentro, lo sacan de ahí.
-Su marido prometió una nueva ley de inmigración. A Chile llegan cinco mil haitianos al mes. ¿Ve un peligro en esa llegada de inmigrantes? -El Gobierno ha sido tremendamente irresponsable en la aplicación de la ley, porque ha habido empresas, o personas que han utilizado esto como negocio. 
A los haitianos los traen engañados, los traen con contratos de trabajo y después los abandonan a la miseria más absoluta. Me encantaría acogerlos dignamente. El problema es que Chile no tiene capacidad. Ellos necesitan acceso a la salud, a la educación. Y tú ves que hoy los chilenos están desprotegidos de salud, de acceso a la educación; entonces, no se puede. 
-El Papa llamó a proteger a los inmigrantes: dijo que su bienestar tendría que prevalecer sobre las preocupaciones de la seguridad nacional.  
-Es refácil decirlo cuando uno no tiene pobreza de la cual hacerse cargo. Otro cuento es con guitarra cuando tú estás viendo que el problema social que tienes es grave. Si traes una cantidad de inmigrantes que están en un desvalimiento total, que no tienen acceso al sistema de salud, bueno, los tienes que atender igual, no puedes desentenderte, porque son personas. Pero, ¿cómo lo haces si todo tu sistema está colapsado?
-¿Se siente aludida con la "derecha cavernaria" de la que habló Vargas Llosa?-Creo que esos son puros estereotipos. No sé qué es la derecha cavernaria.
-La derecha que no acepta el aborto, el matrimonio igualitario...-Si él lo quiere poner así, me da lo mismo. 
-¿Se considera parte de la extrema derecha en este país?
-¿Qué es la extrema derecha? Defínela. Si creer en la libertad, si creer en la persona como el centro de la sociedad a la cual el Estado debe servir en vez de las personas servir al Estado. Si creer que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, y que es en esa familia el mejor lugar donde puede crecer un niño. Si eso es ser de extrema derecha, eso es lo que soy.
-¿Se siente cercana a los ideales de Donald Trump? Muchos han hecho similitudes entre su campaña y la de su marido. 
-No tengo la más remota idea, porque apenas he visto lo que es Donald Trump. Como te digo, no leo el diario; o sea, soy una persona muy atípica, porque no me queda tiempo. A mi marido lo han caricaturizado mucho con el tema de Trump, quizá porque es rupturista, no sé, no tengo idea. 
-No sé si leyó que en el caso Quemados una candidata de la UDI, Loreto Letelier, dijo que ellos se quemaron solos. ¿Usted coincide con eso?
-Me vas hacer hablar de algo que no estoy totalmente informada, por eso prefiero pasar.-¿Su marido debería llamar a votar por Piñera en segunda vuelta?
-Es que no va a llamar a nadie, porque cada quien es libre de ejercer el derecho al voto como le parezca. Pero, sí te digo que, a la luz de que Piñera apareció abrazado con el Movilh y respaldando lo del matrimonio igualitario, para mí dejó completamente de ser opción en segunda vuelta.  -Su marido dijo que le dispararía a cualquier delincuente que entrara a su casa, incluso si fuera un menor de edad. ¿Lo retó por eso?
-No, ¿por qué? Me impactó que saliera así en la prensa, porque uno ve una portada así y dice: "Ay, qué susto". Él es muy tranquilo, pero esto demuestra parte de su carácter. Él dice lo que piensa.

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