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Cuando los primeros españoles llegaron a La Araucanía se encontraron con un territorio que no solo era desconocido, sino que su naturaleza hostil y el pueblo guerrero que lo habitaba desafiaban su comprensión. El choque entre el mundo europeo y la cultura mapuche ofreció a los conquistadores españoles la posibilidad de evocar en las tierras chilenas una recreación de la cosmovisión y pensamiento de la antigüedad clásica. La Araucanía se fue poblando con las figuras heroicas y grandes gestas que los poetas importaban de las epopeyas de Homero, Virgilio y Lucano, adaptándolas al Nuevo Mundo. Por medio de recursos estilísticos, alusiones explícitas y recreaciones escénicas, poetas como Alonso de Ercilla, Pedro de Oña y Diego Arias de Saavedra compusieron algunos de los poemas fundacionales de Chile, como si se tratara de episodios de los mitos grecorromanos, provocando que la representación de la guerra de Arauco se encuentre a medio camino entre la historia y la poesía. Esta es la tesis que aborda la historiadora María Gabriela Huidobro en el libro "El imaginario de la guerra de Arauco", trabajo de casi 12 años, por el que le fue otorgado el premio Miguel Cruchaga Tocornal de la Academia Chilena de Historia, a la mejor investigación del año 2013. En este estudio, Huidobro analiza el corpus épico que narra, ensalza y critica los enfrentamientos al sur de Chile -formado por las obras "La Araucana", "Purén indómito", "Arauco domado", "Cuarta y quinta parte de La Araucana" y "Las guerras de Chile"- y establece los paralelos e influencias con los clásicos. "El proyecto surgió a partir del interés de vincular la historia de Europa antigua y la de Chile, para mostrar cuáles son los vínculos que nos unen culturalmente, con una tradición que trasciende los límites locales", comenta la autora. Fin del mundo Al comenzar la lectura de "La Araucana" se va detectando la presencia de elementos de la cultura clásica grecorromana. Divinidades, héroes y las evocaciones a grandes personajes de la antigüedad, sitúan al lector en un escenario mítico. "No es que el autor imite los modelos de la épica clásica porque le guste o por seguir una moda literaria, de imitar a Homero, Virgilio o Lucano. Ellos encuentran en los clásicos un sentido para poder dotar de inteligibilidad a la guerra de Arauco", señala Huidobro. La influencia del pensamiento clásico en el Renacimiento fue decisiva para la elección de este género: la épica resultaba ideal para las temáticas bélicas de las empresas de descubrimiento y conquista. A diferencia de Homero y Virgilio, Alonso de Ercilla, Diego de Arias y el autor anónimo de "Las guerras de Chile" participaron de los combates que cantan en sus poemas. "Aquí hay hombres de armas y de letras, por lo que las vivencias son mucho más cercanas y menos idealizadas, como ocurre en la 'Ilíada'", explica la historiadora. Al ser testigos de las batallas, los autores son capaces de sostener una mirada heroica, pero al mismo tiempo, son críticos de las atrocidades de la guerra. En el caso de la obra de Ercilla, el poema se transformó en la primera impresión que recibió el lector español acerca de los hechos que ocurrían en ese rincón al fin del mundo. "La Araucana" fue fundadora de un imaginario que influyó en autores que vivían en España y que jamás pusieron un pie en América. El auto sacramental "La Araucana" (Andrés de Claramonte), las crónicas del siglo XVII y XVIII, la composición de "Cuarta y quinta parte de La Araucana" y las historias de Diego Rosales y Alonso de Ovalle, citan el poema de Ercilla. La poesía épica no solo tuvo un papel literario, si no que provocó un impacto en la construcción de la memoria histórica sobre la guerra de Arauco, influyendo en los testimonios oficiales sobre la conquista y delineando el imaginario popular sobre los orígenes de Chile. Al estilo clásico Pedro de Oña puso sátiros en Arauco, Alonso de Ercilla elevó la valentía de Lautaro a los sacrificios heroicos de la tradición clásica y Diego de Arias comparó los fuertes españoles con los muros de Troya. A lo largo de las epopeyas de la guerra de Arauco se encuentran tópicos de la épica clásica, que sirven de punto de partida para la narración. Huidobro apunta que al narrar los acontecimientos particulares desde códigos comunes, los lleva a formar parte de un espacio compartido de referentes literarios y culturales. Las tempestades, el mito de las edades y los incendios urbanos son tópicos que universalizan el espacio y el tiempo. El océano Pacífico pasa a uno de los territorios de Neptuno, América se representa como un paraíso edénico y el saqueo de Concepción es comparado con el de Troya. Por otra parte, los juegos y los catálogos de héroes permiten hacer un retrato de los indígenas, desconocidos para los lectores españoles. Los tópicos de los sueños, las intervenciones divinas y las prácticas proféticas hacen que los conflictos tengan un mayor peso ideológico. Huidobro destaca cómo Ercilla inserta en "La Araucana" un pasaje que evoca la conversación que Héctor y Andrómaca tienen tras un sueño premonitorio que vaticina la muerte del guerrero. En la epopeya araucana, el diálogo estará encarnado en Lautaro y Guacolda, poco antes de que este muera asesinado en Mataquito. "Su incorporación no se justifica solo como una tendencia imitativa o por una razón de estilo, sino ante todo, porque el tópico posibilita un diálogo que humaniza y profundiza el retrato de los personajes", comenta. La figura del héroe Los mapuches representados en poemas épicos tienen un retrato heroico que remite a las epopeyas homéricas. Pelean por su gloria, la libertad y los valores. "Es más fácil elevar a la categoría de héroe a un araucano que a un español, en el sentido de que es personaje más literario, porque el lector no lo conoce y se puede jugar con él para conferirle una condición épica", explica Huidobro. En cambio, las figuras de los conquistadores, como García Hurtado de Mendoza y Pedro de Valdivia, son conocidas por los lectores españoles y no pueden ser elevadas a una condición heroica, porque sería fácilmente cuestionable. El retrato que se hace de ellos está más influenciado por la "Eneida", de Virgilio, asociándolo con el modelo de héroe piadoso, que no lucha para sí, sino que lo hace por el imperio y su religión. Una de las estrategias que utilizaron los poetas del siglo XVI fue replicar personajes arquetípicos de la tradición grecorromana, haciendo un juego entre la literatura y la historia. Caupolicán y Aquiles es uno de estos paralelos. Ambos son descritos como fuertes, de ascendencia aristocrática, solitarios y que terminan por liderar al resto de su grupo. Algo similar ocurre con Colo Colo y Néstor, ambos cumpliendo el rol de consejeros -el primero, de Caupolicán, y el segundo, de Aquiles-, encarnando las palabras sabias. También están Tucapel y Ayax, los dos caracterizados como personajes más grandes y fuertes que la mayoría de los soldados, pero más irracionales, impetuosos, que se extralimitan en sus reacciones. En cuanto a personajes secundarios, Huidobro destaca el juego de comparación entre Inés de Córdoba -una de las mujeres que defienden el fuerte de Biobío en el poema "Purén indómito"- y la amazona Camila, de la "Eneida", ambas como fuertes guerreras que se mantienen firmes, aun cuando todos los hombres se han rendido.