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Avellanas chilenas quieren subirse al boom de los frutos secos

lunes, 23 de octubre de 2017

Florencia Prieto Bravo
Reportaje
El Mercurio

Solo 100 hectáreas se estima que hay en el país. Un fruto casi desconocido hace algunos años, hoy empieza a tomar fuerza en el mercado nacional y podría llegar al extranjero en poco tiempo más.



Durante el invierno, la localidad de Trovolhue, ubicada en la comuna de Carahue, en la Región de La Araucanía, se impregna del olor que sale de la casa de Sonia Neira, quien dice llamar a sus clientes con el aroma de la avellana tostada.

Hace 20 años, cuando las avellanas chilenas -gevuina, hermosa flor en mapudungún- solo eran conocidas por quienes vivían en el sur del país, Sonia se quedó con cinco mil plantas en bolsas, luego de que el taller laboral en el que participaba se acabara.

"Hacía mermeladas y harina de avellana para mi familia, hasta que un día una vecina me pidió un kilo. A la semana siguiente me compró dos, luego fueron cuatro y se empezó a pasar la voz. Vendí puerta a puerta durante ocho años hasta que decidí instalar la tostaduría", dice Sonia.

Durante años la producción y comercialización de este producto ha sido de recolección silvestre y rural, y en cuanto a superficie, no debe haber más de 100 hectáreas explica Fernando Medel, agrónomo, socio fundador de la empresa Fruvax. Sin embargo, agrega que actualmente el escenario es diferente y que este fruto tiene un potencial comercial muy grande, especialmente debido al aumento en la demanda, tanto nacional como mundial por frutos secos.

La avellana, así, tendría posibilidades de subirse al boom de los frutos secos, por el uso que se puede hacer tanto en aspectos nutricionales como farmacológicos, sin excluir otros usos apícolas, silvícolas y ornamentales.

"Cuando uno ve lo que ha pasado con otras especies como el nogal o los almendros, el crecimiento exponencial de los frutos secos, en relación con los frutos frescos, que entre otras cosas son complicados de manejo, aquí hay una posibilidad gigantesca para Chile al ser una especie endémica" comenta Medel.

Por otro lado, los precios de este producto se han elevado considerablemente, si hace 10 años el saco de avellanas con cáscara de 45 kilos costaba aproximadamente 10 mil pesos, este año Sonia Neira los compró a 20 mil pesos cada uno.

Lento crecimiento

El avellano chileno es una especie endémica que crece en las regiones del sur del país, especialmente en los bosques valdivianos. El árbol puede alcanzar los 20 metros de altura, crecer en diferentes tipos de suelos y desarrollarse en una amplia variedad de climas, según explica un informe elaborado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA).

Una hectárea plantada puede dar aproximadamente siete toneladas de avellanas, pero el proceso es largo, el fruto se demora aproximadamente un año en madurar. El árbol florece en abril y durante ese tiempo el fruto pasa por distintos colores, primero verde, luego rojo, después adquiere un color amarillento para terminar en negro, momento en el que está listo para caer entre los meses de enero y marzo. Y son seis años los que demora en entrar en producción.

Además, hay todo un tema pendiente en cuanto a la protección de este árbol nativo que, producto de la deforestación, casi ha desaparecido.

Por ello, Fernando Medel lleva años investigando sus propiedades y su capacidad productiva. Se ha dedicado a seleccionar clones, manejar el material y mejorarlo genéticamente para concluir que el árbol tiene une enorme adaptabilidad productiva, lo que permitiría aumentar la superficie plantada.

Nuevos productos gourmet

Con el paso del tiempo, Sonia Neira diversificó su negocio. Además de vender avellanas tostadas, comenzó a elaborar nuevos productos, como harina y café.

Pero hay más. Ha desarrollado una serie de productos de pastelería, así como chocolates con diferentes formas como bombones, turrones y alfajores.

La idea de Sonia es llevar estos productos a otro nivel y acercarlos un poco más al resto de Chile. Ha asistido a diversas ferias y el año pasado se adjudicó un proyecto de márketing agroalimentario de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), cuyo objetivo es mejorar la competitividad de las empresas.

Antes del proyecto vendía la mayor parte de sus avellanas a otros envasadores quienes las llevaban a los supermercados, pero hoy trabaja con un equipo que se preocupó de cambiar la imagen del producto con un plan de márketing completo, que incluyó desde nuevos envases y difusión en tiendas gourmet hasta el registro de su marca.

Además de estas posibilidades gastronómicas, Fernando Medel explica que con este fruto se pueden hacer otros productos que sirven para la salud y la cosmetología, debido a su gran cantidad de antioxidantes. Un ejemplo de esto es el aceite de avellanas, que tiene propiedades hidratantes para la piel.

"Es una planta muy moldeable desde el punto de vista productivo, la idea es elaborar todos estos productos y generar cada vez mayores innovaciones para tener diversidad de ofertas", dice Medel.

Lo que viene

Además de instalar a las avellanas chilenas como un producto al interior del país, el desafío es llevarlas fuera de Chile. Si bien hasta ahora no existen datos oficiales de exportación, el profesor Medel asegura que ha asistido a diferentes ferias internacionales donde ha expuesto el tema de la avellana y varios países ya se han visto interesados, especialmente empresarios japoneses.

"Lo que se necesita ahora es plantar. Aquí nadie quiere asumir riesgos, ni generar material de calidad. Si otros países lo han hecho con frutas que nadie conocía -en referencia al kiwi- cómo no lo vamos a hacer nosotros", explica.

Por su parte, Sonia Neira termina en unos meses su proyecto FIA y pretende agrandar el negocio en su casa para que la "Tostaduría Mi Familia" sea un lugar de visita obligada para quienes lleguen a la localidad de Trovolhue.

12
MIL PESOS
cuesta el kilo de avellanas tostadas.

PARA PLANTAR
El costo de una hectárea con 700 plantas es de aproximadamente $1.190.000, según cálculos de Fernando Medel.

INFORMACIÓN NUTRICIONAL
Las avellanas tienen alto contenido de carbohidratos, proteínas, fibras, lípidos monosaturados, vitamina E, esteroles y fenoles.

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