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Publicación Nueve especialistas analizan este proceso:

Nuevo libro sobre la filantropía en nuestro país desmiente prejuicios en torno a ella

domingo, 08 de octubre de 2017

Maureen Lennon Zaninovic
Historia
El Mercurio

"Filantropía y Donaciones en Chile: pasado, presente y futuro" pone en relieve esta práctica y su importancia en el desarrollo social, cultural y económico, analizando su evolución histórica, situación actual y proyecciones. El texto, realizado y financiado por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, será lanzado este martes.



Desde la Colonia hasta nuestros días, la filantropía, entendida como la acción de dar de un modo desinteresado y sin reciprocidad, ha formado parte esencial de nuestra identidad, adoptando distintas modalidades y objetivos.

Tomando como base su aporte clave a la construcción de la sociedad civil, la Corporación Patrimonio Cultural de Chile lanzará este martes el volumen "Filantropía y Donaciones en Chile: pasado, presente y futuro". El libro será presentado, entre otros, por el ex canciller Alfredo Moreno, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC); Alejandra Pizarro, directora ejecutiva de Comunidad Organizaciones Solidarias y Verónica Abud, fundadora y gerente general de Fundación La Fuente.

"Nos dimos cuenta de que existía poca bibliografía sobre los orígenes de la filantropía y las donaciones en Chile. Nos pareció que era una parte de la historia que merecía ser contada: mostrar esta sólida tradición, entender cuál ha sido su evolución y relevancia", señala a "Artes y Letras" la editora de este volumen, Elena Cruz. La profesional añade que esta investigación da luces para saber cómo seguir fortaleciendo la filantropía y las donaciones hoy. Sobre el público al que va dirigido, enumera a empresarios, autoridades, miembros de la sociedad civil y "a todos los que tienen el interés de vivir en un entorno mejor en donde existan lazos de confianza y solidarios. Es innegable que la filantropía ha jugado un papel central en países desarrollados que admiramos y que ha tenido un rol relevante en el fortalecimiento de sus democracias".

Con textos firmados por destacados académicos y profesionales vinculados al área, el libro aborda -entre otros aspectos- el aporte de la Iglesia Católica y la élite criolla como benefactores clave. También se revisa el siglo XIX y la llegada del siglo XX, cuando el aumento vertiginoso de la población, la migración hacia las ciudades y la industria ponen de relieve las urgencias de los más desposeídos, lo que se materializa en la creación de importantes instituciones como el Hogar de Cristo, pero también la intervención del Estado en todo el sistema de beneficencia a partir de los años 20 y 30.

"Cada autor cubrió con profundidad un tema. De especial relevancia me parece el marco conceptual que presenta Ignacio Irarrázaval al conectar la filantropía con la sociedad civil. Él adopta, fundamentalmente, la definición de Lester Salamon, quien dice que la filantropía es la 'donación privada de tiempo u objetos de valor -dinero, seguridad, propiedad- con propósitos públicos' y, en este contexto, las organizaciones sin fines de lucro tienen un rol muy relevante", puntualiza Elena Cruz.

Ignacio Irarrázaval, director del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica de Chile, escribe que le llama la atención el profundo arraigo que tiene dentro de nuestra tradición la conducta de dar. "En los capítulos históricos de este libro se ve cómo, a pesar de las grandes transformaciones que han sufrido las formas de filantropía en nuestro país, el dar desinteresadamente, bajo la forma que sea, se mantiene vigente y vigoroso".

Irarrázaval destaca que los primeros hospitales, asilos, escuelas y obras sociales de todo tipo fueron llevados a cabo por la sociedad civil, especialmente la Iglesia Católica, mucho antes que la ayuda social pasara a concebirse como un derecho.

"Recién en el siglo XX la beneficencia pasó a considerarse como un asunto del que tenía que tomar parte el Estado, con la creación de los derechos sociales. Se establecieron instituciones públicas y políticas sanitarias, educativas y laborales y, con ello, las obras sociales cobraron un nuevo impulso de orden, profesionalización y focalización. Sin embargo, el importante y tradicional papel de las iniciativas privadas se mantuvo vigente. Desde entonces, ambas esferas han actuado como aliadas y han logrado importantes avances en materia social", señala el investigador.

Un acto transversal

En conversación con "Artes y Letras", Ignacio Irarrázaval enfatiza la importancia de la donación de tiempo en el concepto de filantropía. "Solemos vincular esta actividad con personas de alto patrimonio, con la élite, pero la filantropía también es la donación de uno mismo, es empatizar con el otro, como ocurre con el voluntariado. Su definición también incluye a quienes quieren hacerse parte de los otros. En ese sentido, la filantropía es un acto bastante transversal".

La historiadora Macarena Ponce de León, docente del Instituto de Historia de la UC, aborda el período entre 1830 y 1920. Considera que a lo largo de estas décadas, las donaciones tuvieron gran relevancia política -todo hombre público fue un filántropo activo- y también social, ya sea como beneficencia pública, de carácter estatal, o bien como caridad y filantropía privada.

La profesional escribe que, en 1833, el Presidente Joaquín Prieto decidió entregar el control de los asilos a los vecinos, organizados en juntas de beneficencia. Las juntas poseían un régimen mixto, es decir dependían del Ministerio del Interior para elegir a sus miembros, pero a la vez administraban fondos públicos y privados. "Cuando en 1832 el Presidente de la República nombró a los integrantes de la Junta de Beneficencia de Santiago, su director fue Pedro Nolasco Mena, un hombre de larga trayectoria en los asilos durante la década de 1820. El Hospital San Juan de Dios quedó en manos de Diego Antonio Barros Fernández, comerciante acaudalado y encumbrado senador patriota, muy cercano al ex director supremo O'Higgins y padre del futuro historiador Diego Barros Arana. Barros Fernández también fue director de la Casa de Orates, institución fundada en 1852, donde se trataba la locura".

Más adelante Ponce de León afirma que hacia la mitad del siglo, las juntas iniciaron un proceso de secularización, integrando a sus filas a médicos, ingenieros, grandes comerciantes y extranjeros, abriendo paso a la participación de liberales. "La tarea de todos ellos era administrar los asilos en una sociedad escasamente impositiva; los mismos administradores de los establecimientos recolectaban limosnas para el asilo y hacían donaciones personales para alimentar a los mendigos. Ellos solían ocupar sus cargos por largos períodos, generándose una cierta identificación familiar con la institución". La historiadora también destaca el nacimiento de la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP), con el objetivo de promover la educación popular en un momento, según datos del censo de 1854, cuando solo el 14% de la población sabía leer. Hacia 1894, Emiliana Subercaseaux fundó la Sociedad Protectora de la Infancia y en 1901 nació el Patronato Nacional de la Infancia, a instancias del intendente de Santiago Enrique Cousiño. En sus orígenes el Patronato se organizó en función del reparto de leche a escolares y a sus madres en los dispensarios, los que se "transformaron en los llamados consultorios Gota de Leche, inicialmente concebidos como escuelas prácticas de puericultura popular, pero que luego se transformaron en verdaderos policlínicos y centros de reparto de leche esterilizada".

María Soledad Zárate, docente del Departamento de Historia de la Universidad Alberto Hurtado, y Maricela González, directora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Santo Tomás, desarrollan el período entre 1930 y 1970, con el surgimiento de programas y prácticas asistenciales con una fuerte presencia estatal. Eso sí, tal como lo afirman las autoras, la filantropía privada -tanto individual como colectiva- también tuvo un papel clave.

Las investigadoras escriben que producto de la crisis económica de 1930, el Estado amplió las fuentes de financiamiento con las que contaba para sostener a las instituciones asistenciales. Un ejemplo de ello es la fundación, en 1934, durante el Gobierno de Arturo Alessandri Palma, de la Polla Chilena de Beneficencia, cuyas ganancias -vía sorteos y carreras de caballos- se destinaban a la instalación y el mantenimiento de las casas de socorro y servicios hospitalarios. A partir de la década de 1960 se convertiría en una empresa del Estado, dependiente del Ministerio de Salud Pública.

También Zárate y González resaltan el nacimiento del Hogar de Cristo, en 1944, bajo el impulso de San Alberto Hurtado, para dar respuesta a la pobreza urbana. Esta iniciativa terminó siendo una de las instituciones filantrópicas más longevas de la historia chilena.

Nuevos liderazgos

Magdalena Aninat Sahli, periodista y directora del Centro de Filantropía e Inversiones Sociales de la Universidad Adolfo Ibáñez, centra su análisis en los años recientes del siglo XXI y cómo las duras catástrofes naturales que han azotado a nuestro país han forjado nuevos liderazgos e iniciativas filantrópicas. A propósito del terremoto del 2010, resalta la figura de Felipe Cubillos: "Este carismático miembro del empresariado chileno, abogado de la Universidad de Chile y destacado velerista, viajó a la zona del terremoto y el 13 de marzo, apenas dos semanas después del movimiento telúrico, lanzó Desafío Levantemos Chile".

Aninat explica a "Artes y Letras" que las catástrofes son "movilizadoras. Uno se da cuenta de cómo, a raíz de la irrupción de ellas, los países suben muchísimo en términos de filantropía o donaciones. En nuestro país, las catástrofes han provocado una reacción transversal".

Respecto del ámbito cultural, la profesional afirma que en el siglo XXI, Chile cuenta "con mejores estructuras de incentivos tributarios, con un abanico mayor de donantes a raíz de la modificación que vivió, en 2013, la Ley de Donaciones Culturales".

Para ampliar su postura, cita un estudio global -realizado en conjunto entre las universidades Adolfo Ibáñez y Harvard- que consideró a más de 100 instituciones filantrópicas. "El mayor gasto social de ellas, después de educación, va dirigido al arte, la cultura y el patrimonio", remata Magdalena Aninat quien, además, pone en valor una serie de organizaciones sociales surgidas en nuestro país en las últimas décadas y que han logrado exportar su modelo al resto de Latinoamérica, como la Teletón, impulsada por Mario Kreutzberger, y Un techo para Chile.

El sociólogo Felipe Machado y la historiadora Josefina Araos abordan en esta investigación la gestión y financiamiento de las organizaciones sin fines de lucro. La periodista Ximena Abogabir, en tanto, desarrolla la responsabilidad social empresarial y el abogado Sebastián Guerrero, los incentivos tributarios a las donaciones culturales.

A modo de balance, la historiadora Macarena Ponce de León comenta a "Artes y Letras" que en la actualidad, "hoy más que nunca vale la pena rescatar el profundo valor societario de la donación como una herramienta para restablecer confianzas. Ese fue el objetivo de la investigación que llevó a cabo la Corporación Patrimonio Cultural de Chile. Una de las conclusiones de este trabajo es que la donación crea vínculos personales, y aun cuando para muchos ese tipo de relaciones sigan siendo paternalistas, sus prácticas son fundamentales para volver a conocernos".

El libro "Filantropía y Donaciones en Chile: pasado, presente y futuro" será entregado gratuitamente por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile a toda su red de bibliotecas receptoras: bibliotecas públicas, municipales, universidades, escuelas, centros de investigación y centros culturales, entre otros. Además, será distribuido en librerías.

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