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Más de 500 personas resultaron heridas en la masacre ocurrida durante un festival de música country:

Tiroteo más sangriento en la historia de EE.UU. deja unos 59 muertos en concierto en Las Vegas

martes, 03 de octubre de 2017

Jean Palou y José Tomás Tenorio
Internacional
El Mercurio

Un hombre blanco identificado como Stephen Paddock, de 64 años y sin antecedentes penales, disparó desde el piso 32 del hotel Mandalay Bay. El Presidente Trump dijo que fue "un acto de pura maldad", pero la Casa Blanca descartó hablar de control de armas.



La popular estrella de música country Jason Aldean, el encargado de cerrar el festival al aire libre Route 91 Harvest en Las Vegas, cantaba "When she says baby" cuando los cerca de 22.000 asistentes de su concierto escucharon un estruendo que inicialmente se confundió con el de fuegos artificiales. Eran las 22:08 horas locales del domingo (02:08 horas del lunes en Chile) y no pasó mucho hasta que la multitud cayó en cuenta de que no se trataba de petardos, sino de ráfagas de disparos que tenían al público como blanco.

La música paró, y el caos se desató: mientras los muertos y heridos se desplomaban uno tras otro, los que pudieron corrieron, otros se tiraron al suelo aterrorizados, sin saber de dónde provenían las balas. Fueron cerca de 10 minutos en los que, por la cadencia de los disparos, el atacante solo se detuvo para cambiar el cargador de su arma y continuar con su masacre, que terminaría convirtiéndose en el tiroteo más sangriento en la historia reciente de EE.UU.

"La gente comenzó a caer como moscas", dijo a CNN uno de los sobrevivientes, mientras que otro de los asistentes del concierto relató cómo se vieron obligados a "reptar sobre los muertos" para refugiarse. "La gente simplemente se tiraba al suelo. No paraba. Probablemente hubo hasta 100 tiros en cada ráfaga", señaló un testigo.

El cantante Jake Owen, quien estaba en el escenario cuando comenzó el tiroteo, indicó que la gente no tenía dónde huir: "Era como dispararles a peces dentro de una pecera".

Los disparos provenían del piso 32 del exclusivo hotel Mandalay Bay, ubicado en la célebre avenida Las Vegas Boulevard. Ahí, el ciudadano estadounidense Stephen Paddock, un hombre blanco de 64 años de acaudalada posición (ver perfil en nota relacionada), se había atrincherado en una habitación con vista diagonal al recinto de eventos Las Vegas Village. El atacante, que frecuentaba el casino y se alojaba en el hotel desde el jueves, rompió dos ventanas y desde unos 360 metros de distancia disparó indiscriminadamente hacia la multitud.

Las autoridades, muy desconcertadas en los primeros minutos, solo dieron con su paradero cuando el humo de sus armas -en el cuarto se encontraron 17, entre ellas varios fusiles automáticos- activó la alarma antiincendios. Cuando agentes del equipo táctico SWAT usaron explosivos para entrar en la habitación dos horas después, Paddock se había suicidado.

El saldo de la matanza en Las Vegas es escalofriante: según el último informe, Paddock mató al menos a 59 personas e hirió a otras 527, de las cuales 12 están en estado crítico.

La masacre superó en número de muertes a la de la discoteca Pulse en Orlando en junio de 2016, que hasta ahora era el tiroteo masivo más mortífero en EE.UU. con 49 víctimas fatales. Se emparentó, además, con actos terroristas que tuvieron como blanco eventos musicales, como el ataque suicida tras un concierto de Ariana Grande en Manchester, que dejó en mayo pasado 22 muertos, y la matanza en la sala parisina de Bataclán en noviembre de 2015, en la que murieron 90 personas durante un concierto del grupo Eagles of Death Metal.

Al igual que en los casos anteriores, el grupo yihadista Estado Islámico (EI) se atribuyó ayer el ataque en Las Vegas en su órgano de propaganda Amaq, describiendo a Paddock como un "soldado del islam". Sin embargo, el FBI descartó rápidamente que esta matanza esté relacionada con el extremismo islamista u otra organización radical. "Hemos determinado hasta este momento que no hay conexión con un grupo terrorista internacional", dijo Aaron Rouse, agente especial del FBI.

Hasta ahora las autoridades sostienen que Paddock, un contador jubilado sin antecedentes penales -apenas registra faltas de tránsito-, habría actuado solo, y rechazaron que su pareja, Marilou Danley, una mujer de ascendencia asiática que se encuentra en Australia, haya tenido participación.

"No tenemos idea de cuáles eran sus creencias", reconoció el alguacil del Condado de Clark, Joseph Lombardo, quien admitió que no tenían información previa sobre Paddock. "No sé cómo esto podría haberse prevenido", manifestó.

"Paddock parecía haber planificado mejor su tiroteo que otros en los que los autores simplemente fueron a una escuela u otro sitio y abrieron fuego", comentó a este diario James Jacobs, académico de la Universidad de Nueva York y autor de varios libros sobre criminalidad y armas. "El atacante estaba posicionado para infligir el mayor número de víctimas. Probablemente estaba entrenado".

"Pura maldad"

En reacción a la masacre, el Presidente de EE.UU., Donald Trump, condenó ayer los hechos como "un acto de pura maldad". "Nuestros lazos no pueden romperse por la violencia, y aunque sintamos una ira tan grande ante el asesinato sin sentido de nuestros compatriotas, es nuestro amor lo que nos define hoy, y lo que siempre nos definirá", afirmó el Mandatario, quien anunció que el miércoles visitará Las Vegas.

Trump, quien resultó elegido con el apoyo de organizaciones de lobby como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), evitó referirse ayer al tema de la legislación para aumentar el control de armas, debate que suele intensificarse después que se producen tiroteos masivos en un país donde, solo este año, han muerto 11.653 personas por armas de fuego.

Pese a que varios legisladores demócratas, encabezados por la líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, pidieron ayer la formación de un comité bipartidista sobre violencia con armas de fuego, la vocera de la Casa Blanca, Sara Sanders, recalcó ayer que era "prematuro" hablar de ello: "Habrá un lugar y un momento para un debate político (...) El Presidente ha dejado claro que es un defensor de la Segunda Enmienda", señaló. Tampoco quiso definir el ataque de Las Vegas como un acto de "terrorismo doméstico".

"Trump ha sido guiado consistentemente por lo que él cree que piensa su base, aun cuando representa una minoría de la opinión pública. Y esta base se opone al control de armas, así que Trump también", dijo a este diario Paul Pillar, académico de Georgetown y ex analista de la CIA. "Desde la perspectiva de Trump, aquí no hay problema. Si su base sigue aplaudiéndolo, está contento", añadió.

Adam Lankford, experto en tiroteos masivos de la Universidad de Alabama, no tiene ninguna esperanza: "Pese a la gran evidencia estadística de que el número de armas explica por qué EE.UU. tiene tantos tiroteos masivos, no veo cambios en la legislación. La evidencia es indiscutible; no es cuestión de opinión o perspectiva política. Pero la popularidad de Trump ya es baja, y no creo que vaya a hacer cambios".

Las acciones de los principales fabricantes de armas de EE.UU., como Smith & Wesson y Sturm Ruger & Company, subieron con fuerza ayer.

''Nuestra unidad no puede tambalearse por la maldad; nuestros lazos no pueden romperse por la violencia". Donald Trump

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