Fondos Mutuos
La culpa, el pasado, la memoria, las medias verdades, las relaciones amorosas, los vínculos filiales son algunos de los temas que recorren la obra del escritor peruano Alonso Cueto (Lima, 1954). Autor de casi una treintena de libros, entre novelas, cuentos y ensayos, su nombre adquirió especial notoriedad con La hora azul , novela ganadora del Premio Herralde 2005, llevada al cine en 2014. Con ella inició, además, la trilogía "Redención" -de la cual también forman parte La pasajera (2015) y La viajera del viento (2016)-, en la que sus personajes acusan el impacto de la violencia que reinó durante la guerra con Sendero Luminoso. Terminado este ciclo, Cueto aborda una temática diferente, pero no desconocida en su literatura. La inminente separación del matrimonio que forman un empresario acaudalado -Gustavo- y una mujer arribista -Lali-, despierta la ira y la "creatividad" de ella para retener al marido y -lo más importante- todos los beneficios materiales conseguidos en sus 25 años de casados. Su objetivo es, entonces, sacar del medio a Jossy, la joven de la que se ha enamorado Gustavo. Lali contrata a una detective, Sonia, para que junto a su ayudante, el Mocho, averigüen todo sobre ella y le tomen fotos. No necesita pruebas para el divorcio, como dice, sino imágenes para un tercero que se encargará de Jossy. Desde Lima, Alonso Cueto reconoce que La segunda amante del rey (Literatura Random House) no se puede definir solo como novela negra, según lo ha dicho la prensa de su país. Y tampoco está ausente de ella la ironía. "En realidad, es una historia de amor -señala Cueto-, aunque también podría decirse que el amor es un crimen, siempre y cuando comprometa a la persona por entero". Y es lo que ocurre en este caso: "En la primera escena, Lali se da cuenta de que su marido se ha enamorado de otra mujer. Es por eso que pone en marcha una estrategia para recuperarlo. Su primera maniobra es fingir absoluta serenidad y hasta indiferencia cuando él le dice que va a dejarla". Universo femenino -¿Cómo surgió esta novela tan diferente a su trilogía sobre el conflicto armado en Perú? -Siempre me ha interesado el personaje que busca descubrir una o muchas verdades detrás de las apariencias y de las costumbres. En realidad, creo que la literatura es un ejercicio por buscar la verdad. Tanto las novelas sobre la época de Sendero como esta última, incluyen a un personaje que no acepta las normas establecidas, que es un modo de decir que no acepta la realidad. El escritor es un inconforme permanente, que toca a la puerta del lado inconforme de los lectores. Dice que el universo femenino también ha sido un interés permanente en su literatura, y en este caso, son tres mujeres las que protagonizan la novela: "Creo que las mujeres viven las relaciones más a fondo que los hombres, por lo general. Por otro lado, aquí la detective es mujer, lo que viene muy bien a la historia. Una mujer puede entrar a la misma habitación por segunda vez y descubrir qué objetos se han movido, algo que por lo general está impedido a los hombres". -¿Qué desafíos enfrentó al construir estos nuevos personajes femeninos? -Como ocurrió con El susurro de la mujer ballena (2007), tuve que tratar de ponerme en el lugar de los personajes femeninos. Felizmente, a lo largo de mi vida he estado rodeado de las mujeres de mi familia, así es que todas ellas me han servido de modelo. Como su madre, "una presencia muy importante en mi vida", reconoce. "Perdí a mi padre cuando tenía 14 años y ella asumió la dirección de la familia con tres hijos. Durante los primeros años de su viudez, trabajó día y noche para mantenernos y fue una figura heroica para nosotros. Nunca dejó de estar enamorada de mi padre y lo invocaba con frecuencia aún treinta y tantos años después de su muerte. Mi madre murió hace un par de años, pero con frecuencia escucho su voz", confiesa. De su esposa, Kristin, en tanto, dice: "Es la persona más valiosa que he conocido en mi vida, una compañera de aventuras. No me canso de admirar su humor y su sentido práctico. Espero que mis personajes sean como ellas". -Lali quiere humillar a los hombres y Jossy, amarlos a todos. El vicio de Sonia es la nostalgia porque sigue enamorada de Gabriel. ¿Por qué define a las tres mujeres en relación a los hombres? -Creo que todos están entrelazados. Los hombres de la novela también están definidos en su relación con las mujeres. No me interesan los personajes mismos, sino quiénes son cuando se relacionan con otros personajes. Nadie sabe quién es en sí mismo pero sí en su relación con otra persona. Pero una novela nunca explica nada y sus preguntas solo sirven para crear nuevas preguntas. Los personajes llenos de contradicciones y paradojas son los que más me interesan. Es más estimulante el misterio. "Ser detective, como cualquier profesión, significaba saber esperar", escribe Alonso Cueto. Y explica cómo se expresa esto en su trabajo: "Uno espera que le llegue una buena historia, que el trabajo llegue a un buen resultado". Pero va más allá: "Un escritor busca la verdad, lo mismo que un detective. Sin embargo, el escritor no solo es un detective, sino también un criminal. Está la frase de Chesterton: 'El escritor es un delincuente y el crítico literario es su detective'", afirma. Más de alguna vez, Alonso Cueto ha dicho que le interesa escribir historias policiales en las que el "principal sospechoso" es el pasado. "Creo que el pasado es un misterio en cada uno de nosotros -señala-, pero también un oráculo en el que se cifra un destino. Ninguno de nosotros conoce del todo el poder que la memoria inconsciente tiene en cada uno". -En la novela hay pasados que no se aclaran, ¿tiene que ver con la dualidad de la memoria, que es el único instrumento para reconstruir el pasado y a la vez es siempre engañosa? -Sí, efectivamente. No se resuelven del todo, pero siempre están en proceso de resolverse, de aparecer y de reinventarse. Creo que nuestra identidad depende de la relación que tengamos con el pasado y en especial, con la experiencia de la culpa. Muchos de mis personajes se sienten culpables de algo, como la detective, Sonia, en este libro. Si deciden hacer algo, se debe a que buscan expiar una culpa por algo que no recuerdan bien. -Después de dejar atrás el conflicto armado, ¿son las diferencias sociales, el clasismo e incluso el racismo otra forma de violencia en su país? -Sin duda. El Perú es una sociedad que incluye todas las etnias del mundo. Se hablan cientos de lenguas y Lima es la primera ciudad quechua hablante. Hemos avanzado mucho, pero el racismo, la discriminación y los prejuicios continúan guiando nuestra conducta. Eso hace que seamos una sociedad conflictiva, es decir, una sociedad ideal para un escritor. Esta es una condición que puede extenderse a todo un continente tan lleno de conflictos como la América Latina. Por eso ser un escritor latinoamericano es un privilegio. No creo que un escritor finlandés tenga tantas historias que contar. -Muchos escritores descubrieron su identidad latinoamericana en Europa o lejos de sus respectivos países. ¿Cómo fue en su caso? -Viví ocho años fuera del Perú, en Europa y Estados Unidos, y fue entonces que escribí con más energías. Pero creo que los tiempos han cambiado y que uno puede estar en el país de uno y en Europa al mismo tiempo. París ya no es la meca de la cultura en el mundo, donde los escritores jóvenes quieren tener una buhardilla. No solo los viajes se han vuelto más fáciles, sino que ahora uno puede visitar museos por internet, leer en kindle libros que antes eran inalcanzables y lo mismo con los conciertos. Por otro lado, hemos descubierto también que somos extraños en nuestro país. Resulta que nuestros países eran mucho más diversos y complejos de lo que pensábamos. Pero el gran privilegio es vivir en una nación mestiza que sigue recomponiéndose. No hay nada peor para un escritor que la idea de la pureza, en cualquier sentido. "El amor solo puede ser cursi" El amor por Jossy transforma la vida de Gustavo, y por primera vez -después de varias infidelidades consentidas por Lali- quiere terminar su matrimonio y casarse con ella, a quien le dobla la edad. "En los conventos medievales el amor era considerado un mal que había que curar y que solo podía traer calamidades y distracciones. El romanticismo, en cambio, valora el amor por encima de todo. El amor supone una nueva identidad en el enamorado", señala el autor. Y dice que le gusta la definición del amor que hace Quevedo: "La guerra civil de los nacidos", pero también la de Iris Murdoch: "El amor es la extremadamente difícil comprensión de que alguien, además de uno, es real". Por eso, dice, "el amor es una forma de la religión que crea fanáticos y militantes, una especie en extinción". -¿Por qué en extinción? -Porque la idea del amor en lo que Baumann ha llamado los tiempos líquidos, no tiene la consistencia de antes. Por ejemplo, en el cine. No hay más historias de amor como lo fueron "Casablanca" o "Un affaire para recordar". Ahora son comedias románticas, aventuras insustanciales, con amores furtivos y acrobacias eróticas. Recuerdo una frase que pronuncia Elsa (Ingrid Bergman) en "Casablanca" cuando oye las detonaciones de los nazis invadiendo París. "¿Son cañones o son los golpes de mi corazón enamorado?". Esa frase, bastante cursi por cierto, es impensable hoy en cualquier película, salvo como broma. -Gustavo piensa que "el amor es el hogar natural de las huachaferías". ¿Le preocupa ser cursi al escribir sobre el amor? -Creo que el amor solo puede ser cursi. He visto a la gente más austera perder totalmente el control cuando está enamorada. No conozco un amor verdadero que no tienda a la cursilería, pues el desborde de las emociones supone el desborde del lenguaje. Allí está Goethe, que se enamoró de Ulrike a los 73 años y le escribió la Elegía de Marienbad: "¿Qué me reserva el devenir ahora y este hoy, en flor apenas entreabierta?". Son las frases cursis de un genio. Aunque se define como un escritor realista, Alonso Cueto incluye desde el epígrafe una leyenda de Tarapoto -lugar de origen de Jossy, en la selva norte del Perú-, según la cual, "al caer, la mariposa se convirtió en la laguna de Suchiche". Esa leyenda se relacionará luego con la propia Jossy. "El Perú es un país de fantasías y la verdad es que cualquier tratamiento realista incluye leyendas y mitos -explica-. Todos en la América Latina somos hijos de mitos. Incluso los más escépticos aceptan que les lean la mano, de vez en cuando". Muy diferente, en todo caso, del realismo mágico que por años fue la marca de la literatura latinoamericana en el exterior. "Nunca me interesó el realismo mágico, salvo con grandes escritores como García Márquez. Pero prefiero el García Márquez más realista. El amor en los tiempos del cólera me parece una novela más difícil, más valiosa y más lograda que Cien años de soledad ", afirma. "Lima es el paraíso de las bocas flojas", le dice el Mocho a Sonia. "El chismorreo es, como dice el libro de (Yuval Noah) Harari, Sapiens , un componente esencial de las sociedades -opina-. Hemos inventado el lenguaje por motivos económicos, pero también para saber quién se entiende con quién y qué podemos esperar del otro. Los chismosos son los últimos relatores tribales. Una sociedad es los chismes que circulan por ella". -Llama la atención, considerando las críticas a muchos aspectos de Lima y de sus habitantes, que usted no haya seguido una cierta tradición de los escritores de su país de vivir lejos. ¿Qué lo retiene en el Perú? -Creo que la decisión de vivir en un lugar y no en otro depende en parte del azar y del instinto. Cualquier sitio tiene sus ventajas y desventajas. En todo caso, me interesa vivir en Lima porque estoy más cerca de las historias que me importan. Como una ciudad tan llena de contrastes, es un observatorio fascinante para alguien que quiere contarlas.