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La globalización ha tenido efectos en el mercado del trabajo y en la sindicalización. Hoy, la rotación en los puestos de trabajo es mucho más alta y, aunque aumenta la fuerza de trabajo, las tasas de sindicalización son menores.
Acerca de los desafíos que impone esta nueva realidad, conversan con "El Mercurio" Wanya Lundby-Wedin, presidenta de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y de la Unión General de Trabajadores de Suecia (LO), y Ron Blackwell, economista jefe de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Sindicatos Industriales (AFL-CIO). Ambos participaron en la Conferencia Internacional Trabajo y Equidad en un Mundo Global, realizada en Santiago.
Lundby-Wedin señala que el papel principal de los trabajadores en el mundo global es asegurar que sus derechos y las condiciones de trabajo sean respetados. "No tenemos ningún interés en empeorar las condiciones afectando en forma negativa la competitividad. Nuestra filosofía es que queremos desarrollar el conocimiento de los trabajadores y que haya sindicatos fuertes y responsables y eso incluso podría fortalecer la competitividad".
La fuerza laboral en el mundo se está duplicando, y en algunos casos cuadruplicando en un período muy breve. Según Blackwell, esto implica que los nuevos trabajadores potencialmente podrían bajar las condiciones obtenidas por sus pares en países desarrollados y en vías de desarrollo, como Chile. En tal sentido, piensa que los sindicatos tienen un rol crítico en cumplir su rol tradicional de lograr un balance de poder con el empresariado y compartir de manera justa las ganancias.
Además, requieren cambiar y asumir un rol contributivo, aportando a los nuevos procesos de producción nuevas ideas, nuevos productos, cuestión que los gobiernos deben asumir en su estrategia de largo plazo.
En Suecia, el mercado del trabajo está enteramente regulado por los convenios colectivos, con una cobertura del 80%, y no existe sueldo mínimo. La mayoría de los convenios colectivos está por rama, en algunos casos por sector.
La legislación permite que las partes negocien la jornada de trabajo y la LO también puede llegar a convenios colectivos con los empleadores sobre pensiones y seguros adicionales a los que existen, por ejemplo, en salud.
La sindicalista sueca sostiene que no se puede alcanzar la equidad sin los sindicatos y basarse sólo en las fuerzas del mercado. "Suecia, al igual que Chile, no puede competir en el mundo global con sueldos bajos o condiciones de trabajo muy bajas. Tenemos que luchar por conseguir una buena educación básica para todos los miembros; un desarrollo de las competencias, un mejoramiento constante de la capacitación y el estudio, para de esa forma mejorar la productividad total del mercado del trabajo", señala.
Fuerza laboral
En Estados Unidos hay 16 millones de afiliados a sindicatos y representan un 12% de la fuerza laboral. Su evolución se ha visto afectada no sólo por la globalización, dice Blakwell. También por las políticas neoliberales de privatización, desregulación, flexibilidad laboral y políticas monetarias orientadas a controlar la inflación sin preocuparse del crecimiento. Lo que se busca, asevera, es reducir la posibilidad de que los trabajadores se agrupen y esos consejos llegan a Chile.
No cree que este bajo porcentaje evidencie que los sindicatos sean innecesarios, aduciendo que, según encuestas, de los 90 millones de trabajadores que califican, un 50% se haría miembro de un sindicato mañana, pero no pueden porque hay mucha resistencia de los empleadores.
Con todo, el 12% que está afiliado representa el 26% del universo que puede sufragar en los EE.UU. y que vota por los candidatos que mejor resuelvan sus problemas. Si sólo se uniera la mitad de los potenciales afiliados, se sumarían otros 20 millones de votos y el país ya no tendría la distribución más desigual de las naciones industrializadas, sostiene el economista.
Lundby-Wedin piensa que Chile y Suecia tienen mucho que hacer en tratar de tener empresas medianas y no tantas pequeñas. Blackwell cree que con su ingreso a la OCDE, Chile puede contribuir a que estos temas se discutan e ir a una nueva gobernancia internacional que dé cuenta de la nueva realidad.