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Activismo verde

La cruzada contra la basura

martes, 12 de septiembre de 2017

Por Antonia Domeyko.
Reportaje
El Mercurio

En la Región Metropolitana existen 73 vertederos ilegales y 600 microbasurales, y buscamos a chilenas y chilenos que se han organizado para combatirlos. Para ellos, la clave es generar un cambio cultural, apostando por la educación y la conciencia ambiental, en un país donde solo el 10% recicla.



La escena ya la tiene identificada. Macarena Guajardo, arquitecta de 29 años y directora de la Fundación Basura, ha reconocido un mecanismo a partir del cual se forman muchos microbasurales. Puede desencadenarse así: Un vecino quiere deshacerse de un sillón. No sabe dónde botarlo. No llama a la municipalidad para buscar una solución. Finalmente, el sillón termina en la calle.

-Después algunos vecinos lo ven y piensan: 'ah, aquí se bota la basura'. Al final a la gente le da lo mismo botar en la calle o no saben que si botas un sillón van a llegar 20 personas más a hacer lo mismo. Es un problema de no entender que ese microbasural hace que disminuya tu calidad de vida y la de tus vecinos -dice Macarena.

En la fundación que Macarena dirige, abordan el tema de la basura desde varias perspectivas. Por un lado, tienen una academia que implementan en comunas, universidades, colegios y empresas, en las que les enseñan reciclaje y conceptos de conciencia ambiental. También tienen el Sello Basura Cero que entregan a empresas que cumplen con ciertos estándares y, finalmente, trabajan con desafíos en eventos -se pueden generan hasta 30 toneladas de basura en un fin de semana- en los que asesoran y ayudan a las productoras para reciclar la mayor parte de los residuos.

En todas esas instancias, Macarena dialoga con las personas. Dice que generalmente la mitad quiere contribuir, pero que también hay muchos mitos.

-Se cree que es un estilo de vida solo para gente con plata. En las academias les decimos que vivir sin basura es más barato, pero no nos creen, hasta que se lo demostramos. Otro mito, que es uno de los más peligrosos, es que la gente nos dice: 'bueno, lo que yo haga da lo mismo, uno más, uno menos'. Creen que si ellos no hacen nada no va a haber ninguna diferencia. Y bueno, también está la idea de que lo que se separa en los puntos limpios se bota después en un mismo lugar, pero es algo que ya casi no pasa -explica Macarena.

Algo similar vivió en Valparaíso Carolina Zumaeta, la abogada de 41 años, que dirige la ONG Valpo Interviene. En su entorno, los vecinos tampoco creían en el reciclaje, por lo que tuvieron que ir puerta a puerta recuperando la confianza, en una ciudad donde se han identificado más de 148 microbasurales.

-Hubo un tiempo en que se pusieron contenedores diferenciados en la ciudad, pero las personas veían cómo después venía el camión de la basura y retiraba todo junto. Eso hace que se pierda credibilidad. Además, hay una cosa generacional. Por mucho tiempo se han botado cosas en la calle y nadie decía nada, eso hace que las prácticas se instalen. En las quebradas de los cerros están los microbasurales y hay desde electrodomésticos, hasta muebles y escombros -dice Carolina Zumaeta, quien junto a la ONG Valpo Interviene capacita a juntas de vecinos, recuperan espacios públicos abandonados, e instalan puntos limpios donde ellos retiran los residuos.

Para Sebastián Herceg, ingeniero civil con mención en medio ambiente, de 30 años y director de la empresa B Kyklos, que implementa programas de reciclaje en colegios, hay dos motivos importantes que llevan a las personas a botar la basura en la calle o a no reciclar.

-El principal motivo es que botar basura es muy barato, si bien hay castigos con multas, son muy bajos. Una comuna puede implementar sistemas de reciclaje, pero gente externa puede venir a botar y nadie hace nada. También se relaciona con la economía circular: la basura es un error de diseño, porque finalmente las cosas se crean para desecharse. Si tú compras un desodorante, ese desodorante nunca se pensó para poder recuperarse, sino que para botarse, y por ende no podemos tirarlo al reciclaje -explica Sebastián Herceg, quien ha implementando su programa en 39 colegios de Chile.

Según la Encuesta Nacional del Medio Ambiente la mayoría (un 36,7 por ciento) cree que la principal acción para protegerlo es no botar basura, y el 43,2 por ciento de los encuestados considera que el estado del medio ambiente en el país es malo o pésimo. Y, según los datos que entregó la semana pasada la Seremi de Medio Ambiente de la Región Metropolitana, hay 73 vertederos ilegales, y 600 microbasurales en la región, en un país donde solo se recicla cerca del 10 por ciento de las 17 millones de toneladas de residuos sólidos que se desechan al año. 

Un nuevo uso a los espacios

Cuando Claudio Tapia, agrónomo de 30 años, llegó en 2015 a la Población Roosevelt en Recoleta, justo en la ladera norte del cerro San Cristóbal, lo hizo con la idea de transmitir conceptos sustentables a la comunidad que vivía en una situación vulnerable. Llegó junto a la ONG Susténtate, que él dirige, abierto a colaborar con las necesidades ambientales. Entonces se dio cuenta de que allí, en una de las calles de la población, había un micro basural. 

Más tarde, al conversar con los vecinos, entendería que había algunos sectores de la población donde el camión de la basura no podía llegar. También que muchos de los habitantes eran adultos mayores, y debían bajar largos tramos de escalas para dejar su basura en un lugar donde pudiese ser retirada. 

-Así los residuos iban quedando en la calle. Además, venían muchas personas que no vivían en la población a botar desechos -dice Claudio Tapia. 

En varios sectores de la Población Roosevelt, en calles y veredas, había focos de futuros microbasurales. Para contribuir, Claudio Tapia y los miembros de la ONG decidieron levantar, junto al municipio, un proyecto que ellos llaman Terrazas Verdes: un espacio público, justo en la ladera del cerro San Cristóbal, rodeado de un muro de neumáticos reutilizados que además previenen la caída del barro en períodos de lluvia. Ahí junto a los vecinos sembraron distintos tipos de plantas y también armaron un lugar para hacer agricultura urbana y cultivar hortalizas. 

-Darle un nuevo uso a un espacio es la manera que tenemos para evitar posibles focos de microbasurales. El que había, sigue existiendo, no lo limpiamos porque esa no es la solución, ya que al poco tiempo vuelve a activarse. Para lograr eliminarlo, hay que tener presupuesto y darle un nuevo uso a ese espacio. Por eso preferimos prevenir que aparezcan nuevos -agrega Claudio Tapia. 

Crear una nueva cultura 

Pero los microbasurales no son solo una problemática en Santiago, sino que a lo largo de Chile. En la Región de Los Lagos, Natalia Reyes, estudiante de medicina de 27 años, también combate para generar conciencia ambiental y eliminar micro basurales con la ONG Green Lab. Ella vive en Puerto Montt, donde dice que los 15 humedales de la ciudad están convertidos en basurales. Trabaja en escuelas enseñando sobre reciclaje y también plantando árboles en sectores urbanos.

En el verano de 2017 comenzaron con la campaña Rutas Limpias y decidieron partir por la carretera que atraviesa el Parque Nacional Puyehue y que llega al paso fronterizo Cardenal Antonio Samoré.

-Por ahí pasan muchos argentinos que vienen a Chile a comprar, pero no quieren pasar con las compras envueltas porque les cobran un impuesto, entonces botan las bolsas plásticas en el camino. Por la ruta, durante varios kilómetros se ve una extensión de hasta diez metros de basura que se interna en el bosque. Hemos encontrado cajas de plasmas, de teléfonos, de zapatos, y bolsas de todo el retail. Nosotros fuimos con voluntarios y tratamos de limpiar una parte, especialmente el terreno que queda entre aduanas, que es tierra de nadie, donde ninguna autoridad fiscaliza -cuenta Natalia Reyes.

Durante todo el verano estuvieron limpiando, informando a los turistas en la aduana sobre dónde botar sus residuos, y trabajando con las comunidades aledañas que conviven con la basura que deja mucha gente que pasa transitoriamente, enseñándoles a reutilizar el plástico para crear nuevos objetos de artesanía y tener una opción de emprendimiento.

En Valparaíso, Carolina Zumaeta, junto a la ONG Valpo Interviene, trabaja con 20 juntas de vecinos, a quienes ha capacitado y enseñado a reciclar, pero cuenta que muchas veces el trabajo se enfrenta a la basura no generada por los vecinos, sino por las fiestas y carnavales que se hacen en el puerto. También reciclan y capacitan a restoranes y hoteles boutique, y se han enfocado en la recuperación de espacios públicos, limpiándolos y decorando con mosaicos, como es el caso de la Plaza Bismark, la Escalera General Mackenna y la Escalera Héctor Calvo.

-Eran lugares abandonados con basura, donde los jóvenes los usaban como botillerías y baño. Ahora están muy bonitos. Cuando se recuperan esos lugares, la gente los cuida más, y nacen las ganas de los vecinos de protegerlos -dice Carolina Zumaeta.

En Santiago, donde viven 7 millones de personas, erradicar microbasurales es una labor más inabordable. Con la ONG Susténtate, Claudio Tapia, trabaja a partir de las distintas necesidades de cada comunidad, en algunos casos enseñan cultura ambiental, y en otros intervienen espacios para darles un uso y evitar microbasurales con las Terrazas Verdes.

Sebastián Herceg decidió apostar por la educación y formar a las nuevas generaciones para que sean agentes de cambio. Instalan puntos limpios en los colegios, enseñan prácticas ambientales como lavarse los dientes sin dejar el agua corriendo, y hacen intervenciones para mostrar cuánto papel equivale a un árbol, o muestran en la mitad del patio cuánta basura se generó en el colegio en un día. Además organizan interescolares de reciclaje, en el que compiten todos los colegios con que trabajan.

Y Macarena Guajardo confía en que capacitando a las personas en distintas comunidades, asesorando a productoras a recuperar el residuo que generan, e incentivando a las empresas a comprometerse con el Sello Basura Cero, la aparición de microbasurales va a disminuir poco a poco.

-La gente se está empezando a dar cuenta que esto no es un hobby, que preocuparte de que la basura no termine en un relleno, de que no termine en Tiltil, dañándoles la vida a las personas y la tuya, es algo que tenemos que hacer todos.

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