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El fenómeno se visibiliza menos que las agresiones físicas y se tiende a asociar con bromas:

Los rumores malintencionados son una de las principales formas de maltrato escolar en Chile

domingo, 03 de septiembre de 2017

Margherita Cordano F.
Educación
El Mercurio

La cultura del chisme parece estar bien instalada en las salas de clases, donde los niños chilenos dicen sufrir más por esta causa que el promedio de la OCDE.



Al menos una vez al mes, 11% de los escolares que estudia en un país miembro de la OCDE dice recibir burlas de parte de sus compañeros. El 7% siente que es dejado de lado y 4% advierte recibir golpes y empujones varias veces a la semana. Las cifras en Chile no son mucho mejores: mientras a nivel internacional ocho de cada 100 niños dicen ser víctimas de rumores malintencionados, en el país el número bordea los 10 estudiantes.

"Las agresiones psicológicas o indirectas son más frecuentes que las físicas, ya que estas son muchas veces más difíciles de detectar por los adultos, no dejan evidencias o incluso se esconden detrás de una broma", explica la psicóloga Javiera Astudillo, directora de KiVa en Chile. Este es un programa antiacoso que se aplica en 9 de 10 establecimientos educativos en Finlandia y que en el país funciona desde este año por iniciativa de Santillana y académicos de la Universidad de los Andes.

"En Chile tendemos a reírnos de los otros más que reírnos con los otros. O hablar a espalda de otros. Y usamos este tipo de estrategias para obtener mayor estatus social dentro de los pares, sin dimensionar las consecuencias a corto y largo plazo que se generan en las víctimas", dice Astudillo.

Sobre esas consecuencias habla el más reciente informe PISA in Focus, que desglosa los resultados de la prueba del mismo nombre. En este caso, el texto se centra en el maltrato escolar en niños de 15 años.

"Los colegios donde la incidencia de intimidación es alta obtienen en promedio 47 puntos menos en la prueba PISA de Ciencias en comparación con las escuelas donde el acoso es menos frecuente", indica el documento, que también destaca las consecuencias biológicas que trae ser víctima de maltrato.

"Ser intimidado es una de las formas de estrés más severo que puede experimentar un niño. Y la exposición prolongada a la hormona del estrés (cortisol) puede alterar partes de la arquitectura cerebral, como la amígdala y el hipocampo. Ambas son críticas para la regulación de emociones".

El tema es especialmente sensible si se considera que la adolescencia es una etapa llena de transiciones y, por lo mismo, de muchas emociones.

Baja autoestima

Detrás de la cultura de la murmuración malintencionada prevalecen las "propias frustraciones o fracasos de quien esparce el chisme y que tiene relación con la baja autoestima que pudieran tener los niños y jóvenes", indica Pamela Zúñiga, gerenta de operaciones y protección de la niñez de World Vision, entidad que por años se ha dedicado a tratar el tema del bullying en los colegios.

Para el tema de la autoestima en particular, su método ha sido desarrollar programas que entregan estrategias de autocuidado y de reconocimiento de las propias fortalezas. "Un primer paso es reconocer o saber si existe bullying en los colegios; debe existir una voluntad de trabajar el tema desde la prevención y no solamente cuando ya el problema está instalado. Por otra parte, es fundamental no bajar la guardia. Es decir, los directores deben estar renovando su plan de convivencia, mirando los temas que pueden aparecer y que estén provocando el acoso escolar", agrega.

El maltrato escolar "puede manifestarse de distintas formas, desde violencia física -como peleas o empujar- hasta violencia encubierta o agresión relacional, donde se incluyen acciones relacionadas con la generación de rumores, exclusión y ciberbullying (ver recuadro)", plantea Jorge Gaete, psiquiatra e investigador del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes.

La diferencia en la expresión de estas acciones que muestran los resultados de la prueba PISA, Gaete y su equipo también la encontraron en un estudio que realizaron en 2016. De una muestra de más de 2.700 estudiantes de 4° a 8° básico de la Región Metropolitana y de distintos niveles socioeconómicos, "encontramos que el 2,4% de los estudiantes refirió haber sufrido de golpes o violencia física más de dos veces al mes, mientras que el haber sufrido ser víctima de rumores malintencionados llegó al 7,6%".

Bajo la mirada del médico, distintos factores pueden explicar esta diferencia.

"Culturas orientales tienden a ser más frontales en su expresión de la agresividad, pero en Occidente tendemos a usar menos la violencia física. También se puede decir que puede haber una diferencia por sexos en la expresión de este tipo de conductas, siendo las peleas físicas más frecuentes, aunque no exclusivas de los hombres, y la relacional más frecuente, aunque no exclusiva de las mujeres", explica Gaete.

En su estudio de 2016, del total de alumnos que dicen haber sufrido maltrato físico, 60% eran hombres y 40% mujeres. En el caso de los rumores, los resultados se revirtieron: 62% de las ellas manifestaron haberlos sufrido, versus el 38% de ellos.

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