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La revolución tecnológica que está transformando el mundo:

La carrera por convertirse en la principal superpotencia de la inteligencia artificial

sábado, 26 de agosto de 2017

Jean Palou Egoaguirre
Internacional
El Mercurio

China presentó un plan estratégico para ser el líder global hacia 2030, superando a Estados Unidos. Pero existe preocupación por la falta de regulación y los riesgos en el desarrollo de máquinas y algoritmos que -ya no solo en la ficción- podrían huir del control humano.



Para China fue el "momento Sputnik". Cuando, en mayo pasado, el sistema de inteligencia artificial AlphaGo, desarrollado por Deepmind -una compañía adquirida por Google-, derrotó al campeón mundial del milenario juego de estrategia Go, el maestro chino Ke Jie, las autoridades del Partido Comunista se terminaron de convencer de que ya no se trataba simplemente de ciencia ficción, sino que del futuro inmediato: las máquinas ya no solo son más rápidas, sino que pueden ser mejores que los humanos. Y así como en los años 50 los soviéticos dieron el primer golpe en la carrera espacial con su satélite Sputnik 1, pero fueron los estadounidenses los que llegaron a la Luna con el Apolo 11, los chinos se propusieron que en esta contienda serán ellos quienes dominarán a nivel global la desafiante tecnología que proyecta aparatos más inteligentes que sus creadores.

Aunque todavía existen muchas incógnitas sobre el rumbo y los verdaderos límites de la inteligencia artificial -no pocos imaginan escenarios como el de "Yo, Robot", de Isaac Asimov; el HAL 9000 de "2001: Odisea en el espacio", o incluso el apocalipsis robot de "Terminator"-, la carrera entre las superpotencias por liderar la que ha sido calificada como la "nueva revolución industrial" va muy en serio.

El Consejo de Estado chino anunció en julio un ambicioso plan estratégico en tres etapas para convertirse en 2030 en el "principal centro de innovación de inteligencia artificial" (A.I., por sus siglas en inglés), un sector que se estima será entonces uno de los motores de la economía del país, con un valor cercano a los US$ 1,48 billones. Según un análisis de la consultora PwC, en este plazo de 17 años, hasta el 26% del crecimiento chino se deberá a esta industria, que tiene aplicaciones tan diversas que van desde los vehículos autónomos hasta la medicina robótica, el mundo de las finanzas, las ciudades inteligentes o -quizás su versión más cuestionada- la producción de autómatas militares.

Para ser líder, sin embargo, China deberá retar la supremacía actual de EE.UU., que con el poderoso sector privado de Silicon Valley -con gigantes en el campo de la investigación como Facebook, Amazon, Google y Tesla- hoy tiene más de 2.900 compañías trabajando en el campo de la inteligencia artificial, frente a poco más de 700 firmas instaladas en territorio chino.

"Tanto China como EE.UU. ven en la inteligencia artificial la tecnología clave que sustentará su poder económico y militar en el futuro", comenta a "El Mercurio" Gregory C. Allen, experto del Center for a New American Security y autor del informe "Artificial Intelligence and National Security", publicado por Harvard y encargado por la agencia gubernamental Intelligence Advanced Research Projects Activity (IARPA). "Mientras a EE.UU. sinceramente le gustaría evitar una carrera armamentística en A.I., ambos países tienen planes para expandir mucho su uso en sus fuerzas militares y agencias de espionaje", advierte el analista.

Si bien hoy empresas estadounidenses como Google Brain, OpenAI y Deepmind llevan la ventaja, con proyectos muy avanzados en áreas como los vehículos no tripulados o sistemas de machine learning , empresas tecnológicas chinas como Tencent, Baidu y Alibaba también han logrado impresionantes avances en softwares de reconocimiento facial y de voz o de traducción de idiomas. Un reporte de la Casa Blanca de 2016 recalcó que las patentes sobre inteligencia artificial en China se triplicaron entre 2010 y 2014. Las startups locales están atrayendo miles de millones en capitales de riesgo, así como a científicos de todo el mundo, y las publicaciones científicas en esta área ya superan, al menos en número, a la de sus pares estadounidenses.

"No es fácil comparar el estado de desarrollo, ya que hay investigaciones públicas, que salen en revistas, y otras privadas, que se hacen en empresas y se mantienen con propiedad intelectual. Y además están las investigaciones de desarrollo militar, que son aún más protegidas. Pero yo creo que China hoy sí es realmente una potencia al nivel de EE.UU.", comenta Alejandro Jofré, investigador del Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile, quien moderó un foro de inteligencia artificial en el Congreso del Futuro. "La relación del gobierno chino y sus empresas es mucho más cercana, intrincada y coordinada que la que tiene EE.UU. Y eso le da una ventaja transitoria", añade el académico, quien recalca que tampoco hay que olvidar a India, "que tiene gente muy buena en ingeniería y robótica, y también podría ser un actor relevante".

Futuro orwelliano

En el caso de China, el desarrollo de la A.I. parte con otra ventaja: con 730 millones de usuarios de internet y un gobierno sin muchas consideraciones en relación a la privacidad de los usuarios, los investigadores tendrían acceso a un extraordinario volumen de datos. Y el big data es la materia prima con la que se alimentan los algoritmos para predecir los patrones.

No obstante, eso también despierta preocupaciones distópicas respecto al posible uso "orwelliano" de las aplicaciones de inteligencia artificial, como la supervigilancia de la población o las necesidades de un estado autoritario. Actualmente, compañías chinas desarrollan softwares para rastrear personas en circuitos cerrados de cámaras, perfeccionar la censura en internet, e incluso predecir crímenes antes que ocurran.

"Las firmas y los gobiernos occidentales no son ángeles en lo que se refiere a recolección de datos y espionaje. Pero al menos participan en el debate sobre las implicaciones éticas de la inteligencia artificial, y las agencias de inteligencia están regidas por instituciones democráticas", remarcó The Economist. "Nada de ello es cierto en China".

Las consecuencias de esta carrera, por otro lado, son imposibles de predecir. Se presume que la inteligencia artificial llevará a una transformación radical de la economía y la sociedad, a la aniquilación a gran escala de empleos obsoletos y a un nuevo equilibrio global de poder. Pero, además, científicos y expertos de todo el mundo han advertido por sus aplicaciones militares, cuyo potencial ha sido descrito como la "tercera revolución de la guerra", tras la invención de pólvora y la bomba nuclear.

Es en este debate donde ha tomado protagonismo Elon Musk, quien incluso advirtió este mes que la inteligencia artificial es "mucho más riesgosa que Corea del Norte". Aludiendo al potencial de las máquinas de superar la inteligencia humana -la llamada "singularidad", que implicaría que podrían evolucionar y escribir su propio código-, el creador detrás de Tesla y SpaceX ha alertado, junto a voces como la del físico Stephen Hawking o el cofundador de Apple Steve Wozniak, que la A.I. es "un riesgo existencial para la civilización humana", que puede salirse de control y que debe ser regulada "antes de que sea demasiado tarde".

Robots asesinos

En esa campaña, esta semana Musk se unió a un grupo de 116 expertos en inteligencia artificial y robótica de 26 países que pidió a la ONU un veto a los "robots asesinos" -autómatas militares-, cuyo uso "permitirá conflictos armados a una escala como nunca antes se había visto" y que, eventualmente, podrían "actuar de manera indeseada".

Alejandro Jofré está de acuerdo con esa advertencia. "La inteligencia artificial es demasiado interesante y poderosa. Yo creo que uno no puede frenar este desarrollo tecnológico ni la investigación, pero estoy totalmente de acuerdo en que se requiere regular su uso militar como máquinas de guerra autónomas", dice el experto, quien alerta del riesgo de que esos aparatos sean hackeados o caigan en manos terroristas. "La amenaza es tan grande, que se debe producir un acuerdo entre los países".

El problema que ve Gregory C. Allen es que ni EE.UU. ni China se quieren quedar atrás en la tecnología militar; además, a esta carrera se pueden sumar naciones más pequeñas, ya que -a diferencia de la restringida tecnología nuclear- los códigos y los datos digitales se mueven con relativa libertad. "La inteligencia artificial tiene el potencial de ser una tecnología militar transformadora tal como la aviación, las armas nucleares y las cibernéticas", afirma. "Como todas esas tecnologías, el tremendo poder de la A.I. tiene el potencial de lograr beneficios significativos, pero también para provocar grandes daños".

El británico Stephen Finlay, autor de "Artificial Intelligence and Machine Learning for Bussiness", indica que esta tecnología "cambiará las reglas del juego" en la próxima década o la siguiente, por lo que las potencias no pueden restarse. Pero remarca que será difícil definir un ganador: "No es una carrera propiamente tal, porque no hay un solo objetivo que defina a un ganador, tal como ocurría en la carrera espacial con la llegada a la Luna. En el tiempo veremos más y mejores aplicaciones de A.I. en numerosas áreas, algunas chinas y otras estadounidenses. Pero no hay un punto final natural. No existe una línea de meta para la carrera".

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