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HISTORIAS DE CASTING

sábado, 26 de agosto de 2017

por Rodrigo Munizaga foto sergio alfonso lópez
Crónica
El Mercurio

Moira Miller ha descubierto a la mayoría de los actores jóvenes que trabajan en las teleseries. Roberto Matus es el hombre detrás de los casting de las mejores series chilenas. Y el sello de ambos está en las películas locales más premiadas de los últimos años. Aquí, ellos hablan del ojo que hay que tener para saber qué actor sí y qué actor no.



Cuando era chico y vivía en Cauquenes, Roberto Matus (43) recuerda un juego favorito que tenía durante los almuerzos dominicales: se sentaba en la mesa de los niños y, en vez de hablar, se dedicaba a observar y adivinar qué harían los otros al rato después. Generalmente acertaba. Esa misma intuición, con el tiempo, se convertiría en la materia prima de su trabajo como director de casting de todas las series chilenas más importantes: Los 80, Los archivos del cardenal, El reemplazante, Cárcel de mujeres y Zamudio, entre otras, han contado con su ojo agudo para calzar un personaje en el cuerpo de un actor.

-Mis alumnos me consideran brujo por adivinar cosas.

Matus -que partió como guionista, cortometrajista y asistente de dirección y hoy dirige la Escuela de Actuación Matus Actores- es considerado el director de casting más importante del país desde hace 19 años, cuando en Berlín decidió dedicarse a este oficio, que por entonces no existía en Chile.

Antes, las agencias llamaban a castings masivos bajo la idea de "vengan todos y vemos qué encontramos" y un director terminaba con cien currículos. Hoy, él ha impuesto su propio método. Dice: lee el guion, se reúne con el director y revisa una base de datos con nombres que ha anotado yendo al teatro o conversando con gente en la calle. Luego supervisa una selección para roles específicos, donde quedan menos de 10 actores y tras eso realiza una propuesta sobre quién debería tener el papel, para que el director de la ficción tome la decisión final.

Matus, soltero, de voz pausada y trabajólico, cuenta que hace dos años se fue "a negro". Estaba en cuatro proyectos a la vez, además de su escuela, y tuvo que rechazar la propuesta para trabajar en la serie Bala loca, de Chilevisión.

-Colapsé, estaba mal, durmiendo poco y con ataques de pánico. Estaba muy sobrepasado de trabajo. Mis alumnos se daban cuenta, porque me sentía perseguido, terminaba exhausto. El doctor me dijo que era estrés.

Entonces decidió cuidarse, aunque basta darle un vistazo a su agenda, tan abultada que no pareciera haber frenado tanto: acaba de terminar el casting de la ópera prima del director Cristián Mamani, que protagonizarán Daniela Ramírez y Néstor Cantillana; participará en Araña, la nueva cinta de Andrés Wood; en la serie Helga y Flora, sobre las dos primeras mujeres policías de Chile; en Inés del alma mía, que Nicolás Acuña dirigirá para Chilevisión, y en la serie Alto Hospicio, que dirigirá Juan Ignacio Sabatini, con quien también trabajó en Zamudio y pronto lo hará en Los fusileros.

-El director de casting es una pieza fundamental, por el conocimiento que tiene del talento -dice Sabatini-. Él siempre tiene un ojo atento a caras nuevas o a consagrados que calcen con lo que uno busca.

-Soy trabajólico y si tengo que defender un elenco soy muy obsesivo, porque cuando no queda un actor que consideraba que debía ser me frustro -reconoce Matus.

En Los 80 se hizo un llamado masivo para encontrar a Félix Herrera. Se inscribieron cinco mil niños, recuerda Matus, quien venía de trabajar para los telefilmes de Héroes, en Canal 13. El primer filtro fue el perfil físico: buscaban que fuera un niño moreno o trigueño. Quedaron 400. De los que llegaron, muchos evidenciaron que no querían estar ahí, una constante en los casting con menores de edad.

Lucas Bolvarán, quien terminaría interpretando a Félix, apareció saludando a todos con desplante y eso fue suficiente para Matus.

-Tenía el pelo negro y chuzo, bonito, con mucha convicción. Con otros 39 niños trabajé escenas, pero Lucas era muy profesional -recuerda.

Varias actrices se probaron para el rol de Ana. Una de las finalistas era la actriz Tatiana Molina, que hasta entonces había hecho roles cómicos, pero él la había visto haciendo drama. También estuvieron Mariana Loyola y Berta Lasala, pero al final el equipo se inclinó por Tamara Acosta, quien tenía "algo más maternal que calzaba", dice el director.

-En general, los actores son reacios a las pruebas de cámara, y Tamara hizo muchas, fue bien generosa. Los actores se sienten un poco juzgados, se ponen nerviosos. Las generaciones más antiguas no entienden para qué se los llama, porque dicen que ya se sabe lo que pueden hacer. Si los rechazan es un tema importante, que no es ego, sino inseguridad.

Lo que somos

Matus ha trabajado solo en una telenovela: Peleles (2011, Canal 13). Fue su debut y despedida de ese género.

-Respeto mucho el formato y sus reglas, pero no tengo algo que aportar ahí, porque se va a elegir al actor más bonito, al más conocido, hay una cosa aspiracional que no me parece sana. Me interesa trabajar en lo que somos y no en lo que no somos. En las teleseries ves a una familia súper humilde y su casa está bien instalada, pulcra, espaciosa, y esa no es la realidad.

Para Zamudio, Matus logró convencer al productor de TVN Rony Goldsmith para que los protagonistas fueran caras nuevas y los secundarios actores consagrados, como Amparo Noguera o Daniel Muñoz. Lo mismo pasó con Daniela Ramírez cuando llegó a la prueba para Los archivos del cardenal: lo dejaron apostar por alguien nuevo y Matus dice que le gustó inmediatamente ella.

-Aunque es muy insegura, tiene una actitud muy segura.

Con Sudamerican rockers le costó más. Para elegir al actor que interpretaría a Jorge González se fijó en Michael Silva, que tocaba guitarra y tenía un carácter especial, a juicio de Matus muy similar al líder de Los Prisioneros.

-Pero al canal no le gustó, no lo encontraba muy estético y lo tuve que defender. El canal quería un rostro más bonito. Al final les dije que lo dejaría en la selección final y que vieran. Ahí entendieron que él era. Físicamente no se parecía tanto, pero su carácter era muy parecido. Y es tremendo actor.

"Muchos me dicen: '¿Cómo puedes trabajar con actores, si son una raza aparte?'. Pero tengo un carácter dócil y me llevo bien con ellos, hay mucho afecto. Un director de casting debe tener una psicología especial. Ser intuitivo y paciente, muy paciente".

El taller de Moira

Moira Miller (45) tiene muchos amigos actores. Admite que ha pensado que a varios puede resultarle conveniente estar cerca de ella.

Ahora está en una cafetería del barrio Lastarria. De pelo crespo, habla fuerte y modulado, defiende su trabajo en televisión de lo que considera "críticas clichés" y sortea las preguntas para no individualizar a actores cuando habla de ejemplos.

La hija del director Hugo Miller y de la actriz Liliana Ross encontró su vocación como directora de casting en 2009, luego de que Marialy Rivas la llamara para elegir el elenco del cortometraje Blokes. Hasta entonces, era actriz y directora, y nunca había trabajado seleccionando actores. Aceptó y su primer fichaje fue Pedro Campos. 

El actor recuerda que estaba en tercer año de universidad cuando Miller, amigo de su hermana Rafaella, lo convocó:

-Era un corto bien despojado, con escenas de sexo y yo era chico, pero ayudó a soltarme, fue bien concreta y ensayamos harto -dice Campos, quien fue nuevamente llamado por Miller para la cinta Videoclub, de Pablo Illanes, y luego para la teleserie Vuelve temprano, de TVN. "Ha sido una ayuda y un aporte para crecer, es seca para traspasar conocimiento y muy buen ojo para abordar los ensayos", agrega el actor.

Luego de ese cortometraje, que estuvo en el Festival de Cannes, su carrera explotó y empezaron a llamarla. Trabajó en Joven y alocada, vino un contrato de TVN y hoy está en Mega, donde realiza talleres de cuatro meses para nuevos talentos en la actuación. De allí han salido Josefina Fiebelkorn, Jorge Arecheta y Mariana di Girolamo, entre otros. Los tres estaban egresando de la universidad cuando Miller los convenció de hacer casting, porque ninguno tenía tantas ganas de llegar a la televisión.

-Los actores reclaman por los casting, pero a su vez dicen "¿por qué no me llamas, si puedo hacer otras cosas?". Es un doble discurso, pero es un trauma que tienen los actores sobre 40 años. Los menores están habituados, les divierte, es como un pequeño coaching -dice Miller.

Ella cuenta que prefiere hacer una selección personalizada de una hora, aunque no sean rostros conocidos. Cuando no quedan, los llama por teléfono o les escribe un correo.

-Siempre me preguntan si fue por actuación y digo que no. No me gusta hablar de mejores o peores actores. Hay algunos que pueden ser peor evaluados a nivel general, pero que para un casting puntual están perfectos.

La actriz ha trabajado en las últimas películas de la productora Fábula, desde Gloria y Una mujer fantástica hasta No y Neruda, donde tuvo que hacer la selección para los más de 70 personajes de la cinta de Pablo Larraín.

-Soy vehemente para plantear cuál es el actor que quiero, pero estoy al servicio de la historia, no de los actores. Mi ego no está en mi oficio, busco lo que el director o directora quieran. Y eso es fascinante, ponerse en la mente de otra persona -dice Miller.

Agrega que no está de acuerdo con Matus respecto de que en las telenovelas siempre se elige al más bonito y no siempre al mejor.

-Está el mito de los actores con ojos claros, pero a nivel latinoamericano nos salimos del patrón; en otros países no entienden el prototipo físico de galán o heroína. Afuera, los galanes son musculosos, súper, ultrabonitos, y los nuestros son buenos actores. Acá lo que manda es el encanto, la magia en pantalla y cómo actúan. En la teleserie uno no busca realidad, sino fantasear intelectualmente, sexualmente, románticamente.

Además de castings, Miller también hace coaching de actuación. Lo hizo para rostros de Canal 13 (como Constanza Santa María y Polo Ramírez) y ahora lo hace en Mega no solo en el área dramática, sino también en el área deportiva y prensa.

-Tengo la suerte de trabajar en lo que amo. Trato de que todos los días sean un buen día, no me cansa partir una y otra vez a buscar gente nueva -dice Miller.

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