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"Chamullo" y posverdad según Óscar Landerretche

sábado, 12 de agosto de 2017

Sebastián Cerda
Vidactual
El Mercurio

"Me estoy preguntando si una persona que se conduzca con integridad y que tenga sentido del honor, realmente puede estar en lo público", dice el economista y presidente del directorio de Codelco.



Para el 13 de enero de este año, Óscar Landerretche llevaba semanas masticando ideas que pudieran dar vida a un próximo libro. En distintos archivos, incluso, tenía anotadas algunas de ellas, como esbozo de futuros capítulos. El concepto general aún no estaba cuajado, aunque sí sabía que tenía ganas de salirse de la arena económica y política más pura, para fijar la mirada en la epistemología y en un concepto que en esos días era aún emergente: posverdad.

Pero en la tarde de esa calurosa jornada, un hecho pudo dejar este y otros planes truncos: a través del correo y dentro de un paquete, el presidente del directorio de Codelco recibió una bomba, que al detonar disparó cientos de tornillos a varios metros a la redonda. La explosión le causó heridas tanto a él como a una trabajadora de su hogar.

Solo después de varias horas en un recinto asistencial, y tras haber enfrentado la situación tanto en su familia como en la institución que preside, pudo revisar la prensa y las redes sociales. Lo que allí encontró lo golpeó: entre las versiones difundidas se decía que su esposa estaba gravemente herida, cuando afortunadamente no estaba en casa en el momento de la explosión; que su asesora del hogar había sido trasladada a un consultorio, en circunstancias de que se encontraban en la misma clínica; incluso leyó grotescos juicios de valor, aludiendo a un supuesto sueldo millonario que estaba muy lejos de ganar.

Entonces, las ideas que venían dándole vueltas se mezclaron con la realidad. Él mismo, percibió, estaba siendo víctima de la posverdad.

Ese neologismo es el que Landerretche aborda acabadamente en "Chamullo" (Planeta, $12.900), un ensayo plagado de alusiones a la historia universal y a la cultura pop, y con el que busca adentrarse en una de las patologías sociales más demarcatorias de nuestro presente.

La llegada de Donald Trump fue uno de los catalizadores. También el Brexit en Gran Bretaña. Pero, aunque no estaba en ningún plan, su propia experiencia terminó transformándose en uno de los catalizadores. El economista vuelve a ese día: "Algunos necesitaban creer que el presidente de Codelco era un miserable, sin importar lo que haya hecho, por lo que se haya jugado. Para la visión de quienes replicaban noticias falsas, era tan necesario reafirmar que el mundo es como ellos creen que tuvieron que inventar un chamullo. Eso fue demasiado fuerte".

Mentira por verdad

"Chamullo" es un recorrido en que lo personal es apenas un complemento ocasional dentro de un acucioso ejercicio de investigación y reflexión, que se inicia con el repaso de todos los quiebres culturales que llevaron a un presente en que la mentira forma parte del paisaje establecido.

"Esto es un fenómeno que tiene que ver con el tema central de la epistemología: cómo resolvemos preguntas. Eso hoy está maleado, socialmente estamos cometiendo errores muy severos. Estamos respondiendo preguntas con chamullos. Y la capacidad de responder bien a las preguntas es esencial para la libertad", explica.

"La posverdad es la tendencia en la gente que tiene voz pública a tratar de presentarles a las audiencias lo que quieren escuchar y que los satisface emocionalmente, más que un punto de vista para debatir. Ese fenómeno está afectando a muchas instituciones: la prensa, la política, las empresas, la reflexión sobre el modelo educativo, etc. Es importante tener esta discusión, porque el futuro es de una sociedad en la que el conocimiento y el entender serán mucho más importantes. Y el hecho de que lo cognitivo se esté contaminando de posverdad es terrible, va al corazón del modelo de desarrollo que queremos tener", agrega.

"Hay que hacerse la pregunta ¿cuál es el Estado de Derecho del mundo cognitivo, del mundo virtual? ¿O allí no habrá Estado de Derecho? ¿Será una selva primigenia? Aunque no hay que ir a la censura, no me parece que eso sea lo óptimo", afirma Landerretche.

¿Qué hacer entonces? "No tengo una fórmula, no sé cómo se hace esto, pero es necesario hacer la pregunta", reitera el economista.

Para su propia situación en un mundo de posverdad, en cambio, las respuestas están algo más claras, y no son del todo alentadoras. Primero, porque tras haber sido víctima de esta patología, decidió cerrar sus cuentas en redes sociales.

"Yo llevaba años en ellas como un mirón. Había dejado de tuitear y seguía casi puros medios. Pero después del atentado, cuando vi los comentarios asociados a mi nombre, si bien estaban el apoyo y la preocupación, también estaba lo otro. Y decidí salirme, porque si me comportara como en el patio del colegio, tendría que enfrentarlos. Prefiero no estar en ese patio, porque te puedes convertir en una cosa que no quieres ser".

El siguiente paso aún no sabe si lo dará, pero el solo hecho de que figure entre sus opciones es elocuente respecto de los alcances que puede tener el fenómeno. "Me estoy cuestionando si es factible que una persona que se conduzca con integridad y que tenga sentido del honor, realmente puede estar en el ámbito público", sentencia.

Esa respuesta aún no aparece. Sí, en cambio, tiene claros los riesgos a los que podemos estar expuestos en caso de que su inquietud devenga en estampida: "Conozco a mucha gente de vocación pública que ya se había empezado a ir, y muchos se están yendo ahora, porque consideran que no se puede. Es complejo, porque si todos los que tienen sentido del honor, que son íntegros, se retiran del ámbito público, ¿a quién se lo dejamos? A los Donald Trump".

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