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Programa impulsado por la Subsecretaría de Pesca podría extenderse:

Pescadores artesanales reciben agua potable de pequeñas plantas desalinizadoras

domingo, 30 de julio de 2017

Paula Leighton N.
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Tecnología de punta y a bajo costo está convirtiendo en dulce y cristalina el agua de mar, en tres caletas de la IV y V Región.



"¿Quién quiere té con canela?", pregunta María Velásquez, mientras vierte en los tazones el agua hirviendo.

Desde lo alto de su comedor se ve una bahía tranquila, rodeada de cerros verdes y quebradas, donde una docena de botes se mecen tranquilamente en el mar. El agua de ese mar es la que María está sirviendo en las tazas de sus visitas.

Pero antes de llegar a la tetera, el agua fue acopiada en una cámara sumergida en la orilla de la playa y a través de tuberías, avanzó unos 200 metros, hasta una pequeña planta desalinizadora que cabe en un container (ver infografía).

Desde hace un mes estas instalaciones -alimentadas con energía solar- están cambiando la vida de los entre 50 y 100 habitantes de la Sierra, una caleta ubicada 40 km al norte de Los Vilos, en la comuna de Ovalle (IV Región), que vive principalmente de la recolección de algas y la pesca de jibia.

Agua de sobra

Las caletas Sierra y El Sauce, ubicadas en la misma comuna, son las dos primeras del país cuyos habitantes hoy tienen una planta de agua potable desalinizada, gracias al programa "Caleta de Agua", de la Subsecretaría de Pesca (Subpesca). Esta iniciativa busca optimizar las condiciones de abastecimiento hídrico de caletas de todo el país, para mejorar la calidad de vida y el desarrollo productivo de los pescadores artesanales.

Pablo Berazaluce, subsecretario de Pesca y Acuicultura, explica que "ambas fueron las primeras beneficiadas por su aislamiento y porque sus condiciones de abastecimiento de agua y conectividad son precarias". En las próximas semanas se sumará Quintay, en la V Región, cuyo suministro no es continuo, porque el agua de las napas se salinizan a ciertas horas. Y a futuro vendrán otras.

A la Sierra, el agua potable ha llegado por años en camión aljibe desde Ovalle, a 105 km de distancia. "Son 500 litros por familia cada 15 a 20 días, así es que para que dure la usamos solo para tomar y cocinar. Para lavar ropa o bañarse traemos agua de la quebrada, que es salobre", corrobora Raúl Vega, presidente de la Asociación Gremial de Pescadores.

Y "cuando el agua no alcanza o el camión no llegaba a tiempo, había que ir a comprar al pueblo". Pero ahora basta bajar a la playa y sacar desde el estanque de almacenamiento de la planta toda la que se necesite.

Con una producción de 9 mil litros diarios, hoy tienen agua potable de sobra: al menos, 90 litros por persona, mientras que con el camión aljibe recibían, en promedio, 33 litros diarios por familia.

"Yo pensaba, '¿cómo van a transformar el agua? Seguro no se va a poder'. Y cuando la probé no lo podía creer. Quedé impresionado. Es increíble el sabor. Supera a la que uno compra embotellada", opina Sam Fuentes, pescador de caleta Sierra.

"Es que esta agua se produce con la misma tecnología que la del agua purificada. Es osmosis inversa, pero en vez de purificar agua de la llave, se saca del mar", explica Ivo Radic, gerente general de VIGAflow, empresa que se adjudicó la licitación para instalar las plantas desalinizadoras de la Sierra, el Sauce y Quintay.

Para el ejecutivo, la posibilidad de ampliar estos beneficios a otras caletas y poblados costeros es enorme. Pero tal como hubo que vencer el escepticismo de Sam y muchos más en la Sierra y El Sauce, hay que romper otras barreras.

"La normativa debería eximir a plantas pequeñas como estas de requerimientos como hacer estudios de impacto ambiental o pedir concesiones marítimas para extraer el agua, y devolver al mar el concentrado, lo que implica costos que terminan por hacerlas inviables", dice Radic.

Además, agrega, hay que desmitificar que esta tecnología es cara. "Incluyendo el consumo de energía, insumos, filtros y mano de obra para la mantención, el m {+3} (mil litros) de agua desalinizada cuesta menos de US$ 1", señala Melanie Haberland, ingeniero de proyectos de la empresa.

Mientras, en la Sierra y El Sauce ya ven solo como cuestión de tiempo la desaparición del camión aljibe y de los tambores y estanques, donde hasta ahora han acumulado el agua.

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