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El 9 de julio pasado el golfista Joaquín Niemann dejó pasar 28 millones de pesos. Ese era el monto que podía cobrar por haber terminado el Greenbrier Classic, del circuito PGA, en el lugar 29 entre los 74 jugadores que clasificaron a la última jornada del campeonato. El problema era otro: Niemann aún es un amateur. Por eso, todavía no puede cobrar premios.-¿Te costó dejar esa plata?-No tenía idea cuánto era. Supe cuando lo vi en el diario. -¿No te interesó?-No. Me dio lo mismo.No fue lo único. Ese domingo terminó el recorrido en 64 golpes. Algo que lo emparejaba con Phil Mickelson, como los golfistas de mejor performance ese día. Mickelson, para que se entienda, ha ganado un par de cosas: 42 títulos de la PGA, cinco majors y es uno de los 10 mejores golfistas de la historia del deporte.-¿Te impresionó cómo jugaste ese día?-No. Sé que no es una cosa del otro mundo llegar y hacer una ronda así de buena.Joaquín Niemann contesta todo esto en el Starbucks de Rosario Norte con Alonso de Córdova una tarde de jueves. Esta es otra más de las tantas entrevistas que ha dado este último año, luego de ubicarse como el mejor golfista amateur del mundo, clasificar al US Open y pasar el corte en Greenbrier, el primer torneo de esa categoría que jugaba en su vida. Eso, tratando de encontrar un símil con el tenis, sería como si alguien hubiera llegado a semifinales en el primer torneo ATP en el que competía. Por eso, también, es que en Chile sus resultados pronto comenzaron a emparejarlo con otro grande: lo logrado por Niemann, para algunos, lo ubicaba en la senda de Marcelo Ríos. De hecho, el presidente de la Federación Chilena de Golf, Felipe Bertin, dice "Joaquín va a ser el referente que va a masificar este deporte". El día antes de esta entrevista en el Club de Polo, donde normalmente entrena, Joaquín dio una clase demostrativa de su deporte a distintos medios de comunicación que llegaron por la promesa de conocer al golfista que empieza a acumular marcas de genio.-¿La pasas bien haciendo esas cosas?-Voy a tener que pasarla bien.-¿Te agrada?-No es que me agrade, igual no me gusta. Pero tengo que hacerlo.-¿Y qué te gusta hacer?-A mí me gusta estar tranquilo: jugar golf y chao nomás. Pero si hay que hacerlo, no puedo decir que no, nomás. La voz de Niemann es seca. Su tono es plano y su cara casi no tiene expresión. -¿Lees lo que se escribe sobre ti?-Igual sí, de repente.-¿Qué piensas cuando lees esas cosas?-Que es lo que dije nomás. -¿Guardas los recortes?-Mi familia los guarda, pero a mí me da lo mismo.-¿Por qué?-No sé. Me da lo mismo nomás.Lo que le importa a Joaquín es tomar el avión mañana a Alabama, donde tratará de clasificar a otro PGA y meditar sobre la idea de si da el salto al profesionalismo o aceptará la beca completa que la Universidad de South Florida le ofreció para que compita por ellos. Esa decisión mantiene en vilo a la creciente comunidad que sigue sus pasos y opinan sobre él.-A todos los que hablan afuera casi nunca los escucho mucho, igual. Porque sé lo que tengo que hacer.-¿Hay algo en el golf que te parezca inalcanzable?-No, nada.Otro detalle sobre Joaquín Niemann: tiene 18 años.Solo-Yo juego golf, pero soy malo. Nunca forcé a Joaco. En 2000, el ingeniero comercial Jorge Niemann le regaló unos palos de plástico que compró en el supermercado al cuarto de sus cinco hijos, que solo tenía 2 años. Después de una serie de cambios de casa, Niemann y su esposa, Pamela Zenteno, terminaron viviendo en una parcela que quedaba dentro del Club de Golf Las Palmas, de Talagante. Cuando cumplió 4, Jorge le regaló otro juego de palos a su hija. Esta vez eran de fierro.-Tenía un swing perfecto. Nadie se lo había enseñado. Era zurdo, pero jugaba con palos de derecho porque no entendíamos la diferencia. A los 8, el padre inscribió a su hijo en la academia del club que dirigía el profesional argentino Gonzalo Orfila. En un principio, dice Orfila, tuvo reparos. Después de un par de semanas vio que Joaquín tenía una cabeza distinta.-Era el día de su cumpleaños número 8. Media hora antes de que se acabara la clase, les dije vamos a dejar de entrenar y vamos a ir comer torta al clubhouse, que yo los invito por el cumpleaños de Joaco. Y Joaco me miró con una cara como diciendo, no, enojado. Le dije, ¿qué pasa, Joaco?, ¿quieres que sigamos entrenando o vamos a comer torta? Los demás, que lo doblaban en edad, gritaban vamos a comer torta. Cuento corto: nadie fue a comer torta y la clase duró hasta el final -recuerda Orfila.No pasó mucho para que Joaquín comenzara a competir en el extranjero y, paralelamente, sus padres se separaran. Jorge se fue a vivir a Santiago y Pamela se quedó en la casa de Talagante. Sobre eso Joaquín solo dice una cosa. Que, gracias a su personalidad, ese quiebre no afectó su golf. Hasta séptimo básico, Niemann estudiaba en el colegio Trebulco de Talagante. Recuerda que odiaba estudiar ahí. En octavo básico lo cambiaron al Athletic Study Center, un colegio para deportistas en Las Condes. Como ya lo habían becado para jugar en el Sport Francés, hizo sentido que dejara Talagante y se fuera a vivir con su padre a Santiago, que lo veía después del trabajo. Estuvo con él dos años. A los 12 aprendió a moverse solo, a no necesitar a nadie. -El golf es muy solitario. No es que me guste estar solo, pero es algo que va a pasar siempre en el golf. Es parte de. Irme a Santiago y estar solo me ayudó para estar centrado en lo mío -explica Niemann.La posibilidad de entrenar siete horas diarias disparó su rendimiento. En 2013, a los 14 años, fue becado para jugar en el Club de Polo. Ahí lo tomó el entrenador Eduardo Miquel:-Yo le decía que pegar un fierro 8 en el US Open de 160 yardas, y pegar un fierro 8 de 160 yardas en el Polo no tienen ninguna diferencia en cuanto a la ejecución. Trataba de que entendiera dónde estaba parado y qué importancia le daba a las cosas externas.Los resultados de esa nueva mirada no se demoraron en aparecer. A fines de 2014, cuando cumplió 16, ya había ganado torneos juveniles de prestigio internacional como el Optimist International y el Orange Bowl. El único otro golfista en llevarse los dos títulos el mismo año había sido Tiger Woods. -Ahí se nos abrieron los ojos -dice Pamela Zenteno, la mamá-. Empezó a salir en los diarios, en medios extranjeros y nos dimos cuenta de que esto era de verdad.De vuelta de esa vida solitaria en hoteles, cuando llegaba a su casa Niemann casi nunca veía o hablaba sobre golf. Pero cuando iba a competir a Estados Unidos cada vez más gente se interesaba en verlo. En 2015, después de ganar un torneo en Canadá se fue a California a competir en el Junior World Championship. Cada vez que hacía un tiro, había varios entrenadores de universidades norteamericanas observando. -¿Te importaba que te miraran?-Me daba lo mismo -dice Niemann.Uno de esos entrenadores era Steven Bradley, de la Universidad de South Florida. Llegó ahí porque Claudio Correa, un chileno algunos años mayor que Niemann que competía por esa universidad, se lo había recomendado.-Lo vi durante cuatro días -cuenta Bradley-. No solo me impresionó cómo le pegaba a la pelota, sino que cómo se manejaba en la cancha, sin importar la presión del momento o la importancia del torneo. Y eso no es algo que encuentras en muchachos de 18 o incluso de 22.Ese torneo, demás está decirlo, también lo ganó Niemann. En agosto de 2015, aceptó la beca para irse a competir y estudiar a Tampa. Y eso no lo conformó. En 2016, defendió el título en California y ganó el mundial juvenil en Japón, remontando seis golpes de diferencia. Felipe Aguilar, el mejor golfista chileno de la historia hasta ahora, lo conoció ese año.-Si uno lo ve, Joaquín no tiene la potencia de Tiger Woods, no le pega tan fuerte al drive como Rory McIlroy y no puttea tan bien como Jordan Spieth. Pero es un jugador bastante parejo y se recupera muy rápido de sus errores. Tiene una facilidad para superar el golpe malo que hizo en el momento.Para que quede constancia: Woods, McIlroy y Spieth son todos ex números uno del mundo. Al ver esta madurez en él, su madre lo llevó donde el psicólogo especialista en neurociencia, Eugenio Lizama. Le puso sensores en distintas partes del cuerpo y evaluó cómo reaccionaba frente a situaciones estresantes y, sobre todo, cómo se recuperaba de ellas.-Él tiene una muy buena capacidad de manejar un alto nivel de lucidez en situación de alto estrés -explica Lizama-. Y eso, para quienes trabajamos en esta área, es oro: saber reaccionar con calma y lucidez mental frente a situaciones de alta complejidad es una ventaja enorme. Desde el punto de vista mental, tiene un potencial tremendo. Joaquín Niemann tiene otra forma de explicar su cambio. Dice que aprendió algo con Eduardo Miquel, su técnico.-Que lo que pensaran los demás daba lo mismo. FenómenoEste año Joaquín Niemann ha jugado 12 torneos. Ganó la mitad de ellos y salió segundo en otros dos. Todo lo llevó, el 17 de mayo, a quedar como el mejor golfista amateur del mundo. -No me acuerdo bien de ese día. Pero para mí fue lo mismo. La vida sigue igual. Sí, me llegaron más mensajes de whatsapp, pero me sentía igual -dice.Su hermano Lukas le escribió uno de esos mensajes.-Le escribí "erís número uno Joaco, la cagaste". "Jaja, sí": eso respondió. En esos días estábamos jugando Play y lo llamaron al celular. Me dijo espérame y le puso pausa el partido. Se demoró como 20 minutos y cortó. Le pregunté quién era y dijo nada, una entrevista del Golf Channel. Después seguimos jugando.El Golf Channel es un canal de cable especializado en ese deporte. Tiene más de 79 millones de suscritores en el mundo.Claudio Correa, golfista chileno, coincidió con él a principios de junio, cuando jugó el un torneo para aficionados en México, el que también ganó.-No le cabía el trofeo en la maleta, entonces lo dejó en el hotel. Lo dejó nomás. No sé si es porque no le importa o porque tiene objetivos mucho más altos.Un par de semanas más tarde, Niemann clasificó al US Open. Correa fue su caddie ahí.-Pegó el primer tiro y yo le pregunté, y, ¿estabas nervioso?, y me dijo no. Uno piensa, el primer tiro del US Open con millones viéndote y transmisión en vivo, lo normal es estar nervioso. Parecía como si fuera uno más, como si ya estuviera en ese nivel. Cuando Matías Domínguez o el Toto Gana jugaron el Masters, otro major, me contaban que en el primer tiro les temblaban las manos.En ese torneo, Niemann no pasó el corte. Eso no mermó sus expectativas.-Siento que ya puedo estar ahí. Sé cuál es el nivel y no es ninguna cosa del otro mundo. -¿Los mejores golfistas del mundo no son monstruos?-Son extraordinarios, pero no es ninguna cosa que no se pueda lograr. -¿Hay algún golfista que te parezca inalcanzable?-No hay ninguno al que yo piense que es imposible ganarle. Ni uno.En ese torneo Niemann no solo compitió contra la élite. También se relacionó con ellos. Carlos Rodríguez, el representante de Sergio García, un español que está dentro de los mejores del mundo que ya se había contactado con Niemann, se acercó a él y lo ayudó a entrenar con el mismo García y Rory McIlroy: ambos pertenecientes a la clase de golfistas a que Niemann aspira a llegar. Felipe Bertin, presidente de la Federación Chilena de Golf, vio eso.-Cuando ese tipo de gallos te toman como un par, es porque eres alguien. Ahí Joaquín me dijo este "es mi mundo. Esto es lo que yo quiero". Después vino su actuación en el Greenbrier, los 28 millones de pesos que tuvo que dejar pasar y la posibilidad de cambiar sus planes universitarios.-Nadie nos dijo que todo esto iba a pasar tan rápido. Yo pensaba que iba a ir a la universidad este año, pero lo postergamos y optamos por otra cosa. Cuando le aceptamos la oferta a la universidad, nunca pensamos que iba a ser el uno del mundo. El representante de Sergio García dijo que le iba a conseguir varias invitaciones a torneos profesionales -dice Jorge Niemann.Su entrenador, en cambio, no lo veía tan improbable.-Joaquín es excepcional. Cuando está conectado con su golf puede ganar siempre. No me sorprende el año que ha tenido -explica Miquel. Analistas estadounideneses ya están escribiendo sobre él, sobre lo que podría lograr si se mantiene enfocado.-Al Joaco, que le digan que es un fenómeno, le da lo mismo -dice su amigo, el golfista Tomás Gana-. Al momento de entrar a la cancha se olvida y juega golf. Eso es lo que pasa con él, se olvida de todo. Para él, con las cosas que está jugando, competir a un torneo universitario ahora debe ser como ir a los torneos juveniles que jugábamos antes. Él es humilde, nunca lo va a decir, pero lo siente. -Joaco es el uno amateur y a nivel profesional también puede hacerlo -dice Felipe Aguilar-. Eso es indiscutible. La pregunta del millón es si está listo ahora o en seis meses, o en cuatro años más. Pero hasta que no esté donde las papas queman, hay que tomarlo con calma. Eso es lo que preocupa a su madre. Pamela Zenteno dice que su hijo tiene poca tolerancia a la parte social. Que le cuesta hablar, aunque eso sea lo que más le piden. Pasó esta semana.-Me dijo: "Mamá, no. No es de mala onda, pero te juro que no quiero". Estaba cansado de la cabeza. Nadie le ha enseñado que tiene que ser así. Si tiene 18 años.En el Starbucks de Rosario Norte con Alonso de Córdova, Joaquín Niemann responde lo que, entiende, tiene que decir.-No tengo tantas ganas de ir a la universidad, pero es una etapa que hay que hacer igual.-¿Eso lo dices obligado?-Sí. -¿Qué quieres realmente?-Hacerme profesional y jugar. -¿Y ser el mejor del mundo?-Sí -dice Niemann sin sonreír-, y ser el mejor del mundo.