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¿Será hora de regular internet?

lunes, 17 de julio de 2017


El Mercurio

José M. Piquer
Director de Tecnologías de Información y Comunicaciones
Universidad de Chile

Desde los albores del siglo XXI (a mi me suena increíble hablar del siglo XXI en pasado, ¡no pude resistirlo!), hemos enfrentado presiones de los gobiernos para regular Internet. Desde controlar el contenido hasta los nombres de dominio, muchos gobiernos se han interesado por tener herramientas legales que les permitieran dirigir los destinos de la red.

Por muchos años, yo he militado en el campo de los que nos oponíamos a cualquier regulación, muy particularmente por que Internet es un fenómeno demasiado nuevo, que no conocemos bien, que ha mutado ya varias veces en su forma de funcionar y, más importante aún, en cómo la usan las personas y los dispositivos. En 20 años hemos visto cómo el tráfico pasó de ser mas de la mitad correo electrónico, luego navegación web, para hoy ser video.

Ese argumento sigue siendo cierto, pero el problema es que al mismo tiempo, Internet se nos ha transformado en una infraestructura crítica, sin que nos demos cuenta y sin que nadie lo haya planificado así. Somos tan dependientes de la red, que creo que no podemos continuar negándonos a que el Estado lo tome como un tema país y termine decidiendo lo que ya parece obvio: hay que comenzar a regular Internet.

Yo me asusto de puro escribir esas líneas. Uno siempre imagina un gobierno demasiado entusiasmado y aprovechando de censurar, dirigir los contenidos y, finalmente, matar toda la innovación y desarrollo futuros de la red. Creo que debemos partir con calma y con cuidado, regulando las componentes que entendemos mejor y que han cambiado menos en estos años. Por ejemplo, las redes sociales, las aplicaciones móviles, las tecnologías inalámbricas son un mal candidato para incluir. Yo partiría por los troncales de fibra óptica, los puntos de intercambio de tráfico y los datacenters donde se alojan. Esta infraestructura es la base de todo el sistema. La red física de fibra y sus interconexiones es la columna vertebral de todo lo que usamos, incluso desde el dispositivo móvil, puesto que las antenas se interconectan vía fibra también. Por otro lado, esa parte de la red ha cambiado muy poco en este siglo, la fibra es más o menos la misma, la topología de interconexión entre las redes se conoce hace tiempo, el ruteo se ha mantenido más o menos estable y los estándares de los datacenters también.

Y hay mucho por hacer en ese nivel: definir los estándares mínimos que debe cumplir un punto de intercambio, donde se interconectan los diversos proveedores, asegurar que haya en varias regiones del país, asegurar protocolos de ruteo en caso de emergencias, etc. El 2010, para el terremoto de febrero, fue esta infraestructura la que falló, al haber descuidado estos aspectos.

Por otro lado, creo que el país debiera empujar hacia un ideal en que el ancho de banda disponible debiera ser el mismo en todo el territorio, así como su precio. Distribuir el ancho de banda es una forma de distribuir riqueza, así como regionalizar. Y al mismo tiempo, el Estado debiera definir los trazados de fibra óptica inter-urbanos, de modo de proveer la mayor resiliencia que sea posible frente a desastres.

Creo que las fibras que recorren el país son lo más parecido que hay a las autopistas inter-urbanas. Por ello, creo que es una excelente idea buscar formas de aplicar las mismas lógicas que funcionaron bien para ellas: concesionar trazados para que los privados inviertan, operen esas fibras por un período con condiciones bien definidas, y luego la infraestructura quede en manos del Estado.

Internet ha evolucionado en el mundo en base a la innovación e inversión del sector privado y público. Su infraestructura física en Chile es hoy casi 100% privada. Probablemente ese esquema de desarrollo, donde el Estado ha participado más bien como incentivador y proveedor temprano de servicios, nos ha permitido estar hoy en muy buena posición en el mundo. El liderazgo inicial de las universidades, las fuerzas del mercado más tarde, han desarrollado aceleradamente nuestra red.

Pero hoy ese modelo ya no nos sirve. Sin una regulación clara y bien hecha, nunca tendremos la cobertura equitativa que necesitamos, ni la disponibilidad que requerimos frente a catástrofes. Es hora de comenzar a pensar cómo lo haremos.

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