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Omar Gatica y la luz que actúa desde la naturaleza

sábado, 15 de julio de 2017

Marilú Ortiz de Rozas
Cultura
El Mercurio

En esta muestra, que abre hasta el 29 de julio, el pintor expone 13 óleos abstractos de gran formato, que aluden a su nueva vida en el campo y a sus inquietudes interiores.



Hijo de ferroviario, igual que Pablo Neruda, Omar Gatica (1956) creció al alero de una maestranza en San Bernardo, impregnado de humo, vapor, viajes, pitazos y viento. La madre venía de una salitrera, por lo que su infancia estuvo marcada por atmósferas industriales, pero luego emigraron a Colchagua, y allí el futuro pintor sentiría el flechazo de la naturaleza, a la que ahora ha regresado.

"Vivo desde hace un año y medio en el campo, en Alhué, en el límite de la Región Metropolitana, y esta exposición, 'Luz, materia, atmósfera', nace de esta experiencia, de sus colores, de sus geometrías, de sus tiempos", cuenta este artista que ha sido parte de la generación de los 80, junto a sus compañeros de la Escuela de Arte de la Universidad de Chile.

Revela que, generalmente, pinta al aire libre, apoyando la tela contra un espino, y que muchas veces se queda solo en su campo, conversando con las estrellas; "muy agradecido", agrega. Compone sus obras a partir de su mismo reconocible lenguaje abstracto, hoy más alejado del expresionismo, con el que sugiere estados del ser humano, presencias o fenómenos de la naturaleza.

"Instintivamente, desde joven he tratado de replicar el acto creativo desde la energía de la tierra", escribe Gatica, quien concuerda en cierta forma con Vicente Huidobro, cuando dice que el poeta es un pequeño Dios, sentencia que él traslada al oficio pictórico.

Algunos cuadros tienen atisbos de figuración, como "Acción quirúrgica de la luz", donde lo representado alude a una cabeza, plena de manchas/movimientos. Piensa detenidamente los títulos de sus obras, los concibe en un cuaderno, donde va anotando ideas, cual versos, como buen hijo de ferroviario. "La poesía te libera el espíritu", precisa.

Sobresale también "Liturgia de la luz antigua", una monocromía, donde se pone de relieve la materia, las trabajadas texturas, en grises y blancos. Omar Gatica cuenta que él siempre comienza sus cuadros así, incorporando el color más tarde, lo que en este no sucedió.

Viaje paradójico

En sus obras hay armonía y caos, energías contrapuestas. Tal vez, la desazón del artista, quien, desde la plenitud de la naturaleza, se levanta a las 3:30 de la madrugada para tomar su auto, cruzar un río sin puente, dejar su vehículo en una plaza y, a las 4:45, coger un bus que lo dejará a las 7:30 de la mañana en Estación Central. De ahí se sube al metro y luego toma una micro; "llenos, muy llenos de gente, yo que vengo de la soledad misma". Todo esto, para llegar a las 8:30 a sus clases, ya que sigue ejerciendo la docencia en la Universidad Finis Terrae, una labor que también lo apasiona, en especial por el contacto con los alumnos.

No hace este trayecto todos los días, pero al menos una o dos veces por semana el alma del artista acoge la tensión de esta conjunción de fuerzas paradójicas: la urbe y la ruralidad entresacándose chispas incandescentes, que dejan estelas en sus telas y en su alma.

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