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NUEVA PUBLICACIÓN Su trayectoria como pensador

C. S. LEWIS: El converso más reticente de Inglaterra

domingo, 25 de junio de 2017

ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ
Artes y Letras
El Mercurio

El popular autor de las "Crónicas de Narnia" fue un célebre ensayista, que abordó una serie de problemáticas contemporáneas. El académico Manfred Svensson aborda en su nuevo libro el itinerario intelectual de Lewis, que abarca múltiples facetas, entre ellas la de pensador cristiano o "apóstol de los escépticos".



E n 1947, la revista Time le dedicó su portada a C. S. Lewis. No era un espacio usual para un erudito medievalista y respetado profesor de Oxford, experto en el "Paraíso perdido" de Milton y quien todavía no había escrito las populares "Crónicas de Narnia". Pero algo inesperado había ocurrido en la vida del académico. Ateo confeso en su juventud -sostenía que la fe cristiana era "una mitología entre muchas"-, en 1931 vive un intenso proceso de conversión y se incorpora a la iglesia Anglicana. Años después, durante la II Guerra Mundial se le pidió que realizara, a través de la radio de la BBC, charlas de carácter espiritual para la alicaída población inglesa. Sus palabras tuvieron una profunda llegada en los oyentes, lo que le trajo gran popularidad -su voz fue una de las más conocidas de Gran Bretaña, después de Churchill- y también le acarreó una portada en la revista Time, que lo presentaba bajo el título "C. S. Lewis. Su herejía: el cristianismo". Pero Lewis fue más que un pensador cristiano. Polifacético intelectual con raíces en distintas tradiciones, Clive Staples Lewis abordó en sus obras temáticas morales, políticas y literarias, que atrajeron al profesor de filosofía de la Universidad de los Andes Manfred Svensson, autor de diversas obras en el ámbito de la filosofía y las humanidades. Fruto de su estudio e investigación, aparece ahora el libro "C. S. Lewis, una introducción", que edita el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) y recorre su itinerario como pensador. -El libro no es una biografía, pero de sus páginas emergen hitos de la vida de Lewis con una gran influencia en su trayectoria. "Hay muchos lados interesantes de su vida: intensas amistades, un muy tardío matrimonio o el sufrido proceso de conversión por el que él mismo se consideró 'el converso más reticente de Inglaterra'. Pero al escribir este libro se me volvió particularmente presente la enorme medida en que está enraizado en las crisis europeas de la primera mitad del siglo XX. Recordemos que las 'Crónicas de Narnia' se inician con niños que han dejado Londres por los bombardeos, y que así llegan a la casa de un misterioso profesor. Una parte muy crucial de su obra literaria y ensayística responde de modo directo a este contexto de guerra. Si abrimos los ojos a este sencillo hecho -un trasfondo que comparte con muchos otros escritores, como George Orwell- encontramos un Lewis bastante más político que lo usualmente imaginado". -¿Qué aspectos le parecen atractivos de su pensamiento político? "En primer lugar, que defiende lo que podríamos llamar una 'democracia de hombres caídos', no fundada en expectativas exorbitantes sobre nuestra capacidad, sino en el sobrio reconocimiento de que a nadie se le puede confiar demasiado poder. El segundo punto lo podríamos llamar una democracia superficial: ella es como vestimenta que (muy apropiadamente) cubre el mundo real, un mundo donde hay gente más admirable que otra. Todo esto muestra la conexión de la idea de democracia con preguntas más fundamentales sobre la bondad y maldad humanas, sobre la educación y la admiración ante la superioridad". Su veta romántica -Como pensador, Lewis toma de fuentes clásicas, de la literatura inglesa y de la tradición intelectual cristiana. ¿Cuánto pesa cada acervo? "Habría que enfatizar que de las dos primeras fuentes bebe por formación profesional, de la tercera, por formación personal. Bebe de ellas con igual intensidad, pero a mí me parece muy llamativo su interés por mantenerlas también distinguidas. Esa distinción no proviene del temor a mezclar lo religioso con lo secular, sino del amor por cada tradición con sus características distintivas. Así, por ejemplo, era un firme defensor de un currículum de literatura inglesa que excluía los clásicos de Grecia y Roma". -Su interés en la Edad Media y en los mitos contribuye a configurar la arista de romanticismo en Lewis. Usted señala que "bebió de los románticos, pero de románticos que no desprecian la razón. "Su primera obra llevaba por subtítulo 'una apología alegórica del cristianismo, la razón y el romanticismo', y es un tipo especial de romántico el que logra entrar en ese esquema. Hay ejemplos bien conocidos, como Wordsworth, pero el favorito personal de Lewis -alguien que él ayudó a redescubrir- fue George MacDonald. Lewis apreciaba que en estos autores la emoción volviera a ser central, pero que al mismo tiempo, su reacción contra la Ilustración no fuese la de un simple movimiento pendular. Eso parece importante para la revolución afectiva que nos toca vivir a nosotros". - ¿Esta faceta romántica lo impulsa en su motivación del "reencantamiento del mundo"? "Sí, el concepto de reencantamiento lo uso como una suerte de hilo conductor en el libro, sobre todo para enfatizar que en su obra hay algo más amplio que una renovación religiosa. La secularización es solo un aspecto, por importante que sea, de un más general desencantamiento moderno. Los Inklings (el círculo de Lewis, que incluía a Tolkien) no eran solo escritores religiosos que respondían a un mundo secularizado, sino que respondían a la serie de fenómenos que solemos describir con el término 'desencantamiento'. Así entroncaban de muchos modos con el movimiento romántico". No huir, sino reencantar - La obra "Mero Cristianismo" surge de sus charlas radiales ¿Qué importancia tiene esta obra? "Tal vez no es su obra más profunda -ese título lo podrían pretender 'Una pena observada' entre los ensayos o 'Mientras no tengamos rostro' entre las novelas-. Pero es un gran trabajo de traducción, de doble traducción. Por una parte, está intentando volver a presentar el cristianismo a un público que lo desconoce; y advirtamos que lo desconoce al mismo tiempo que pretende en la guerra estar defendiendo una civilización cristiana. Por otra parte, se trata también de una traducción entre alta y baja cultura. Lo aterraba que acabáramos expuestos a elegir entre el emocionalismo vacío y el lenguaje sofisticado de un clero hipercultivado. De ahí que sintiera tal deber de escribir ad populum". -Al parecer, Lewis fue escogido para estas charlas por su perfil de "apóstol de los escépticos". "Se trataba de un espacio de reflexiones religiosas en la BBC, pero había resultado muy difícil dar con el orador ideal. Y aquí la guerra -durante la cual se le pedía todo tipo de presentaciones para audiencias no académicas- permitió que se descubriera un talento innato de Lewis: su mensaje es robusto, pero se aleja de la verborrea religiosa; es normal sin ser vulgar, enriquece sin ser excéntrico. Pueden parecer virtudes prosaicas, pero han permitido que su obra se mantenga viva para generaciones posteriores". - Hasta Tolkien pensaba que Lewis emigraría al catolicismo, pero se mantuvo como anglicano. ¿Qué rasgos del protestantismo emergen en su reflexión? "Lewis cuenta que precisamente al conocer a Tolkien se vio vencido el prejuicio con el que había sido educado: 'Nunca confíes en un papista'. Pero al mismo tiempo, mantuvo de por vida las típicas objeciones protestantes contra el catolicismo, como las doctrinas marianas o el papado. Aunque como amante de la Edad Media no se le ocurre describir tales doctrinas como un lastre medieval, sino como si fuesen parte de un 'romanismo moderno'. Tal vez en eso solo esté aprovechando de no dejar materia sin lucir algo de su antimodernismo". "Ahora bien, ¿hay, más allá de diferencias en doctrinas específicas, una forma católica de pensar y una forma protestante de hacerlo? Quienes creen eso tienden a caracterizar a Lewis como un autor en realidad muy católico. Pero eso supone que esa disyuntiva sea adecuada, cosa que dudo. La catolicidad de Lewis le viene también de autores protestantes, como el clásico anglicano Richard Hooker. Y si uno reconoce a autores como Hooker no como excepciones, sino como expresiones legítimas y centrales del protestantismo clásico, me parece que desaparece el misterio: no es tan extraño que haya protestantes como Lewis". -Sostiene que sus reflexiones tienen mucho que decir a la sociedad actual. "Sus inquietudes son, en buena medida, las mismas que las nuestras: la educación, la ecología, el lugar de las humanidades, la manipulación. No es que nos vaya a ayudar ampliando el listado de preocupaciones. Lo que sí puede hacer por nosotros es preguntarnos si estamos abiertos al tipo de convicciones necesarias -lo que llama "el Tao"-, para evitar la manipulación. En 'La abolición del hombre', Lewis escribe que la tragicomedia de nuestra situación es que "clamamos por cualidades que tornamos imposibles". - ¿ B u s c a b a L e w i s u n mundo más grande, más luminoso, pero también más incómodo? "Sin duda. Al acabar las 'Crónicas de Narnia', los protagonistas se dirigen 'más arriba y más adentro', hacia una Narnia eterna. En un sentido, eso nos puede parecer platonismo puro, pero entonces tenemos que notar que aquí el 'más arriba' no es 'más afuera', sino "más adentro". Es reencantamiento, no huida del mundo, y el reencantamiento evoca no solo el placer, sino también el costo de una gran aventura. Cuando Tolkien, finalmente, acabó la redacción de 'El señor de los anillos', Lewis (que casi puede ser considerado 'el partero' de la obra de Tolkien) le escribió que 'ninguna novela puede rechazar con más confianza la acusación de escapismo'. Eso se aplica también a la obra de Lewis: la fantasía bien puede ser un camino de intensificación de la realidad".

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