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Un tema para conversar en vísperas del Día del Padre:

Crisis de autoridad en el aula.... y en la vida

sábado, 17 de junio de 2017


Vidactual
El Mercurio

En el último tiempo -de manera cada vez menos soterrada- se escucha hablar a los profesores de colegios y universidades sobre la actitud desafiante de algunos alumnos y de cómo la nociones de mando y jerarquía parecen no caber en sus cabezas. Juan Antonio Muñoz H. *



Basta entrar a YouTube para saber cómo andan las cosas. Hay 13.500 entradas para la frase "maltrato a profesores", y 4.530 para "universitarios y falta de respeto a profesores". La agresión a los docentes en las aulas y fuera de ellas ha ido en aumento y van desde faltas de respeto y tonterías como hacer gestos obscenos a una profesora hasta humillaciones y descalificaciones públicas e incluso agresiones físicas. No por nada muchos han declarado la tarea docente como "profesión de riesgo".

Según datos de la Superintendencia de Educación, en 2016 hubo 177 denuncias de maltrato a docentes y asistentes de la educación repartidos entre "maltrato de alumno a docente" (72) y "maltrato de apoderado a docente" (105).

Hablamos de una generación que parece haberse acostumbrado a tener muchas explicaciones sobre por qué había que hacer tal o cual cosa, pero que no han escuchado ni quieren escuchar un "porque sí" o un "porque yo te lo digo". Un sector que no se formó en la verticalidad, que no cree en la autoridad tradicional y que suele reaccionar de manera temeraria. "Si siento que un profesor me ha insultado, yo lo insulto inmediatamente. No tengo por qué aguantarlo", confiesa un alumno de segundo año de una universidad privada. Cuando se le pregunta qué significa que él sienta que su profesor lo ha insultado, replica: "Bueno, uno lo nota".

La escuela no es el Far West

Eligio Salamanca, director (unidocente) de la escuela rural de Quelhue, escogido como el mejor profesor de Chile por World Teacher Prize, dice que "hay una crisis de autoridad generalizada en la sociedad y creo que lo que ocurre en las escuelas y liceos es solo una prolongación de esta falta de respeto o valoración de la autoridad. Afortunadamente, en aulas rurales aún se mantiene la autoridad del profesor".

Coincide René Sporman, director del Liceo Arturo Alessandri Palma, de Providencia: "En la escuela se replica la crisis valórica que afecta a la autoridad tradicional de los padres, de los maestros y de las instituciones en general".

Los adultos tienen hoy dificultades para asumir un rol jerárquico sobre los adolescentes. Algunos piensan que hay que volver a marcar los límites y que la relación con los jóvenes debe volver a ser asimétrica. El problema es que han sido los padres quienes han favorecido la horizontalidad en las relaciones y muchos, además, transmiten no el valor de la obediencia, sino el de la rebeldía.

Algo difícil de resolver es que las escuelas no parecen estar dispuestas a volverse más estrictas y menos a ser consideradas "expulsivas". Incluso hay establecimientos donde pocas veces se apoya de manera absoluta la capacidad del profesor para decir que no y para sancionar indisciplinas. El sociólogo, periodista y psicólogo argentino Sergio Sinay, autor de los libros "La sociedad de los hijos huérfanos" y de "Elogio de la responsabilidad", dice que "hay una hipocresía total y populismo en los funcionarios públicos sobre este tema. Se toma al joven con la lógica del clientelismo político. Si no hay consecuencias para el que incumple, vamos a vivir como en el Far West ".

René Sporman añade que "esta crisis tiende a profundizarse en establecimientos con mayor vulnerabilidad de su población escolar, aunque el fenómeno está presente en todas las clases sociales. Existen noticias de docentes en las cuales prevalecen relatos que muestran que definitivamente en esos centros casi no es posible trabajar".

Malestar social trasladado al aula

Juan Flores, psicólogo, psicoanalista y director del magíster en Psicoanálisis de la U. Adolfo Ibáñez, piensa que el problema principal es que "la escuela ha girado desde un espacio de producir y no solo de reproducir conocimiento, a un lugar donde se privilegian las funciones de competencia y rendimiento. Estas características transforman la escuela en una suerte de factoría productiva, estableciéndose como propósito central el retorno de una inversión realizada. Es decir, ausencia de relato y sentido de la actividad educativa, predominando los fines vinculados a las rentabilidades esperadas".

"Esto -agrega- ha impactado por supuesto también en los docentes, quienes debieran ser el eje de la función educativa. Ser concebidos como la pieza de un engranaje, con funciones parciales y despojadas de norte ('profesores taxi'), sumado al desmedro económico y pérdida del prestigio social y simbólico de su actividad, ha generado que esta labor sea, en muchos casos, despojada de todo deseo, valor e investidura".

En la actualidad se da una coincidencia con consecuencias que todavía desconocemos. De un lado, un adulto cuyo rol está puesto en entredicho, pues al maestro menospreciado se suma que también se desvanece la figura del padre o de la madre que ejerce su rol a cabalidad. Y de otro, una sociedad que entiende que la única manera de resolver problemas y circunstancias es a través de la agresión, lo que se ve en la forma que adquieren las reivindicaciones sociales, en los problemas del transporte público y hasta en los estadios de fútbol. No hay claridad de cuándo y por qué los colegios y las universidades empezaron a ser la caja de resonancia del malestar social. El hecho es que ninguna figura tradicional de autoridad recibe hoy un respeto irrestricto.

Aun así, René Sporman invita a los profesores a no esperar obediencia y sumisión como en los modelos educativos de antaño y les recuerda "que aún somos figuras significativas para nuestros estudiantes, incluso para el más disruptivo. Recuerde que tal vez es usted la única persona con que cuenta ese estudiante".

"Trabajar de padres"

Claudia Rojas, licenciada en Letras y Educación Media, profesora del colegio Terra Nova, dice que "evidentemente los alumnos no respetan como antes al profesor. Nos está costando hacernos cargo de los jóvenes. Pienso que una de las claves esenciales del trabajo con adolescentes es entender sus problemas". Y da un ejemplo: "Si a un estudiante lo expulsamos de la sala y sale dando un portazo, tenemos que entender que esa acción no es en contra nuestra, porque son adolescentes y como su nombre lo indica, adolecen de muchas capacidades. Descargan su rabia, que viene de otros lados, en ese portazo. Por otra parte, cómo les voy a pedir que me respeten si en sus casas no se respeta a las autoridades del país, por ejemplo; o cuando en el casino se saltan la fila, cómo les voy a enseñar que eso está mal si su padre cuando maneja dobla en segunda o tercera fila...".

Sergio Balardini, psicólogo miembro de Programa para Estudios de Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), valora como positivo que ya no exista la figura de un padre dominante y patriarcal, porque el viejo sistema funcionaba policialmente: "El problema es que abandonamos un modelo de familia, pero no fuimos capaces de construir otro donde exista una figura de autoridad jerárquica y, al mismo tiempo, democrática".

En esa misma línea, Sergio Sinay en su libro "La sociedad de los hijos huérfanos" escribe que "ser padres significa trabajar de padres. De lo contrario somos meros sementales, reproductores (...) Ser padres es, en cambio, convertirse en educadores, rectores, referentes, acompañantes, sostenedores, limitadores, legisladores. Si no estamos dispuestos a aceptar el trabajo parental, podemos derivar esa energía a otros fines que acaso resulten más fecundos para el mundo que habitamos".

Finalmente, Juan Flores pone foco en otro aspecto clave de nuestros tiempos: "En cuanto a los padres, a veces aliados con los hijos, asumen una relación clientelística actuando en ocasiones desde el lugar de poder del financista, en desmedro de la autoridad delegada en el docente. Así entonces, el aprender, que supone la lenta y trabajosa incorporación de los procesos y experiencias vinculadas al aprendizaje, es demolido por la urgencia del aquí y ahora, en línea con una cultura que dificulta la espera y que pone como valor la inmediatez y la gratificación instantánea".

* Con la colaboración de Catalina Larraguibel y Guillermo Tupper.

Hablamos de un sector que no se formó en la verticalidad, que no cree en la autoridad tradicional y que suele reaccionar de manera temeraria.

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