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Los animales salvajes en su hábitat son el nuevo destino que atrae a los turistas

viernes, 19 de mayo de 2017

Andrea Manuschevich
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Nadar con tiburones, observar osos polares, visitar santuarios de elefantes o volar en parapente con aves son actividades que hoy cautivan a viajeros de todo el mundo.



A 43 metros de profundidad, sumergido en las aguas de la isla San Andrés, en Colombia, se encontraba Juan Luis Bacigaluppi (40) cuando vio pasar un tiburón punta negra a dos metros de distancia. Una experiencia que, al igual que él, vivió el resto de los buzos que lo acompañaban. "No pasa nada, nosotros no somos parte de su dieta. Pero igual me dio un poco de miedo", reconoce Juan Luis, quien también ha buceado junto a lobos marinos en Quintay y con tortugas de mar en Tailandia. "Me gusta conocer nuevos animales y observar cómo se comportan en su hábitat natural. Es como meterte en el jardín del vecino", agrega.

Una de las principales reglas del buceo, según explica, es no tocar nada bajo el agua. "Nosotros interceptamos a los animales en su ruta, no los atraemos. Los vemos un rato y después ellos siguen su camino", asevera Juan Luis.

El interés por excursiones que invitan a vivir experiencias con animales salvajes en su hábitat ha crecido fuertemente en los últimos años, según Eduardo Quevedo, director de la carrera de Turismo en Duoc UC. "El auge que han tenido los programas de televisión de animales ha acercado la fauna a las personas", explica.

Si bien hace un tiempo los interesados en este tipo de actividades eran personas ligadas al mundo de la ciencia, actualmente estas atraen a todo tipo de público. "Ahora a todos les está picando el bichito de volverse exploradores", opina Quevedo.

De aves a tiburones

Ante este aumento de interés ha surgido una variada oferta de tours y paseos relacionados con animales. Entre las aventuras más adrenalínicas que ofrecen las agencias de viajes destaca Gansbaai (Sudáfrica), pueblo de pescadores donde los turistas, dentro de una jaula, se sumergen en sus aguas para observar al temido tiburón blanco, que puede llegar a medir 6 metros de largo. Otros optan por quedarse en tierra firme y viajan a Canadá para observar osos polares, o a España, para practicar "parahawking" o parapente con águilas y halcones entrenados.

En febrero, el Elephant Nature Park (Chiang Mai, Tailandia) fue la casa de María Teresa Flores (29) durante una semana. En este santuario de elefantes, donde realizó un voluntariado, los bañó, recogió sus excrementos y los alimentó. "Los turistas que llegan allá, al igual que los cuidadores, son muy respetuosos con los elefantes. No se pueden montar, como sí se hace en otros lugares, ni obligarlos a hacer alguna gracia. Si ellos quieren, se acercan a las personas", afirma María Teresa.

Es que, aunque el contacto con los animales no sea directo, este tipo de actividades igual puede causar un impacto negativo en ellos, advierte Ana Piñeiro, académica de Medicina Veterinaria de la Universidad Andrés Bello. "Hicimos una investigación con la Universidad Autónoma de Madrid, donde estudiamos el comportamiento de los lobos después de ser vigilados por turistas. Efectivamente, estos se mostraban más estresados y tenían cambios en su comportamiento", ejemplifica.

Aunque no existe una certificación internacional que garantice que un determinado lugar o actividad respeta el bienestar animal, el consejo de los especialistas es informarse previamente para no contribuir al maltrato de estas especies.

"Lo primero que recomiendo a los turistas es que estudien la biología de los animales para conocer su comportamiento. Si son especies nocturnas, no vayan a verlos de día, y si ven que tienen crías o están en época de celo, tampoco se acerquen a ellos porque puede ser peligroso", dice Piñeiro.





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