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"Exploradores urbanos":

La guía que inicia a los niños en el naturalismo

miércoles, 17 de mayo de 2017

IÑIGO DÍAZ
Cultura
El Mercurio

Catalina Mekis y Juan Luis Celis observan aves, árboles e insectos que habitan Santiago.



"Se cree que para observar la naturaleza hay que ir al bosque o al desierto, lo que, por supuesto, es verdad. Pero se olvidan de que en la ciudad existe una gran diversidad de habitantes que, por algún motivo, no estamos viendo", dice la ilustradora Catalina Mekis. Junto al ecólogo Juan Luis Celis, es coautora de "Exploradores urbanos", nuevo libro informativo de Santillana Infantil.

Orientado a un público desde los ocho años "hasta edad infinita", funciona como guía de campo para su iniciación en el mundo del naturalismo.

"Existe un ciclo que incluye a árboles, aves e invertebrados, a los que incluimos porque son clave en los polinizadores", dice Mekis. En eso existe además un aspecto anatómico: "Los bichitos están a la altura de un niño. Mientras los pájaros se les escapan, ellos se pueden arrodillar, tomar una lupa y observarlos. Son los animales más abundantes del mundo", anota.

El libro forma parte de una tetralogía temática que incluye el "Abecedario etimológico", "Totalmente humano", y el bien evaluado "Migraciones". "Este año se agregará "Animalario etimológico", adelanta Sofía Améstica, de Santillana Infantil.

En los capítulos de "Exploradores urbanos", Mekis y Celis abordan aves como el cachudito, el chercán, el siempre celoso queltehue, el picaflor chico o la cotorra argentina, además de árboles como el ciruelo, el maitén, o los abundantes pimiento y plátano oriental. Entre los insectos estudian a los chanchitos de tierra, las tijeretas, las babosas o los escarabajos. Cada especie tiene una ilustración, ficha técnica e historia.

El libro tiene un tamaño para llevar en la mochila, más que para tener en la mesa de centro. Y tampoco utiliza terminologías técnicas: "No hablamos de 'una hoja oblicua anquilosada', sino en un lenguaje comprensible para los niños. Si se describe el sonido de un pájaro, podemos decir que 'suena como una puerta que rechina'. Esta es una invitación a ser un naturalista como los primeros exploradores, que debían dibujar lo que estaban observando, pues no existía la fotografía", explica la ilustradora.


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