Nació un miércoles 23 de enero de 1918, en Concepción, Chile, el mayor de siete hermanos. Su padre, Jorge Giacaman Zaror, llegó a Chile desde Belén, Palestina, en 1904, en el primer barco con jóvenes inmigrantes palestinos que, huyendo de la dominación otomano-turca, zarparon desde el puerto de Jaffa hacia Buenos Aires, atravesando la cordillera de los Andes a lomo de burro. Su madre, Ernesta Giacaman, también venía en ese barco. Como inmigrantes, partieron desde cero. Cada verano su padre lo enviaba a la fiesta de San Sebastián en Yumbel, donde vendía tres pañuelos por un peso y dormía cobijándose con sacos que conseguía en el lugar. A los 11 años, ya combinaba sus estudios en los Padres Franceses de Talcahuano -donde ingresó becado- con el trabajo junto a su padre en la fábrica de ladrillos artesanales en Puchacay, Concepción, ayudando a los obreros en la mezcla del barro y la arcilla. Años después, pudieron comprar maquinaria para automatizar la fábrica prensada. Inspirado en su padre y abuelo, quienes participaron en la construcción de fortificaciones para el Ejército británico en Palestina y de la carretera entre Belén y Jerusalem, optó por estudiar Ingeniería Química en la Universidad de Concepción, siendo parte de las primeras generaciones de ingenieros, que egresaron en 1939. Fue profesor ayudante de la cátedra de Metalurgia en la misma casa de estudios y, en el año 1941, ganó una beca de especialización ofrecida por el gobierno de Brasil al Estado de Chile. En 1937, siendo aún un estudiante de Ingeniería, comenzó a emprender junto a su padre, arrendando una cantera en el sector Agua la Gloria, en Concepción, donde, con grandes sacrificios, producían gravilla de roca. Fue en ese entonces cuando logró su primer contrato para la construcción del camino a Bulnes. El terremoto de 1939 intensificó las faenas, trabajando día y noche. En 1949, fruto del esfuerzo y del trabajo realizado, finalmente compraron la cantera de Palomares. Fue el gran impulsor de la Galería Giacaman, inaugurada en 1958 y destacada en la prensa de la época como un valioso aporte al desarrollo urbanístico de Concepción, frente a los Tribunales de Justicia, en la calle Barros Arana, una de las principales arterias del centro de la ciudad. La galería servía como cobijo para los penquistas durante las frecuentes lluvias, idea que pronto fue copiada por otras edificaciones de la zona. Para el desarrollo de la Cantera Giacaman, don Juan Carlos dio prueba de su espíritu innovador trayendo a Chile una de las primeras máquinas retroexcavadoras, que se usó para construir el Canal de Panamá, operándola personalmente, lo que, según él mismo contaba, le habría costado dos hernias. Dos años antes, la intendencia lo designó como integrante del Tribunal Administrativo Provincial de Reclamos de Avalúos, en representación de los mayores contribuyentes de Concepción. En 1960, contrajo matrimonio en Belén, Palestina, con Rita Hazboun Morcos, ante el Patriarca de Jerusalem y con una bendición especial del Papa Juan XXIII. Conoció a Rita durante un viaje de un año a Palestina para intentar rescatar las tierras de sus ancestros. Uno de sus profesores de Ingeniería Metalúrgica, de origen italiano, le había encargado visitar a su hermana monja, quien era superiora del colegio católico del cual ella había recién egresado. De su matrimonio nacieron cinco hijos, todos profesionales de la Universidad de Concepción: Gustavo, Olivia, Roland, Gisela y Valentina, quienes le han regalado once nietos. Designado como Ingeniero Vitalicio por el Colegio de Ingenieros de Chile tras 50 años de trayectoria, fue distinguido a lo largo de su carrera profesional por la Universidad de Concepción, el Colegio de Ingenieros, la Embajada de Palestina, la Municipalidad y la Intendencia de Concepción. Apoyó permanentemente a su amada esposa cuando, en 1984, fue elegida como diputada palestina en el exilio, sintiéndose siempre orgulloso de ella y copartícipe de su lucha por la libertad de su añorada patria. Tras el fallecimiento de su padre en 1976 y como un homenaje póstumo, donó una gran extensión de terreno a la Municipalidad de Concepción, a condición de que la avenida de acceso a la Cantera Giacaman se pasara a llamar avenida Jorge Giacaman Zaror. También apadrinó junto a su esposa la Escuela Pública F-588 que, por decreto municipal, pasó a llamarse "Escuela Palestina de Palomares", siendo además uno de los fundadores del Colegio Chileno Árabe de Concepción. En una entrevista en el Diario El Sur recordaba "aires de libertad indujeron a mi padre a emigrar de su país y con fe en el futuro partir en tierra chilena, donde encontró la segunda patria, que es hoy la nuestra y la de nuestros hijos". Hombre sano y deportista, practicó la natación hasta los 92 años, levantándose cada mañana a las 7:00 horas para abrir los portones de su cantera querida. "Uno es viejo cuando no tiene proyectos y vive solo de los recuerdos", decía. Un martes 25 de abril de 2017, a los 99 años, emprendió un viaje sin regreso desde donde podrá mirar los añorados olivos y naranjos de Belén, Palestina, su ciudad añorada. Se fue en un sueño sereno y tranquilo, bajo el amparo de la Virgen del Carmen, habiendo escuchado su tango favorito de Gardel, Adiós muchachos compañeros de mi vida. La familia