Fondos Mutuos
La conocen por su nombre de pila -la señora Flavia-, porque desde hace cerca de un año acude dos veces por semana al Cementerio N° 3 de Valparaíso. Allí oficia de voluntaria para trabajar en un sector del camposanto donde están quienes ella denomina "los amigos olvidados"; tumbas cuyos familiares no han vuelto a visitar por años. "Poda ramas, saca raíces, barre calles, trapea lápidas. Nosotros le hemos suministrado herramientas y así ella organizó una cuadrilla de trabajo. Es un ejemplo de lo que ocurre con los voluntarios aquí", dice Cristina Guerra, de la Corporación Municipal de Valparaíso (Cormuval), que tiene a su cargo los cementerios del puerto. Son los números 1, 2 y 3. Los dos primeros, de 1825 y 1845, están en el cerro Panteón y son Monumento Nacional. Construido en 1887 en el cerro Playa Ancha, con 86 trabajadores, seis sepultaciones diarias, 16 hectáreas y sin declaratoria, el N° 3 es el más grande. También es el que inyecta recursos a los otros dos. "Se requieren $90 millones mensuales para la mantención de nuestros tres cementerios", anota Guerra. Si Valparaíso ha recibido una tormenta de críticas a pesar de su categoría de Patrimonio de la Humanidad entregada en 2003 por la Unesco, los cementerios aparecen también como parte de ese tesoro histórico puesto en observación. Esta semana, en el Parque Cultural de Valparaíso se realizó el seminario "Cementerios de Valparaíso, patrimonio en emergencia", que por primera vez reunió a todos los actores involucrados con la administración, el cuidado y la proyección de estos espacios. Participaron personeros de los consejos de Cultura y de Monumentos Nacionales, la Cormuval y el departamento Histórico Patrimonial de la municipalidad, historiadores del arte, arquitectos, conservadores, restauradores, académicos y vecinos. "Este seminario fue un momento bisagra para lo que viene. Gran parte de los conflictos que existen es porque nunca habían estado todos en una misma instancia. Para poder intervenir se necesitan todos los vistos buenos", señala María José Larrondo, encargada de Patrimonio de la municipalidad, frente al panorama a la vista producto de terremotos, vandalismo, falta de mantención e incluso clima costero: muros destruidos, robos, rayados en el perímetro, restauraciones realizadas sin método científico, cielos rasos en peligro de derrumbe, vegetación que repercute en las materialidades, sectores clausurados, veredas cerradas. Un auténtico caos. "Pareciera un cementerio que está abandonado, pero no lo está. Diría que la situación es de descoordinación. El grupo de Amigos y Amigas del Cementerio ya está avanzando en una propuesta general para su restauración", dice Larrondo. Guerra, sin embargo, va al centro del problema: "Una restauración es un proyecto millonario. Nos preocupamos de la mantención de los espacios, rejas, cañerías, árboles, patios y calles. Los mausoleos les corresponden a los familiares". Diego Rodríguez, director de Restauración de Duoc UC advierte en esta situación un aspecto positivo: "Para los restauradores un cementerio es un laboratorio completísimo, pues es una mini ciudad: tiene calles, plazas, arquitecturas y esculturas diversas. A la larga, el estado de un cementerio refleja lo que ocurre en la ciudad". Larrondo agrega: "Uno puede ver que estos cementerios se construyeron en la época de esplendor de Valparaíso. Después del terremoto de 1906 y de la creación del Canal de Panamá en 1914, vino la decadencia que vemos hoy". Esa decadencia, sin embargo, no ha repercutido en el estado del Cementerio de Disidentes, que se ubica, curiosamente, entre ambos espacios deteriorados. Creado en 1825 por las colectividades británica, alemana y estadounidense, que no eran católicas (de ahí su nombre), se mantiene en perfectas condiciones. Cuenta con unas 1.400 tumbas en sus 6.000 m2. La mayoría son sepulturas bajas, como los cementerios de barrio de ciudades europeas. "Es un factor que ayuda a que se mantenga mejor", dice Esteban Collins, administrador de este espacio en cuyo punto central se emplaza un memorial dedicado a los inmigrantes. "Lo dirige una corporación sin fines de lucro y se ha creado un compromiso y un sentido de pertenencia entre sus trabajadores. El funcionamiento correcto se logra con fondos bien administrados, que fueron entregados hace mucho tiempo", cierra.