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Una muy necesaria corrección: Hay cuatro millones de pobres en Chile
domingo, 14 de octubre de 2007
Economía y Negocios, El Mercurio

Felipe Larraín
El problema de fondo es que las cifras oficiales de pobreza son excesivamente optimistas y parecen no corresponder a lo que percibe la población. Simplemente, los pobres son muchos más que los de las estadísticas oficiales porque la vara con que se los ha medido, la llamada línea de pobreza, está obsoleta.
La encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN), aplicada entre noviembre y diciembre de 2006 reveló importantes progresos.

De acuerdo a ella, la pobreza cayó desde un 18,7% de la población en 2003 a un 13,7% en 2006, y la indigencia desde 4,7% a 3,2% en el mismo lapso.

Sin embargo, existen fuertes cuestionamientos a las cifras oficiales. El domingo 1º de julio pasado en este diario, el suscrito cuestionó la representatividad de la canasta utilizada para determinar las línea de indigencia y pobreza, y proyectó alternativamente el 26,7% de los chilenos en pobreza.

En ese momento sólo disponíamos de un resumen de los resultados de la Encuesta Casen 2006. Hoy contamos con la Encuesta completa y con ella podemos hacer un cálculo mucho más preciso.

Las cifras reales

El problema de fondo es que las cifras oficiales de pobreza son excesivamente optimistas y parecen no corresponder a lo que percibe la población. Simplemente, los pobres son muchos más que los de las estadísticas oficiales porque la vara con que se los ha medido, la llamada línea de pobreza, está obsoleta.

Para medir la pobreza se usa una canasta de satisfacción de necesidades básicas (CSNB), que se determina a partir de la Encuesta de Presupuestos Familiares. Ésta la realiza el INE y muestra lo que efectivamente consumen los hogares chilenos.

De aquí surge una canasta de alimentos básicos que permiten cumplir con las recomendaciones de organizaciones internacionales de 2.200 calorías diarias (aprox.) por adulto; esta canasta se costea y determina la línea de indigencia.

Luego se amplifica usando un factor (en torno a 2) para determinar el costo de las necesidades básicas no alimenticias (salud, vivienda, vestuario, etc.), lo que define la línea de pobreza.

Finalmente se compara el ingreso de las familias (incluyendo los subsidios monetarios que recibe del Estado) con el costo de estas canastas. Indigente es aquél que no tiene ingreso suficiente para comprar la canasta mínima alimentaria; pobre no indigente es aquél que tiene suficiente ingreso para adquirir la canasta mínima de alimentos, pero no tanto como para satisfacer sus otras necesidades básicas.

Así, para determinar la línea de pobreza resulta clave usar información actualizada de lo que efectivamente consumen los hogares. Y la canasta oficial (en base a la cual se han reportado las cifras de pobreza) fue construida en 1990 utilizando los patrones de gasto de los años 1987-1988.

Posteriormente, en 1996-97 se realizó la Quinta Encuesta de Presupuestos Familiares, que está disponible y con la que se debió haber actualizado la canasta. Pero ello no se hizo, a pesar del compromiso explícito adoptado por Mideplan en 1999.

Ninguna razón resiste el más tímido de los cuestionamientos.

Para responder cuántos pobres hay efectivamente en Chile contamos con el acucioso trabajo desarrollado entre 2001 y 2003 por la Fundación para la Superación de la Pobreza en conjunto con el Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile y la Jefa de Precios del INE, quienes estimaron una nueva canasta de satisfactores básicos con los patrones de gasto observados en la encuesta del año 1996-97. ¿Qué se encontró? En primer lugar, la línea de pobreza 2003, que de acuerdo a las cifras oficiales era de $43.712, pasaba a $66.388. Es decir, la pobreza en 2003, que estaba en 18,7% según cifras oficiales, es de 36,4% con la canasta actualizada. Esto ocurre por dos razones. Primero, porque los pobres (y la población en general) modificaron sus patrones de consumo hacia productos más diversificados y de mejor calidad (por ejemplo, más frutas y verduras, aceite embotellado en vez de aceite suelto). Segundo, porque en 1997 los alimentos representaban una porción menor del gasto total de los pobres; ello hace que el factor de ajuste, en vez de ser 2 (como en la encuesta de 1987) sea de 2.2 usando la encuesta 1996-97, lo que empuja más la línea de pobreza hacia arriba, a partir de la línea de indigencia.

En la columna anterior no podíamos conocer exactamente la incidencia de pobreza al 2006, porque la encuesta CASEN 2006 no estaba disponible. Por ello, supusimos que la reducción proporcional era la misma que indicaban las cifras oficiales; con ello, llegamos a que la pobreza 2006 sería de 26,7% y la indigencia de 6,5%. Sin embargo, una vez que se liberó la encuesta CASEN 2006 en septiembre pasado pudimos hacer el análisis con las cifras efectivas. Al aplicar esta metodología concluimos que el 29% de los chilenos vivía en pobreza en 2006 (en vez del 13,4% oficial), y el 6,2% en indigencia (en vez de 3,2% ). Es decir, poco más de 4 millones y medio de chilenos vive bajo la línea de pobreza; de ellos, un millón son indigentes.

Es cierto que la incidencia de pobreza e indigencia ha disminuido significativamente entre 2003 y 2006, la pobreza en 20% y la indigencia en 35%. La explicación está en el mayor crecimiento económico, la mayor disponibilidad de empleo, especialmente en el último par de años, y los mayores recursos en programas sociales. En efecto, mientras la economía chilena creció entre 2001 y 2003 un promedio de sólo 3,3% anual, entre 2004 y 2006 el crecimiento promedio anual saltó casi 2 puntos. Si tomamos un período más largo, la pobreza se ha reducido desde 45% de la población en 1987 a 39% en 1990 y 29% en 2006.

Sin embargo, usando cifras actualizadas, los niveles de pobreza e indigencia son del orden del doble de los oficiales. Como país y especialmente desde el punto de vista de los pobres, no conviene que vivamos en la quimera de que la pobreza afecta sólo al 13,4% de la población, cuando en realidad es el 29%. Aún con un 29%, Chile está entre los 2 países con menores niveles de pobreza de América Latina, pero la cantidad de compatriotas en situación de pobreza sigue siendo intolerablemente alta.

Una cifra irrealmente optimista le resta importancia en el debate público y probablemente en las políticas públicas. Por eso, reconozcamos los avances, pero usemos las cifras reales. En Chile existen unos 4 millones y medio de pobres que requieren atención urgente.

Los futuros pasos de este nuevo cálculo

¿Hizo llegar el documento a las autoridades?

El cálculo está afinado, pero el documento estará listo la próxima semana y con mucho gusto lo haré llegar a las autoridades. Por deferencia, lo voy a mandar a las autoridades que estén más cercanas a los temas sociales, particularmente a las de Mideplan. Espero que pueda aportar algo.

¿Esto podría ser material de trabajo para Mideplan?

Los cálculos están hechos en base a un trabajo muy profundo que hizo la Fundación para la Superación de la Pobreza con el Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile y la jefa de precios del INE. Ellos hicieron un trabajo que duró cerca de dos años para recalcular la canasta de necesidades básicas en base a la última encuesta de presupuestos familiares disponible, que es la del año 1996-97. Esto está disponible hace al menos un par de años en el documento Umbrales Sociales 2006; yo usé esta metodología actualizada para medir la línea de la pobreza. Siempre en estas cosas puede haber algún grado de debate, pero hay que reconocer que los patrones de consumo han cambiado mucho en los últimos 20 años en Chile.

El próximo año estará lista la sexta encuesta de presupuestos familiares, con lo cual vamos a poder actualizar una vez más la canasta. Lo que definitivamente no corresponde es seguir calculando la pobreza en base a información de 1987.

¿Qué consecuencias tiene su análisis para la lucha contra la pobreza?

Mi crítica a las cifras oficiales no es que estén mal hechas sino que están obsoletas. No cuestiono la metodología de la encuesta Casen sino la línea de pobreza. La línea de pobreza urbana usando la canasta actualizada es de $71.500, cuando la línea oficial es de $47.100; eso ilustra por qué los pobres son muchos más.

Aceptando lo que sale en la encuesta Casen, había hecho el cálculo para el 2003 y proyectado el 2006 suponiendo que la reducción proporcional de pobreza e indigencia era igual que la de los datos oficiales. Ahora que tenemos la información completa de la Casen 2006 podemos hacer un cálculo mucho más preciso, y eso da 29% de pobres el año 2006, poco más del doble que el 13,7% de las cifras oficiales. Eso significa que no son dos millones doscientos mil los pobres en Chile, sino que son cerca de 4,5 millones.

Más que el debate de cuántos son los pobres, lo que me preocupa son las consecuencias, porque yo creo que en la sociedad chilena hemos desarrollado una sensibilidad frente al tema de la pobreza como tema país. Hoy somos más sensibles frente a la pobreza, y queremos luchar contra ella. A mí no me cabe ninguna duda que tanto el gobierno como la oposición y todos los sectores sociales quieren derrotarla. Pero no creamos que estamos virtualmente a las puertas de lograrlo. Tengamos conciencia que el esfuerzo que requerimos es más fuerte porque no son 2 millones los pobres, son más de 4 millones. Esto es muy importante para las políticas públicas, porque si las políticas contra la pobreza se dirigen sólo al 13,7% de menores ingresos, van a dejar fuera más de 2 millones de chilenos que son pobres pero no aparecen como tales en las cifras oficiales.

Ha habido progreso, eso es indudable y es porque la economía ha crecido, porque ha generado empleo, y también porque hay más recursos para los programas sociales. Pero no nos pasemos películas en colores que todavía son en blanco y negro.

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