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Rosny Smarth, ex Premier de Haití y ex militante del Mapu chileno, llegó como embajador de su país:

"Nuestra generación fracasó"

domingo, 19 de marzo de 2017

POR PILAR VERGARA
Reportajes
El Mercurio




Un verdadero personaje es quien nos ha mandado Haití como embajador.

Rosny Smarth -él ha apostado por lo sano, y se quedó con Ronny- pertenece a esa generación de haitianos que se exiliaron durante la larga dictadura de los Duvalier. Los caminos lo trajeron a Chile, a la facultad de Agronomía de la Universidad Católica, en los revueltos años 70. Al recibirse, trabajó en el Indap, con Chonchol, en los gobiernos de Frei y Allende; hasta pasó un tiempo en comisión de servicio por la Cora. Y se sumó al juvenil y revolucionario Mapu... "Yo era muy inquieto" , comenta a modo de explicación, sin ahondar en el tema.

Veintitrés años después de su partida volvería a Haití, convertido en ciudadano del mundo y como parte de la camada de intelectuales y profesionales que se convocaron a regresar para jugárselas por su país. Smarth se convierte en Primer Ministro, que, siguiendo el modelo francés, es el jefe del Gobierno. El Presidente era el recién fallecido René Preval.

Con conmovedora sinceridad, hoy sostiene que "fracasamos". "Nuestra generación fracasó".

Se conforma, en parte, con haber salido del cargo con fama de honesto... "la gente me lo reconoce" .

Afanado en los temas de la migración de ciudadanos haitianos, que lo están obligando a mudar la embajada a una casa más grande -a fines de año calculan que habrán llegado a los 100 mil-, el nuevo embajador se encuentra con su pasado chileno.

Con el cambio copernicano de nuestro país y con sus compañeros de antes.

En esta conversación, Rosny Smarth reflexiona sobre su deprimida patria -el país más pobre del hemisferio occidental, como lo define Wikipedia- a semanas de que las fuerzas militares chilenas dejen Haití después de integrar por más de 12 años las fuerzas de paz de la ONU.

"La cooperación internacional es pragmática"

-Haití tiene hoy un nuevo Presidente , joven, empresario. ¿Qué expectativas hay para esta etapa que comienza?

-Jovenel Moïse es típicamente un outsider . Una persona poco conocida y que no pertenece a la clase política que está muy mal vista. La gente no va a votar. No cree en nosotros, los políticos. Si en las elecciones municipales aquí en Chile votó menos del 40% del electorado, allá en Haití lo hizo el 21%. Pero a mi manera de ver, y pese a todo lo que se ha dicho, aunque las elecciones fueron poco concurridas, sí estuvieron técnicamente bien hechas... esta vez, organizadas por un Consejo Electoral independiente.

-¿Y qué cree usted que este Presidente podría hacer por mejorar las paupérrimas condiciones en Haití?

-Los haitianos son presidencialistas... Pero en un país tan pobre, las demandas son infinitas, entonces aunque él llegó postulado por el partido que tiene mayoría en el Parlamento, igual tendrá fuerte oposición, ya que cada senador apunta hacia su propia región.

-¿Y dónde podría haber esperanzas? ¿En un nuevo trato de la comunidad internacional?

-No creo mucho en la cooperación internacional. Es una cooperación maniatada. Y si bien está bajo el título de hacer de Haití un país democrático, en la realidad no se toman medidas para eso. Apoyan al país con un sentido pragmático, que hace que el objetivo o la estrategia democrática no existe.

-¿Cuál es ese sentido pragmático?

-Haití tiene que estar en la escena internacional, mostrando el perfil de un país tranquilito, pero no necesariamente que va por el camino democrático. Si solo el 21% de los haitianos fueron a votar, a la comunidad internacional eso le importó un bledo. El asunto es que haya un Presidente.

"Mi sello fue la honestidad, y punto"

-¿Cómo recuerda sus tiempos de "Premier"?

-Yo volví a Haití a la caída de Duvalier, a fines del 86, principios del 87. Venía de México, de trabajar allá en la ONU, el gobierno y la universidad. La capa de profesionales, intelectuales, regresamos con la idea de poder cambiar el curso de la historia. Ahí conocí a Preval y a Aristide, que era "un capo". Al caer Aristide, se forma el partido "Organización del Pueblo en Lucha" - "un nombre un poco pasado" -, que logra mayoría en las dos cámaras en las elecciones de 1995. Eso forzaba a Preval a poner un Primer Ministro de nuestro partido, y me eligió a mí.

-Por lo que he leído, usted llegó con una línea modernizadora y privatizadora...

-Mi sello básico fue la honestidad, y punto. Contra la corrupción.

-A los dos años lo echaron...

-No; yo renuncié cuando una de las cámaras me interpeló. Los grupos más de izquierda querían una política mas socialista, y la política que seguimos con el Presidente Preval era, en parte, ser consecuentes con el acuerdo económico firmado en París con el Banco Mundial, el FMI, la Unión Europea. Intentamos poner un sello modernizador en términos del funcionamiento del Estado, nos opusimos a rellenar el Estado de gente por clientelismo. Pero la verdad es que a mí me interpelaron, porque muchos diputados querían apoyo para arreglar cosas personales...

-Y en esa lucha por la honestidad, ¿tuvo éxito?

-No; yo no diría que tuve éxito. Yo solo digo que quedó esa imagen.

-¿Pero logró algo?

-No, desgraciadamente no. Eso no significa que en Haití no haya mucha gente muy seria y honesta.

-Modernización, tampoco...

-Nuestra meta era crear un ambiente propicio para el desarrollo, incluso para el sector privado. Estábamos convencidos de que debía haber inversiones en Haití; que había que crear un marco macroeconómico y político que diera estabilidad para que la gente invirtiera. No tuvimos éxito, pero dejamos una lección de gente responsable, que no estaba en el gobierno por agarrar dinero. Actualmente hay muchos ministros muy correctos, pero la corrupción no se ha corregido, ni se han dado las condiciones para que vuelva la inversión. Espero que Jovenel Moïse pueda avanzar, pero tiene que hacerlo teniendo presente que la desigualdad en Haití no da para más. El país está por reventar; es en medio de esa realidad que se dan los migrantes que vienen a Chile...

"Sería fabuloso... ayuda para el desarrollo"

-Nuestro país ha anunciado que en abril retira las tropas de la Misión de Paz en Haití. ¿Qué le ha parecido?

-Chile es una parte del contingente de las fuerzas militares en el Norte de Haití. Si sale Chile y se necesita más, la ONU verá si entra otro país. La Minustah no tiene un plazo, por lo tanto ellos verán qué hacen. Si, como algunos han dicho, Chile transformara la ayuda militar en ayuda para el desarrollo, sería fabuloso, pero no creo que tenga recursos suficientes.

-¿Son imprescindibles las fuerzas de paz?

-A mí no me parece, pero no puedo decir que no sigan. La situación política en este momento es delicada. La Minustah y la ONU vigilan para la mantención del orden. Y lo que no les puede pasar a gobiernos como el de EE.UU. o Francia es tener un fracaso en Haití. Tienen que mantener la apariencia, aunque muchas veces es engañosa.

"Al único negro que conocían era a Pelé"

A sus 76, Rosny Smarth había decidido retirarse al campo que fue de su padre en el sur del país, en Cavaillon, un lugar que describe con fascinación, cerca del mar y de un río, tupido de árboles. De ahí no pensaba moverse, "casi separado de la política, dedicado al hobby agrícola" de los mangos y los cítricos.

Cuenta que su sorpresa fue mayor cuando recibió el telefonazo del Ministerio de Relaciones Exteriores, y en Puerto Príncipe le ofrecen la misión diplomática en Chile. "El chorro de amistades" que dejó acá en sus años juveniles lo decidió. Y para su fortuna, los ha reencontrado... Entusiasmado me cuenta que para este mes se organiza una comida de curso.

-¿Cómo recuerda sus años en la UC? Usted debe haber sido un pájaro un poco raro...

-Yo llegué aquí porque mi hermano cura había conocido en Roma a unos sacerdotes chilenos, y en la UC me dieron media beca. Conmigo llegaron a Agronomía un nicaragüense, un costarricense y un guatemalteco. El problema es que abdicaron, y solo yo seguí.

"Pero al único negro que conocían en Chile era a Pelé" , comenta, riendo, porque esa condición justamente le dio popularidad entre las niñas.

-¿Cuándo se incorpora al Mapu y por qué?

-Yo era un hombre inquieto, y todavía los soy; pero siempre muy independiente ideológicamente.

-Y para el golpe del 73, ¿dónde estaba?

-Justamente había ido a Estados Unidos a ver a mi familia, de manera que no me tocó. Al cabo de un tiempo opté por irme a México.

-Su familia, entonces, es de las que lograron trasladarse a EE.UU.

-Eso es desde muy antiguo. Mi padre, mis hermanos, mis sobrinos han hecho la vida allá.

"El haitiano es un amante de la vida"

-Y ahora le toca a usted acá manejar la delicada situación de los migrantes haitianos que llegan a Chile.

-Y yo supongo que van a seguir llegando. Según la PDI, llegarán a 100 mil a fin de año. Allá, con 70% de cesantía y con los desastres naturales, no hay salida. Pero déjeme decirle que el haitiano es amante de la vida; no se deprime, busca la vida.

-Si al comienzo a los haitianos los acogían muy bien en los barrios populares donde han llegado a vivir, ahora a los vecinos chilenos les ha comenzado a molestar la avalancha.

-No creo que lo pasen mal, porque si así fuera, terminarían de venir. Todo es relativo. Aquí encuentran trabajo y un marco laboral respetuoso. Incluso cuando no encuentran trabajo, tienen cuidado médico, los niños van a las escuelas en las comunas. Pero resulta que también los chilenos están con un problema demográfico; la mano de obra ya comienza a escasear, y en 20 años van a ser muchos más los viejos. Los chilenos suelen ser un poco racistas, no me vengan a mí con cuentos. Pero en general yo siento que los haitianos son queridos: buena gente, buenos trabajadores, muy pocos delincuentes.

-Qué difícil pensar en mejorar un país si su gente solo quiere partir y dejarlo; para usted la disyuntiva no ha de ser fácil.

-Yo, como haitiano, les encuentro toda la razón de que vengan para acá, y trato de facilitárselo. Las condiciones de pobreza allá son muy graves. Yo trato de abrirles las puertas para que salgan.

-¿Qué tendría que pasar -qué milagro- para sacar a su país de la tragedia?

-Lo primero siempre es estabilidad política. Si la gente no cree en nada, ni en el trabajo ni en el gobierno ni en el Parlamento, entonces no hay una confianza mínima, y no puede haber desarrollo. Fue el país más turístico del Caribe, hasta que subió Duvalier, y se acabó el turismo. Pero cuando cayó, tampoco pudimos instaurar una era de paz política como para que el turismo volviera.

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