Dólar Obs: $ 978,07 | 1,29% IPSA -0,25%
Fondos Mutuos
UF: 37.192,63
IPC: 0,40%
Los vecinos incómodos de

Torres del Paine

sábado, 04 de marzo de 2017

por ANDREW CHERNIN, DESDE PUERTO NATALES, Y ALE CATALINA FERNÁnDEZ
Reportaje
El Mercurio

El CDE demandó a los Kusanovic por ocupación ilegal en el Parque Nacional Torres del Paine.



Liliana Kusanovic Marusic, sentada en un sofá de su hotel, con las Torres del Paine a sus espaldas, dice que se enteró por la prensa. Que el jueves 23 de febrero, a través de La Segunda, supo que el Consejo de Defensa del Estado (CDE) iba a demandarla por ocupación ilegal de terrenos fiscales en el Parque Nacional donde su familia construyó un negocio turístico hace 25 años, dentro de las 4.400 hectáreas que le pertenecen. Pero Liliana Kusanovic, 61 años, constructora civil, exintendenta de Magallanes en el gobierno de Sebastián Piñera y líder del clan familiar que controla el Hotel Las Torres y los campings y refugios de la empresa Fantástico Sur, esa noticia no la altera porque la entiende dentro del contexto propio de la geografía de ese lugar.

-El Paine te exige tres veces más que en cualquier otro lugar -dice-. Es como la montaña: dramático. Como ves la montaña, así es el negocio. Entonces, tienes que ser fuerte. Todo en el Paine es difícil.

No es primera vez que la familia tiene problemas por ser los únicos privados con terrenos dentro del parque. De hecho, contabilizan unas ocho demandas previas, de las que no perdieron ninguna. Pero esta era la primera en la cual el CDE se hacía parte. Según ese organismo, que se excusó de hablar sobre el tema con "Sábado", la ocupación ilegal habría comenzado en 2013 cuando los Kusanovic y sus socios de la empresa Ecolodge se ubicaron, fuera de sus límites, en el sector de la playa El Francés.

Según distintas fuentes consultadas, la respuesta sobre la cantidad de terreno que los Kusanovic podrían ceder es compleja. Ambas partes están de acuerdo en que la familia posee 4.400 hectáreas. Por lo que si los límites cambian y la zona en disputa pasa al fisco, los Kusanovic igual deben mantener la misma cantidad de hectáreas que tenían. Lo importante ahí son las inversiones que el clan ha hecho y que podrían perder: construyeron domos e instalaciones de servicio y alimentación para turistas, además de un muelle en el lago Nordenskjöld y un camino para llegar a estos lugares.

El Ministerio de Bienes Nacionales no quiso participar de este reportaje, pero una fuente de esa repartición dijo que una hectárea en Torres del Paine tiene "un costo incalculable, y sería necesario un estudio de varios meses para determinarlo".
Pero hay un antecedente que ayuda a entender el precio de la tierra que está en juego: una hectárea en el sector turístico de Puerto Bories -entre Puerto Natales y el Paine- cuesta alrededor de 200 millones de pesos. Así, los límites de la tierra que el fisco y los Kusanovic disputan no pueden costar menos que eso.
-Es horrible que nos tilden de colonos ilegales -dice Liliana Kusanovic-. El asunto es que yo no tengo problema de límites. Ese terreno es mío y vamos a defendernos en la justicia. Nosotros no hemos corrido ni un milímetro el cerco, desde que mi padre lo compró en 1979. Estamos en nuestro territorio.

Colonos hoteleros
Los Kusanovic llegaron desde la isla croata de Brac, en la costas del mar Adriático. Ahí se dedicaban a cultivar la uva y a trabajar en las canteras. Pero una peste a fines del siglo XIX arrasó con la agricultura y, por eso, muchos croatas tuvieron que escapar. Antonio Kusanovic Jersic hizo exactamente eso. Tenía 15 años y siguió el impulso de muchos de sus compatriotas que llegaron a Punta Arenas buscando oro. Él, sin embargo, encontró otra cosa cuando llegó en 1905: un trabajo como ayudante en una carnicería.
Por eso la familia enfatiza la épica del hombre que llegó sin nada y que en solo seis años ya había sido capaz de levantar su propio emprendimiento: una carnicería que llevaba su apellido.

Buscando dónde tener a los animales que necesitaba, arrendó un campo al fisco en la estancia Cerro Negro, a 186 kilómetros de Punta Arenas. Poco a poco, su negocio fue evolucionando a la ganadería y la carnicería la tomó otro de sus hermanos que llegó a Chile.

Antonio Kusanovic se casó tres veces, antes de morir en 1962. La segunda vez fue con la croata Josefina Senkovic, quien murió en 1926 durante el parto de su único hijo hombre, a quien llamó igual que él. Antonio Kusanovic Senkovic fue quien continuó el negocio ganadero. Según la familia, las dificultades económicas de los primeros años pasaron al olvido con la Segunda Guerra Mundial. Ese conflicto, dicen, disparó el precio de la lana y con eso la fortuna de los Kusanovic cambió. Pudieron comprar la estancia en Cerro Negro y tres pisos en un edificio en Viña del Mar que también nombraron con su apellido. Kusanovic Senkovic se casó con Amor Marusic y tuvieron cuatro hijos: Liliana, Mauricio, José Antonio y Vesna. Ellos crecieron en Punta Arenas, pero los fines de semana iban a la estancia en Cerro Negro.

-Nunca hicimos mucho turismo -explica Liliana Kusanovic-. En la ganadería hay que trabajar mucho en el verano, entonces a veranear no íbamos a ninguna parte. Se veraneaba en la estancia. Además, en Magallanes no existía el turismo. Cuando veías que llegaba gente de afuera, decías: "Mira, se visten distinto, qué raro". Era una sociedad muy cerrada.

Lo que sí hacían era armar paseos al Paine. Una vez, dice Liliana, fueron y su padre le entró a pedir leche al dueño. Ahí conoció a Juan Radic Dobronic, el dueño de la estancia Cerro Paine desde 1964, año en que se la compró al fisco por 41.810 escudos.

Más tarde, la zona comenzó a perfilarse como un destino para escaladores. En 1959 se creó como parque; en 1968, Manuel Suárez y un socio arrendaron un terreno al fisco para establecer la hostería Pehoé; y en 1977, Conaf instaló los límites definitivos de su territorio. Por eso, Juan Radic pensó que lo iban a expropiar. Sin hijos interesados en continuar con su estancia, buscó a un comprador.  

-Yo conocí a Antonio Kusanovic -recuerda hoy Manuel Suárez, de 93 años-. Él decía que hacía mucho tiempo que Juan Radic lo estaba cargoseando para que le comprara su estancia. Hasta que se encontraron en Santiago. Radic se la había ofrecido cien veces, le decía que no se iba a arrepentir. Hasta que, en Santiago, Kusanovic aceptó. Él me contó que la compró por 200 millones de pesos.

El terreno de 4.400 hectáreas se vendió en febrero de 1979. Antonio Kusanovic lo compró a través de sus dos hijos: Juan Antonio y Mauricio.

En ese terreno siguió desarrollando la ganadería, hasta que vio que cada vez aparecían más escaladores y excursionistas pidiéndole comida y alojamiento. Su hija Liliana explica que eso, al principio, lo enfermaba. Que recién en 1986 aceptó hacer una suerte de camping que administraba uno de sus hermanos. Ahí, dice Manuel Suárez, su mirada cambió.

-Antonio Kusanovic me dijo: "¿Ves esa llanura? Ahí tengo 800 vacas". Él me contaba que las miraba, que les hablaba, y las vacas nunca le hablaron de vuelta. Kusanovic me dijo que se estaba embruteciendo. Que cuando empezaron a llegar los primeros turistas, conversaban con él y eso le gustó. De repente, me dijo: "Me di cuenta de que con eso empecé a ganar plata".
En 1992, Antonio Kusanovic abrió la hostería Las Torres. Lo hizo como una forma de salir de los apuros económicos que le generaba la ganadería. Entonces, dice su hija, comenzaron las peleas.

-Cuando mi papá quiso hacer el hotel, le dijeron que tenía que cambiar el uso de suelo. Pero le pusieron problemas. La seremi de Agricultura no se lo quería dar. Mi papá estuvo complicado porque no lo dejaban abrir el hotel y llegaban pasajeros. Fue angustioso. Vino gente del SAG y no lo dejaban abrir, porque no tenía el permiso y el permiso no aparecía. Su abogado le dijo que eso era ilegal y ganaron. Así partió, con esa tensión.

Esa fue la primera de todas las polémicas. Las siguieron otras por asuntos como no pedir permisos para cortar árboles, caminos y, en general, un choque prolongado entre la familia y Conaf porque los primeros buscaban desarrollar el turismo y los segundos la conservación del parque. Conaf, contactado por "Sábado", también se excusó de participar en este reportaje.

-El resumen -explica Manuel Suárez- es que nunca ha habido una buena relación entre la familia Kusanovic y el Estado.
Guetos turísticos

Después de completar un MBA en Texas, Liliana Kusanovic tomó el negocio hotelero de su padre, que falleció en 1997. Sus hijos y sus sobrinos crecieron dentro de la estancia, aprendiendo el negocio. Josian y Liliana Yaksic, los dos primeros hijos de ella, como habían pasado sus primeros años en Estados Unidos, trabajaron como guías bilingües cuando no tenían más de 14 años. Mauricio Kusanovic Olate, sobrino de Liliana, a esa misma edad, entraba a las carpas cobrando la estadía y alternaba como botones en el hotel.

Tanto Josian Yaksic (35) como Mauricio Kusanovic Olate (33) crecieron para ser parte del clan turístico. El primero es presidente del directorio del grupo familiar y el segundo director ejecutivo. Ambos, junto a Antonio Kusanovic Olate, gerente general del centro de bienvenida de la estancia, son parte de la tercera generación de la familia: la que definitivamente sacó la ganadería del Paine en 2012.

-Sacamos a las vacas porque aquí teníamos otro proyecto: hacer un parque natural privado. Entonces, que nos cuestionen casi como okupas, que hemos tomado ilegalmente un terreno, es como para decir: "Miren lo que estamos haciendo". Porque nosotros podríamos estar haciendo cualquier cosa. Esto es un terreno privado -dice Mauricio Kusanovic.

El mismo director ejecutivo del grupo, a través de todos sus servicios, estima que atienden a casi 80 mil de los 250 mil personas que entran anualmente al parque. En una entrevista que dio en 2009, Liliana Kusanovic explicó que su negocio generaba ingresos por dos mil millones de pesos anuales.

En la provincia de Última Esperanza, de donde viene parte de los 400 trabajadores del negocio familiar, no todos los ven con esa cercanía.

-No tienen un rol gravitante en la región. Es un grupo más, de mediano a pequeño tamaño comparado con otros empresarios de Magallanes. Es un grupo familiar que tiene una empresa -dice el diputado DC de la región Juan Enrique Morano.

Otros políticos de la zona, como el alcalde de Puerto Natales, Fernando Paredes (UDI) y Roberto Cárdenas, el independiente que dirige el municipio de Torres del Paine, no quisieron opinar sobre el papel de los Kusanovic en el turismo. Prefirieron no entrar en la disputa. El diputado Gabriel Boric, en cambio, toma distancia con la familia: "Conaf no posee las facultades ni recursos para afrontar correctamente el problema y las empresas privadas están lucrando con el patrimonio natural de todos los chilenos, excluyendo a pequeños operadores locales. Está última temporada, como supuesta solución a la sobrecarga de turistas, los privados impusieron sus reglas para vender reservas solo si se les compraban paquetes completos a ellos a precios altísimos".
El clan familiar se había mantenido relativamente ajeno a la política partidista hasta 2010.

En marzo de ese año, Sebastián Piñera nombró como intendenta a Liliana Kusanovic. Pero las protestas en Magallanes por el anuncio del gobierno de aumentar el precio del gas precipitaron su renuncia en abril de 2011. Sus críticos le reprocharon que ella defendiera el alza.

El episodio no contribuyó a que los natalinos la miraran con confianza. Menos aún que fuera la representante de un gobierno de derecha en una región que mayoritariamente vota por la izquierda. Lo que la salvó, cree el operador turístico Hernán Jofré, fue la capacidad de generar trabajos a tarvés de sus empresas

-El natalino los mira con respeto y envidia. Respeto porque dan trabajo a 400 personas: en el hotel, los refugios o los campings. Y también los miran con envidia porque a mucha gente le gustaría estar en esa posición de tener un lugar en Torres del Paine.

Entre los trabajadores de Torres del Paine, los Kusanovic han ido sumando algunos detractores. Juan Oyarzún, vocero del Comité de Defensa de Torres del Paine, sindicato de porteadores, logísticos de montaña, pequeños empresarios y guías, dice: "Los conozco hace tiempo. Al comienzo armaron un modelo de negocios que era bastante local y de trabajo armónico con el resto de la comunidad, microempresarios o trabajadores locales, pero eso se perdió hace muchos años. Hoy lo que vemos nosotros es el manejo como de un supermercado gigante. Ellos han logrado monopolizar el turismo, la investigación científica y las fundaciones de protección del parque, increíblemente con ayuda del Estado, porque es este el que le ha dado las herramientas y recursos a través de AMA, una fundación medioambiental que está a su alero y un centro de estudios científicos cuaternarios, del cual extrañamente la directora es Liliana Kusanovic", señala.

La forma en que se ha desarrollado el turismo es un tema sensible para algunos natalinos. El sociólogo local Ramón Arriagada dice que partió como un negocio de sobrevivencia. En 1978, cuando muchos natalinos perdieron sus trabajos en las minas de carbón, sus mujeres abrieron residenciales y pensiones para recibir a viajeros y aportar al presupuesto familiar. Algo que dista mucho de lo que sucede hoy, comenta Arriagada.

-Hoy el Parque Nacional Torres del Paine tiene como visitantes a grupos de turistas, traídos por empresas gestoras desde Europa y Estados Unidos. Los tours pasan por Puerto Natales en dirección a los guetos turísticos instalados por los grandes hoteles. En este sentido, las acciones del CDE contra la familia Kusanovic le interesa a muy pocas personas aquí. No hay un sentido de pertenencia del natalino por el Paine.

-En esta provincia los límites son complicados -dice el operador turístico Hernán Jofré-. Cuando se alambraron los terrenos, no había GPS ni Google Earth. Dicho eso, no creo que los Kusanovic sean tan tontos de estar invirtiendo la cantidad de millones que han invertido si no saben dónde tienen puestos los pies. Pero tampoco creo que el CDE tire demandas si no está seguro de lo que está haciendo.

La ocupación
Mauricio Kusanovic está sobre un cerro verde, que tiene a sus espaldas las torres, junto a Sebastián Gómez, gerente de Ecocamp, la empresa turística socia de los Kusanovic que funciona desde hace 16 años. Ambos están demandados por el CDE. Gómez tiene sus 33 domos fuera de los límites, según el fisco, y los Kusanovic, bajo el mismo criterio, tendrían de forma irregular las casas del personal, los refugios y campings Francés y Central, y el centro de bienvenida, que inauguraron en octubre del año pasado, pero que partieron levantando hace dos años.

-El centro se construye con el objetivo de ordenarnos. La estancia se estaba convirtiendo en estacionamiento de autos. Estaba lleno. Casi hasta arriba del cerro. Entonces hicimos esta recepción de 700 metros cuadrados donde dejas el auto, hay mapas, baños, una cafetería y una tienda outdoor. Además, puedes hacer reservas para los campings y refugios si es que no tienes -explica Mauricio Kusanovic.

En un comunicado de la semana pasada, la ministra de Bienes Nacionales, Nivia Palma, dijo que era inaceptable que particulares lucraran con propiedad de todos chilenos y no paguen nada al Estado por ello.

-¿Por qué nos dieron permiso para construir si era parque nacional? -cuestiona Liliana Kusanovic-. Nosotros pedimos permisos, el cambio de uso de suelo. En 1995 construimos el refugio Central. Fue el primero. ¿Por qué me dieron el cambio de uso de suelo y permiso si estábamos en terreno ilegal?

Todo, cree la exintendenta, tiene que ver con esta tierra. Con lo dramática que es.

-Es desgastante, pero lo veo más como un tema de Paine y sus dificultades. Es como una tormenta de nieve, una inandación, un ventarrón, otro incendio. Es una catástrofe de ese estilo. Pero no hemos movido ni un centímetro los límites. Este territorio es nuestro.

 Imprimir Noticia  Enviar Noticia