Fondos Mutuos
Dieter Linneberg se niega a hablar en pasado, porque sigue considerándose un deportista. "Por la emergencia de los incendios tuve que postergar un viaje a Europa. Iba a Austria a ver a mis dos hijas, que están entrenando, porque seguimos la tradición familiar. Todos mis cuatro hijos son esquiadores y el de tres años es un crack . Mi abuelo y mi padre eran austríacos y comenzamos desde muy pequeños, por lo que tenemos claro que el esquí se lleva en la sangre", cuenta. El representante en Chile del SuperTanker apareció constantemente en los medios en las últimas semanas, anunciando el itinerario de vuelo del avión que llevó agua y esperanza a las localidades amenazadas por los incendios. Su nombre se hizo conocido, pero muchos ignoran que fue representante chileno en los Juegos Olímpicos de Sarajevo 1984 y Calgary 1988. "Empecé a competir a los 15 años, en el mundial de slalom, y nos mantuvimos una década en la alta competencia con mi hermano Niels. Era como la Fórmula 1, con torneos en Estados Unidos, Europa y Japón. Desgraciadamente, tuve una fractura de fémur y rodilla en Calgary, lo que me dejó inactivo más de un año, pero fui también al preolímpico de Albertville 1992 y como técnico de mi hermano, a Lillehammer 1994", recuerda. Se define como un competidor "de mucho esfuerzo y constancia. No era fácil en esos años, con muchas peleas con los dirigentes, en una época que era aún más oscura que ahora. Nosotros pudimos competir gracias a la empresa privada y a nuestros padres, porque además había poca cobertura. Fuimos los únicos dos chilenos que hicimos el descenso de Kitzbuehel (considerado el más difícil del mundo) durante mucho tiempo. Y lo que más recuerdo era la adrenalina, la sensación de competencia". "Esa vida nos sirvió mucho. Era dura, pero sirvió para abrirnos al mundo, para aprender idiomas, para hacer contactos y relaciones. A mí, en lo personal, me permitió ampliar las fronteras, estudiar un Master en Bruselas (Bélgica) y para entender que el deporte sirve para toda la vida", enfatiza. -¿Y es verdad que era tan apasionado que una vez se peleó con un entrenador? "Jaja. No. Carlos Font se llamaba. No, fue un incidente menor, en Calgary, que a estas alturas no vale la pena ni recordar. Ni mencionar siquiera. Yo respeto mucho a quienes compitieron conmigo, sobre todo a Paulo Oppliger, que hizo una gran carrera financiado por Suiza, porque tenía doble nacionalidad. Pero lo importante fue que hicimos mucho por el esquí, con muy poco apoyo y ayuda cero". Su pasión hoy es el surf, donde persigue las olas piloteando su avión a Pichilemu o al norte. "Me gustan las olas grandes", dice orgulloso y apurado para cerrar el diálogo. La tripulación del SuperTanker está llegando, sin sospechar el pasado olímpico del hombre que los representa.