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A pesar de que todo el mundo valora a un buen jefe, quiere un clima laboral armónico y anhela alguna posibilidad de ascenso, el verdadero motor potente en el trabajo es el dinero y el prestigio social que se obtiene con él.
Un estudio que la Universidad de Chicago realizó sobre una base de 27.587 ciudadanos activos, procedentes de diez categorías salariales diferentes y comprendido entre 1972 y 2006, echa luces sobre los factores motivadores en el trabajo: existe una relación directa y excluyente entre el grado de satisfacción laboral que las personas declaran y las remuneraciones que reciben.
¿Y qué hay con los intangibles como clima laboral, calidad de los jefes y demás? Hasta ahora, sólo elucubraciones.
Cifras para empezar
El trabajo que coordinó Tom W. Smith, director de la Sociedad General de Encuestas en el Centro Nacional de Opinión de esa universidad revela tres elementos críticos: los más satisfechos son aquellos trabajadores con mayores ingresos; los ciudadanos de raza negra y los hispanos son los más infelices -lo que se atribuye al grado de prestigio de los oficios que suelen realizar-, y el nivel de satisfacción es mayor entre los trabajadores con más de 65 años, pues a esa edad se sienten privilegiados, simplemente, de poder seguir trabajando.
Sólo el 40% de los afroamericanos y de los hispanos se declararon conformes, cifra que contrasta con el 53% que se presenta entre los trabajadores de origen caucásico.
Para el director de la firma InterTrust, Andrés Montero, los resultados de ese estudio son consistentes con el mayor desarraigo que experimentan las personas respecto del trabajo que realizan.
"Qué peso pueden tener el clima, la misión y todas esas cosas intangibles si los mismos jefes están buscando la oportunidad de irse y las empresas cambian de dueño a cada rato", dice.
Al desaparecer el sentido de pertenencia -sigue-las empresas no pueden ofrecer otra cosa que no sea dinero, y, segundo, proyección. Si a eso agregamos los nuevos hábitos de consumo de la gente, sobre todo de los jóvenes de los segmentos emergentes, podemos intuir perfectamente cuáles son los motivadores más potentes.
De hecho, el estudio también revela que los jóvenes son los más insatisfechos con su trabajo. El 71% de las personas de la tercera edad se declaran satisfechas, cifra que cae a 42% entre los menores de 29 años.
En la misma línea, el socio de Southmark, Francisco García, coincide en que el dinero se convierte en un factor crítico cuando las personas sienten que están peor pagadas que su grupo de referencia: "La plata siempre ha pesado, pero no es lo único. La proyección también es valorada".
Menos drástico es el socio de Stratos Executive Search, José Fernández, quien está convencido de que hay empresas que ejercen un potente atractivo sobre la gente, incluso pagando por debajo del mercado. "La gente no trabaja sólo por plata; la gente trabaja para buscar desafíos, para aprender, para realizarse e interactuar con grupos desafiantes. ¿Por qué para LAN es tan fácil conseguir gente, aunque no sea de las mejores pagadoras? El tipo que trabajó en una empresa de esa naturaleza tiene una valoración de mercado que es mayor. Ese intangible lo ofrecen pocos".