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Última publicación de la autora Francine Prose:

Peggy Guggenheim, la heroína del arte moderno

martes, 17 de enero de 2017

Maite Manzanares
Cultura
El Mercurio

"Peggy Guggenheim. El escándalo de la modernidad" (Turner) es la última biografía de esta coleccionista que revolucionó el mundo artístico del siglo XX.



Una de las primeras veces que estuvo frente a un cuadro de Jackson Pollock, Peggy Guggenheim le comentó a su amigo, el artista Piet Mondrian: "Bastante horrible, ¿verdad? Eso no es pintura". A lo que él, luego de unos minutos de contemplación en silencio, respondió: "Pues no lo sé, Peggy. Me da la sensación de que este puede ser el cuadro más emocionante que he visto en mucho tiempo". A pesar de su opinión, Peggy Guggenheim (1898-1979) confió en Mondrian y terminó siendo la mecenas de Pollock, figura destacada del expresionismo abstracto, y el descubrimiento más importante de la reconocida coleccionista de arte moderno.

Todo esto y más se revela en "Peggy Guggenheim. El escándalo de la modernidad" (Turner, 2016, $19.980) -ya en librerías chilenas-. Es de la autora Francine Prose, una de las más prestigiosas escritoras e investigadoras de nuestra época, conocida por sus biografías de grandes personajes, como Caravaggio y Anna Frank. En él, la autora revela detalles importantes de la vida y obra de la coleccionista, por ejemplo, que "Duchamp fue quien le enseñó todo lo que sabía sobre arte moderno", y que en vísperas de la invasión alemana a París, Peggy le preguntó a los encargados del Louvre si podían cederle un espacio para esconder y proteger sus obras, pero los directores del museo dijeron que "eran demasiado modernas como para que les mereciese la pena salvarlas". Ya para entonces tenía obras de Kandinsky, Klee, Picabia, Miró, Dalí, Giacometti y Brancusi, entre otros artistas.

A pesar del lujo, la vida de Peggy Guggenheim no fue fácil. Desde chica sufrió de trastornos nerviosos: hubo un tiempo en que se obsesionó por recoger cerillas quemadas en el suelo, por ejemplo. Se casó tres veces, y todas fueron relaciones que la hacían sentirse incluso más insegura de lo que era. También le tocó vivir muertes cercanas: su padre falleció en el Titanic, en 1912, y su hija, de sobredosis, 12 años antes que ella.

Guggenheim conoció -y amó- a los grandes artistas de su época y siempre presumió de haber tenido cientos de amantes. También fue una gran lectora: era una apasionada de Proust y de Henry James. Cuando era una veinteañera, ya había viajado por toda Europa y se había leído los libros del crítico de arte Bernard Berenson, cuyos escritos le sirvieron para valorar el arte de su época.

Recién a los 39 años abrió su primera galería de arte, Guggenheim Jeune, en Londres, inaugurada con una exposición de Kandinsky. La obra "Concha y cabeza" (1933), de Jean Arp, fue la primera que compró para su colección personal, la que estuvo integrada principalmente por obras surrealistas y abstractas. Luego, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Peggy se propuso comprar una obra de arte al día. En 1942 abrió el espacio "Art of this Century", en Nueva York. Finalmente, en 1949 compró el Palazzo Venier dei Leoni, en el Gran Canal de Venecia, donde vivió los últimos 30 años de su vida. En este espacio se encuentra actualmente gran parte de la colección de la mujer que decía: "No soy una coleccionista, soy un museo".

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